Salud

Una primavera con calor y polen afecta especialmente a las pieles sensibles

  • Son mucho más frecuentes las dermatitis
  • El tratamiento depende del tipo de patología
Una mujer de espaldas

La primavera es una época especialmente crítica para las personas que tienen las pieles sensibles ya que, según apunta la responsable de la Unidad de Dermatitis Atópica del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada y miembro del Colegio Ibero-Latinoamericano de Dermatología (CILAD), la doctora Trinidad Montero, la mayor exposición a las radiaciones solares y a factores irritativos como el polen convierte su primavera en "un viacrucis de rojeces y picor" para las personas con este tipo de pieles.

"En primavera lo que ocurre, principalmente, es que las personas se encuentran más expuestas al exterior. Hay más horas de sol, la gente sale más, lleva menos ropa y se agravan esas enfermedades cutáneas más sensibles a la radiación ultravioleta, como puede ser el lupus o la rosácea. Además, en primavera también florecen las plantas y son más frecuentes las dermatitis de contacto alérgicas e incluso irritativas por culpa del polen. Y, por si esto fuera poco, al estar la piel más expuesta al sol, también aumentan las picaduras de insectos", explica la doctora Montero.

De este modo, cuanto más tiempo de exposición al sol -una hora más a partir del domingo 31-, más complicaciones para las enfermedades que se ven agravadas por sus radiaciones. Además, todos aquellos que tienen la piel más sensible -por ejemplo, por una dermatitis atópica que ya tiene alterada la función de barrera de su piel- también van a sufrir hipersensibilidad ante ese polen y ante ese ambiente que favorece el desarrollo de enfermedades alérgicas.

"El cambio de hora hace que estemos más expuestos a la radiación ultravioleta. Pero lo determinante son esas condiciones que aparecen con el cambio de temperatura y que facilitan la aparición de lesiones relacionadas con el sol, como quemaduras, hiperpigmentación de la piel e, incluso, picaduras de insectos", afirma la doctora.

Además, en las ciudades, en las que debido a la contaminación hay mayor prevalencia de esa dermatitis de contacto alérgica, la tormenta puede llegar a ser aún más fuerte que en las zonas rurales en las que, paradójicamente, florecen más plantas. "El polen va a favorecer el desarrollo de esas dermatitis de contacto alérgica en la gente que está sensibilizada y a alentar la aparición de lesiones también en zonas de piel más sensibles, como los párpados y las regiones periorificiales [alrededor de la boca, ojos y nariz] con rojeces y sensación de picor y quemazón", explica la especialista.

Una primera medida para evitar estos efectos sería protegerse del sol, utilizando cremas solares y cubriendo el cuerpo con ropa, gorra o sombrero, e incluso unas gafas de sol, que podrían hacer de barrera para evitar el contacto con alérgenos, especialmente los párpados, que son una zona muy sensible, recomienda Montero, que también considera prioritario consultar a un especialista.

En cuanto al tratamiento, "pues dependerá del tipo de patología". Si el paciente tiene una lesión de base, como puede ser un lupus o una rosácea, lo más indicado sería protegerle del sol para evitar que empeore y luego ya, dependiendo de la patología de la que se trate, pues ponerle un tratamiento adecuado", concluye la dermatóloga.

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