Retail - Consumo

Manuel Pimentel: "El precio de los alimentos va a seguir subiendo porque las normas limitan y encarecen la producción"

  • "La PAC se ha convertido en un artefacto burocrático ininteligible para la inmensa mayoría de los agricultores"
  • "Uno de los temas más delicados y peligrosos es decir a la gente lo que debe comer o no por criterios éticos "
  • "Si solo nos dejamos guiar por los valores, que son hermosos, al final vamos a tener una alimentación solo para ricos"
Manuel Pimentel cacaba de publicar el libro 'La venganza del campo". Fotografía: Fernando Ruso
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Manuel Pimentel, editor, doctor en Derecho, ingeniero agrónomo y ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales acaba de publicar 'La venganza del campo', en el que alerta del imparable crecimiento del precio de los alimentos por el progresivo desmantelamiento de los sistemas tradicionales de producción agroganadera.

Algunos le consideran como una de las voces más provocadoras en defensa de la agricultura. ¿Está de acuerdo con esa descripción?

La que es provocadora es la situación porque jugar con las cosas de comer tiene ciertos riesgos como estamos viendo. Yo solo soy el mensajero.

¿Por qué este libro y porque se titula 'La Venganza del campo'?

La venganza del campo es un concepto que empecé a acuñar hace ya tiempo cuando empecé a comprender, y aquí no hay ni buenos ni malos, que la sociedad había olvidado la importancia de la alimentación, que no la tenía en cuenta ni le preocupaba. Eso conllevó un abandono de la actividad agraria y al final acuñé ese concepto con reminiscencias bíblicas porque hay una cosa muy obvia y muy entendible, pero muy contundente: si no se producen alimentos al final tienes que a pasar hambre. Descárguese aquí gratis la revista elEconomistaAgro

¿Ha sido siempre así o es un fenómeno nuevo o que se ha agravado en los últimos tiempos?

Es un fenómeno que nace en paralelo a la globalización. A principios de los 90 se inicia este proceso y los alimentos fueron bajando progresivamente de precio para llegar a su mínimo histórico entre 2000 y 2020. Jamás en la historia de la Humanidad los alimentos habían sido tan baratos y habían supuesto tan poco esfuerzo para la economía de la familia. En un contexto en el que la alimentación es barata, abundante y por tanto deja de preocupar, la PAC nos dice que sobran alimentos, se suman los nuevos valores sociales como sostenibilidad y naturaleza y cuando la gente quiere salir al campo a pasear le gusta lo bonito y le molestan los tractores, los invernaderos, las granjas que impiden esa visión ideal que la sociedad ha hecho del campo. Ahora de repente vemos cómo los precios suben porque las producciones han bajado, porque la globalización se está desmantelando y porque el riesgo geopolítico encarece el transporte. Tenemos un cóctel perfecto que va a hacer que los precios de los alimentos suban, que es la venganza del campo.

¿Y ese desprecio es también a nivel político?

Es un fenómeno occidental especialmente europeo. Es la propia sociedad en subconsciente colectivo la que va adoptando estos valores. Los políticos recogen el sentir de la sociedad y por eso la mayoría de las normas que se están aprobando normalmente significan o limitación o encarecimiento de la producción.

El PSOE ha reeditado su pacto con Sumar. ¿se intensificarán las tensiones entre el Gobierno y el sector agrario de la pasada legislatura?

Prefiero no entrar en un tema partidista. Lo que creo es que de continuar la tendencia social que se percibe en toda Europa todavía las condiciones de producción se van a endurecer más gobierne quien gobierne.

Falta de rentabilidad, presión de ecologistas y animalistas, tensiones geopolíticas… ¿Estamos ante la tormenta perfecta en el campo?

La tormenta perfecta es para el precio de los alimentos, que van a seguir encareciéndose. Esto va a hacer que algunos sectores agrícolas puedan beneficiarse. Pero ¿qué está pasando en la agricultura? Que los costes han subido más que los ingresos, la actividad está cuestionada permanentemente, carece de prestigio social, los agricultores no están reconocidos y encima moralmente son apuntados como enemigos del medio ambiente o maltratadores de los animales, el artefacto burocrático que le está cayendo encima cada vez suma más complicaciones y encarece la producción. Por eso se siguen abandonando cultivos, campos y la gente joven sigue sin tomar el relevo de la actividad porque ya no le atrae por rentabilidad y prestigio.

Europa pide producir más con menos recursos ¿es eso posible garantizando la rentabilidad?

Sería posible hacer muchas cosas y esto de hecho tiene solución, pero hasta que no nos apriete mucho la venganza del campo la sociedad no será consciente de lo importante que es producir alimentos. Tenemos una PAC cuya preocupación no es la alimentación ni la garantía alimentaria, sino que responde a la preocupación de la sociedad de garantizar cada día más la sostenibilidad, el medio ambiente, que está muy bien. Pero no hay ni un solo guiño a garantizar la producción y en ese sentido la PAC se ha convertido en un artefacto burocrático que resulta ininteligible para la inmensa mayoría de los agricultores.

"Agricultores y ganaderos son señalados como enemigos del medio ambiente o maltratadores de los animales"

Los agricultores se quejan de la doble vara de medir en las exigencias a sus producciones y a las que vienen de fuera. ¿Está jugando el sector una partida en el que las cartas están marcadas?

Yo soy partidario de los mercados abiertos y creo que la ruptura de la globalización nos va a castigar a todos. Pero dicho eso todos tenemos que tener las mismas reglas de juego, lo que no vale son unas condiciones superiores a las que aceptamos fuera porque eso supone competencia desleal que debilita nuestro tejido productivo.

Ahora, parece que la UE reorienta algunas de sus políticas más restrictivas. ¿Se está dando cuenta de que está en peligro el abastecimiento alimentario?

Algo está cambiando desde que la gente ha visto la subida del precio de los alimentos, que no ha hecho sino comenzar porque las dinámicas son todas de restricción de la producción y de avance hacia la desglobalización. Es un cambio muy tímido porque a la vez se está hablando de la ley de bienestar animal, con la que podemos coincidir, pero que va a suponer la desaparición de muchas instalaciones y sobre todo, el brutal encarecimiento de la carne. A día de hoy las normas que se promulgan en su inmensa mayoría limitan la producción y la encarecen.

¿Hasta cuándo va a seguir la escalada de precios?

Dependerá de la sociedad. Pongo mil ejemplos. He llegado a ver a un mismo portavoz decir que no hay que trasvasar agua al Levante y después que la fruta y la verdura están carísimas. Es un desconocimiento absoluto. Si no les das agua al Levante no hay verdura y si no hay verdura suben los precios. Tenemos que decidir como sociedad qué queremos y ese debate no se ha dado. Cuando suben los precios, los gobernantes en vez de darse cuenta de que hay un problema de oferta y demanda han atacado a los distribuidores y los agricultores, como si fuesen ellos los responsables. Hay una percepción social errónea que responde a una concepción íntima de que por los alimentos no hay que preocuparse porque van a aparecer por generación espontánea en los anaqueles de los supermercados y todavía vivimos ese sueño. Desgraciadamente la venganza del campo hará que nos despertemos, pero con pesadilla.

España es una potencia hortofrutícola, pero seguimos sin resolver el problema del reparto del agua. ¿Es posible un pacto de Estado?

Es posible, recomendable, pero a día de hoy es difícil. Hasta ahora el agricultor lo defendía por los puestos de trabajo y la riqueza que generaba. Hoy el principal argumento debe ser que si no tengo agua no hay verdura. Es ahora cuando empiezan a cambiar muy tímidamente los imaginarios. Necesitamos ese Pacto de Estado y habría capacidad para, salvando todas las cuestiones ecológicas y medioambientales, que son muy importantes, gestionar el agua mejor.

Ahora se habla de la alimentación ética o moral ¿Corremos el riesgo de caer en una especie de integrismo alimentario?

Para mí es uno de los temas más delicados y peligrosos, decir a la gente lo que debe o no debe comer por criterios éticos o morales. La libertad del ciudadano, una vez informado, es lo más importante. La alimentación ética tiene otro riesgo y es que la argumentación responde a los intereses de los que la promulgan. En el libro hablo de la foodtech, un tema con el que estoy totalmente de acuerdo, que la innovación en la alimentación bienvenida sea, pero la carne sintética, que se produce por células madre en reactores biológicas, es vendida como carne ética. Es una carne digna producida químicamente, pero éticamente no es superior para nada. Y por supuesto menos sostenible y menos sana que la que se produce en el campo. Tendría muchísimo cuidado en introducir criterios éticos o morales como van a pretender los que quieren atacar a las producciones tradicionales.

¿Cree que hay simple interés económico de algunos grandes grupos?

Hay cuestiones ideológicas de quien cree que comer carne es pecado y por tanto hay que cerrar granjas y mataderos, impedir la pesca y la ganadería. Es una corriente ideológica que va creciendo. Personalmente la respeto, aunque no la comparto. Creo que la Humanidad tiene derecho a comer carne como el león tiene derecho a comerse la gacela. Este animalismo radical va creciendo y su opinión es respetable siempre que ellos respeten la de los demás. Ese ímpetu es aprovechado por grandes grupos con fuertes lobbies que están con la alimentación sintética, que tienen que debilitar la producción actual porque si no no tienen hueco en el mercado.

Teniendo en cuenta la permeabilidad de los jóvenes a discursos que les llegan de forma masiva a través de las redes sociales. ¿Cómo puede influir eso en su posicionamiento ante la actividad agroganadera?

A día de hoy, salvo que los precios suban con fuerza, y van a seguir haciéndolo, la sociedad es totalmente ajena a la importancia de producir y ni siquiera es consciente de que se está ahogando la producción. Los nuevos valores están muy bien porque cómo no vamos a estar de acuerdo con la sostenibilidad del medio ambiente, de los derechos de los animales, pero metiendo en la matriz el derecho a una alimentación sana, sostenible y a un precio razonable para la población. Si solamente nos dejamos guiar por los valores, que son hermosos, al final vamos a tener una alimentación solo para ricos. Esto es importante que lo sepamos.

Tenemos un grave problema de relevo generacional. ¿Cómo convencemos a los jóvenes para que se incorporen?

Hay tres campos. El más claro que tenga rentabilidad. Segundo, más vinculado a la España vacía, a los servicios, a unos modelos territoriales que tengan unas prestaciones atractivas y tercero que la actividad tenga el reconocimiento de la sociedad. La agricultura nueva es mucho más tecnológica y esto es un reto para la gente joven. A día de hoy no se está percibiendo esto.

El avance de las renovables genera inquietud entre los agricultores. ¿Vestimos un santo para desvestir otro?

La energía renovable es positiva y responde a una estrategia europea de la que carece la alimentación. La concienciación que se ha hecho con la energía renovable no se ha hecho con la alimentación. Una vez dicho esto lo que está ocurriendo es que como el imaginario de la sociedad urbana es favorable a la energía renovable permitimos lo que no se permite a los cultivos. Hace unos años hubo un debate sobre los cultivos energéticos y se decidió no avanzar porque se decía que quitaban alimentos a los países y con las mismas estamos poniendo energía fotovoltaica en tierras muy fértiles, con un impacto ambiental terrible.

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