Salud Bienestar

Qué es el ahogamiento seco en niños: mucho cuidado en playas y piscinas cuando el menor está bajo el agua

  • Sus síntomas puedes aparecer incluso pasadas varias horas
iStock

El ahogamiento en seco es una condición inusual pero grave. Puede ocurrir al inhalar una pequeña cantidad de agua, generalmente durante actividades acuáticas. Pero a diferencia del ahogamiento tradicional, en el que el agua llena los pulmones, en el ahogamiento en seco el agua provoca una reacción de espasmo en las vías respiratorias, lo que puede cerrar las cuerdas vocales y dificultar la respiración. Además, este tipo de ahogamiento puede manifestarse hasta 24 horas después de haber estado en contacto con el agua, de ahí su potencial peligro.

El ahogamiento en seco puede producirse en cualquier lugar donde haya una fuente de agua, como piscinas, playas, lagos, ríos o incluso en la bañera de casa. Ocurre cuando se inhala una pequeña cantidad de agua, lo que provoca un reflejo de espasmo en la laringe. Este espasmo cierra las vías respiratorias superiores, impidiendo que el aire entre en los pulmones, lo que puede llevar a una falta de oxígeno en el cuerpo.

Esta condición puede afectar a personas de todas las edades, aunque es más común en niños pequeños. Las razones son varias: los niños no siempre reconocen los peligros del agua y pueden inhalar agua accidentalmente mientras juegan, tienen vías respiratorias más pequeñas y, por lo tanto, son más susceptibles a los bloqueos causados por espasmos, y pueden no ser capaces de describir claramente lo que sienten, lo que puede retrasar el reconocimiento del problema. Esta última razón hace que reconocer los síntomas sea vital a la hora de evitar sustos y accidentes.

Síntomas del ahogamiento en seco

Los síntomas del ahogamiento en seco pueden no ser evidentes de inmediato y pueden aparecer varias horas después del incidente. Los más comunes son:

  • Dificultad para respirar (respiración rápida, superficial o cansada).
  • Tos persistente.
  • Dolor en el pecho.
  • Fatiga.
  • Cambios en el comportamiento (irritabilidad, confusión, somnolencia o disminución de la energía).

Si se detecta, el tratamiento médico suele consistir en la suministración de oxígeno y la monitorización del paciente. También, se suele comprobar que no existan daños pulmonares u otras complicaciones, conllevando en el peor de los casos la hospitalización y el tratamiento especializado.

En cualquier caso, el mejor remedio es la prevención. Para ello, conviene supervisar a los niños mientras están en el agua, enseñarles a nadar y a no tragar o inhalar agua o equipar a los niños con manguitos o flotadores en caso de que sea necesario. También es conveniente aprender a realizar reanimación cardiopulmonar en caso de emergencias.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud