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Iconos de la moda: Jean Patou, el peletero que apostó por el deporte y la liberación femenina

  • Patou nació en la capital francesa en el seno de una familia de curtidores
  • Aprendió el oficio de peletero de la mano de su tío
  • Elaboró el vestuario de la tenista Suzanne Lenglen en 1920
Jean Patou.
Madrid

Jean-Alexandre Patou (París, 1887 - París, 1936), conocido como Jean Patou, nació en la capital francesa en el seno de una familia de curtidores. Su padre trabajada como curtidor de gamuzas para artículos de lujo y su madre se dedicaba a las tareas del hogar. Tras haber estado alistado en el ejército, el diseñador se empezó a interesar por el mundo de la moda, y se formó como peletero de la mano de su tío, que le enseñó la profesión.

Con tan solo 23 años, Patou crea su propia firma de alta costura en París, pero fracasó al poco tiempo por dificultades financieras. Tan solo dos años más tarde, en 1912, el diseñador abre la Maison Parry, un pequeño salón de costura situado en los Campos Elíseos de París, que causaba cierto revuelo entre la sociedad del momento debido a sus diseños innovadores alejados de las tendencias. Un año más tarde, un famoso comprador norteamericano visita su firma y regresa a América con la colección completa de Patou, lo que supone la consolidación de su marca y su expansión por el mercado internacional.

Gracias al éxito que le proporcionaron las clases altas norteamericanas, en 1914 el diseñador parisino decide ampliar su negocio y traslada su maison a un elegante edificio del siglo XVIII, ubicado cerca de la Plaza de la Concordia de París. Su firma pasaría a llamarse Jean Patou & Cie, y cuando está a punto de presentar la primera colección, tiene que cesar su actividad debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, en la que participa como capitán de un regimiento de zuavos. Hasta 1919, fecha en la que regresa a la ciudad tras la guerra, no relanza de nuevo su negocio de moda, pero esta vez lo hace con una perspectiva diferente, pues las vivencias en el frente le otorgan una nueva manera de ver las relaciones humanas.

Así, Patou empieza a fomentar el espíritu del trabajo en equipo y la idea del negocio familiar, con su hermana y su cuñado como parte activa de su firma. La amistad que tenía con el excampeón de tenis Raymond Barbas (y también cuñado) le hizo abrir sus miras hacia el mundo del deporte, elaborando el uniforme de Suzanne Lenglen para el campeonato de Wimbledon en 1922, así como diferentes líneas deportivas. Un vestuario avanzado a su época que resultó del todo impactante, pues la deportista dejaba a un lado las faldas largas y pesadas, corsés y sombreros y aparecía en la pista con una falda plisada de algodón blanco, una blusa sin mangas y una diadema elástica de color naranja. Es decir, toda una revolución en aquellos tiempos.

De esta manera, el diseñador parisino comenzó a postularse al lado de las mujeres y de su independencia, elaborando un vestuario más desenfadado y desquitado de ataduras. Pues, ya en el siglo XX, comenzaba un fuerte movimiento femenino en el que las mujeres comenzaron a romper las normas de vestuario establecidas y a luchar por su incorporación en el mundo laboral.

En 1923 el cuñado de Patou creó una división en la empresa dedicada a la perfumería que obtuvo mucho éxito gracias al lanzamiento de fragancias como Amour-amour, Que sais-je? y Adieu, dedicadas respectivamente a las mujeres rubias, morenas y pelirrojas. Y en 1925 llegaba su época dorada con la apertura de una tienda en Montecarlo, cuando comenzó a vender también albornoces y trajes de baño a medida en los balnearios más lujosos de Deauville, Cannes y Biarritz. En 1936, con tan solo 48 años, Jean Patou murió en su apartamento de Georges V.

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