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Así arrebató Patek Philippe a Rolex el honor de fabricar el reloj más caro del mundo

  • En 2019, su modelo 'Grandmaster Chime' se subastó por 28 millones de euros
  • De este modo, logró arrebatarle a Rolex la autoría del reloj más caro del mundo
  • Desde 1932, la familia Stern dirige los destinos de la firma
El reloj más caro jamás vendido
Madrid

Decir que el tiempo es oro resulta ya un tópico inaceptable para hablar de un reloj… tal vez con la excepción de 'este' reloj. El pasado noviembre, durante la celebración en Ginebra (Suiza) de la puja Only Watch -la subasta filantrópica más lujosa del mundo-, se alcanzó un récord histórico que escapó de lejos a las mejores previsiones. Cuando se tuvo noticia de que la casa relojera Patek Philippe –nombre sinónimo de lujo, tradición y elegancia en el sector- iba a donar un modelo exclusivo para la subasta, los especialistas auguraron que se llegarían a pagar hasta 3,4 millones de euros; aquella pieza iba a ser, decían, la "joya de la corona".

El reloj en cuestión, bautizado Grandmaster Chime, fue creado expresamente por Patek Philippe para esta gala benéfica bienal, organizada con objetivo de recaudar fondos para investigar la distrofia muscular de Duchenne. En su esfera lleva grabada la frase The only one, porque realmente es algo único: solo el dial y el Calibre 300 GS tardaron 100.000 horas en construirse. Y su caja reversible de 47.7mm contiene dos diales gemelos: uno en la parte delantera y otro en la parte posterior; uno negro y otro de oro rosa de 18 quilates. Al final, The only one, con sus veinte complicaciones, terminó alcanzando en la subasta casi 28 millones de euros.

Según explicaban desde la propia casa relojera, tan sorprendida como el resto ante el precio pagado, "la pieza se revalorizó en una sala llena de postores acostumbrados a pagar decenas de millones por una obra de arte". De este modo, el Patek Philippe daba un paso más allá del taller relojero para alzarse a la categoría artística, arrebatándole a Rolex, además, la autoría del reloj más caro del mundo.

Aquella sorprendente velada otoñal supuso sin duda una nueva reafirmación no solo de la indiscutible calidad y exclusividad de los relojes de Patek Philippe, sino también de su intachable reputación como empresa que no ha dejado nunca de ser fiel a una serie de principios básicos.

Cada uno de los representantes de los Stern, familia que dirige la manufactura desde 1932, ha honrado y seguido esos principios a imagen de su predecesor. En los pasados años 80, Philippe Stern llegaba incluso a definir un decálogo empresarial con diez valores fundacionales: independencia, tradición, innovación, calidad y oficio, exclusividad, valor, estética, servicio, emoción y legado.

Pero la historia de Patek Philippe comienza antes de la entrada en juego de los Stern. Se remonta a mediados del siglo XVIII, en los días en los que Polonia se encontraba bajo la dominación rusa, y la represión tras la rebelión de 1830 llevó a muchos polacos a buscar una nueva vida en Europa Occidental. Uno de ellos era Antoni Norbert Patek, nacido en 1812 y que llegó a Ginebra como Antoine de Patek.

Philippe Stern, cuarta generación al frente de la firma.

Allí, guiado por su pasión por la relojería, se introdujo en el mundo de los relojes de bolsillo de alto valor. El extremo cuidado con el que trataba cada uno de sus productos le llevó a ganarse rápidamente una selecta clientela. El éxito del proyecto hizo que se asociara en 1839 con el relojero Francois Czapek y fundara la empresa Patek, Czapek & Cie, aunque Czapek se retiraría seis años después.

Por aquellos días ya se escuchaba hablar de Jean-Adrien Philippe, un joven hijo de relojero, nacido en Francia en 1815, que con sólo 21 años había creado una fábrica que manufacturaba componentes para los movimientos. Fue una de sus innovaciones, la puesta en hora sin llave, la que en 1844 le llevó a conocer en París a Antoine Norbert de Patek. No les hizo falta mucho más que su pasión compartida para que decidieran asociarse. El joven Philipe pasó a formar parte primero de Patek & Cie, hasta que en 1851 crearon Patek Philippe con la firme ambición de ofrecer los mejores relojes del mundo.

Sin embargo, el proyecto que arrancó de forma tan prometedora se truncó con la crisis económica de 1929, que Patek Philippe fue incapaz de afrontar. Por suerte, en 1932 acudieron al rescate los hermanos Charles y Jean Stern, propietarios de la Fábrica de Esferas Stern Frères, proveedora exclusiva para los modelos Patek Philippe. Los Stern reflotaron la empresa aportando su capital, convirtiéndose con ello en los accionistas mayoritarios.

Piezas históricas de Patek Philippe Museum.

Los nombres de Patek Philippe y de la familia Stern quedaron de este modo unidos para siempre. Henri, hijo de Charles, que había seguido una formación de grabador y joyero, entró en la empresa en 1935, a los 24 años. Allí se ocupó de la administración comercial hasta 1937, cuando puso rumbo a Nueva York para organizar las oficinas. Lo que iban a ser tres meses de trabajo intenso se convirtió en un una estancia de veinte años en los que Patek Philippe pasó a ser conocida como una de las marcas más exclusivas del momento.

Los numerosos viajes por todo el mundo que Henri Stern realizó en los años siguientes sirvieron no sólo para afianzar una importante agenda de detallistas y clientes, sino también para consolidar el futuro de la firma con una total independencia financiera y tecnológica. Su entrega total al negocio familiar alcanzó el reconocimiento lógico cuando, en 1958, heredó el cargo de presidente y director general de Patek Philippe, sillón que ocupó hasta 1993.

A lo largo de todos esos años, Henri Stern pudo observar cómo su hijo Philippe se formaba en el seno de la empresa como él había hecho en su juventud, primero en Nueva York, visitando a los clientes y detallistas del país, y más adelante en la propia manufactura, aprendiendo en primera persona el funcionamiento de cada departamento (abastecimiento, administración, contabilidad y actividades comerciales). Así fue como, tras ocupar desde 1977 el cargo de administrador delegado de Patek Philippe, recogió en 1992 la presidencia de la firma de manos de su padre, quien hoy se mantiene en el consejo de administración como presidente honorario.

Los años de Philippe Stern al frente de la empresa han estado trufados de iniciativas que no han hecho más que reforzar la excelente reputación de la misma en el universo relojero. A ello sin duda ha ayudado la agrupación en la manufactura de Plan-les-Ouates (al suroeste de Ginebra) de todas las actividades que antes se repartían por diversas zonas de la ciudad, una decisión que ha permitido a Patek Philippe controlar con mayor detalle el diseño, la fabricación y el ensamblado de sus relojes.

Manufactura de la marca en Plan-les-Ouates (al suroeste de Ginebra)

Además, haciendo honor a la pasión familiar, Philippe Stern inauguró en 2001, en el Patek Philippe Museum, una de las colecciones privadas de relojes, autómatas y esmaltes más importantes del mundo, así como una biblioteca consagrada a la relojería.

La cuarta generació Stern al frente de Patek Philippe llegó con Thierry, el hijo de Philippe, quien siguiendo la tradición familiar se formó en todos y cada uno de los aspectos relacionados con el negocio. Presente en la firma desde 1990, ocupó el cargo de responsable de la División Création Patek Philippe de 1999 a 2004, cuando se convirtió en vicepresidente de la compañía, puesto que dejaría en 2009 para suceder a su padre como presidente. Como cada Stern en su momento, también Thierry ha marcado un nuevo horizonte para la marca, abriendo por ejemplo la empresa a las nuevas tecnologías de la información.

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ramon majem
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extraordinario articulo sobre relojes

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#1