Salud

La novedosa fórmula de la vacuna del Covid gana el Nobel de Medicina

  • Katalin Karikó y Drew Weissman se alzan con el premio de la academia sueca por la investigación durante décadas que culminó con la solución a la pandemia

La presente década comenzó con la peor pandemia que ha asolado al mundo en más de cien años. Para combatirla, la ciencia puso al servicio del ser humano la técnica más novedosa en el área de la profilaxis: la tecnología del ARNm. Ambos hitos se dieron la mano ayer para prestigiar a los dos soldados que desde las trincheras pusieron la investigación básica necesaria para vencer al Covid al servicios de las grandes farmacéuticas. Katalin Karikó y Drew Weissman son los Premios Nobel de Medicina de 2023, donde la mayor ironía de este galardón puede estar en que ha tardado más la deliberación de un jurado que el desarrollo de la vacuna.

A través de sus descubrimientos innovadores, ambos científicos han cambiado fundamentalmente la comprensión de cómo interactúa el ARNm con el sistema inmunológico. "Los galardonados contribuyeron a la tasa sin precedentes de desarrollo de vacunas durante una de las mayores amenazas a la salud humana en los tiempos modernos", según explica como justificación al premio la histórica academia sueca.

Pero más allá del reconocimiento mundial que han recibido, la historia de la vacuna contra el Covid que desarrollaron tanto Pfizer/BionTech como Moderna guarda en sus páginas un giro del destino propio de una película de Hitchcock. La ya Nobel Karikó pasó de héroe a villana en una encrucijada empresarial que enfrenta a las farmacéuticas americanas.

Para aprehender esta historia se necesitan varias dosis de incredulidad, algunas gotas de surrealismo y, todo ello, bien marinado con varias cucharadas de ironía. El prólogo de este cuento se remonta a los años 90. Fue entonces cuando una investigadora húngara (Katalin Karikó) comenzó a desarrollar la idea de que con el ARN mensajero se podían desarrollar vacunas o tratamientos para curar enfermedades. Como con muchas ideas innovadoras, sus comienzos fueron muy difíciles y no encontraba ni el apoyo ni la financiación de nadie.

Pasó el tiempo, con más pena que gloria, hasta que a mediados de la primera década del siglo tuvo la oportunidad de poner sus conocimientos al servicio de la búsqueda de una vacuna contra el VIH. Se alió con un investigador (Drew Weissman) que venía del equipo de Anthony Fauci, quien años después sería el responsable de la Casa Blanca a la hora de dirigir los desarrollos de vacunas en EEUU, entre ellas la de Moderna. Fue en aquella investigación cuando se descubrió que haciendo una pequeña modificación al ARN se conseguía generar protección y se evitaba el rechazo del cuerpo.

Tras estos comienzos, se llega a la parte más crítica de la historia, que desemboca en una de las demandas con más repercusión de la historia farmacéutica. El trabajo realizado fue patentado por Karikó y Weissman pero la Universidad donde trabajaban (Pensilvania) decidió cedérsela a una pequeña compañía llamada Cellsript. Unos años después, en 2010, un grupo de investigadores americanos compró las patentes y fundó una empresa que se llamaba Moderna (acrónimo de Mode-RNA, es decir, RNA modificado).

Este fue el nacimiento de una empresa prácticamente desconocida para el gran público hasta la pandemia del coronavirus. Desde 2010 comenzaron a trabajar sobre las patentes adquiridas y algunos años después, Moderna fue la primera empresa que llevó a ensayos clínicos con humanos el ARN mensajero.

Sin embargo, al tiempo que avanzaban en esta compañía, otra farmacéutica alemana llamada BioNTech también se hizo con otras de las patentes de los dos investigadores protagonistas del descubrimiento. Es más, los teutones ficharon a Karikó y llegó a ser vicepresidenta de la empresa.

Y aquí es donde se comienza a fraguar la madre de todas las guerras judiciales entre farmacéuticas. Ambas empresas prosiguieron sus investigaciones, buscando diversas aplicaciones médicas al ARN mensajero. Se piensa que, además de valer para diversas vacunas, puede estar detrás de una cura contra el cáncer.

Regresando al Premio Nobel, no es la primera vez que las vacunas son premiadas por la academia sueca. En 1951, Max Theiler recibió el Premio Nobel de Medicina por desarrollar la vacuna contra la fiebre amarilla. Además, gracias a los avances de la biología molecular en las últimas décadas, se han desarrollado vacunas basadas en componentes virales individuales, en lugar de virus completos. Partes del código genético viral, que generalmente codifican proteínas que se encuentran en la superficie del virus, se utilizan para producir proteínas que estimulan la formación de anticuerpos bloqueadores del virus.

Algunos ejemplos son las vacunas contra el virus de la hepatitis B y el virus del papiloma humano, pero también algunas contra el coronavirus.

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