Política

Elecciones en Francia: ¿incertidumbres o fin de la política?

  • Macron ha canibalizado la política con guiños a su derecha y a su izquierda
El presidente francés, Emmanuel Macron. Reuters
Madrid

Si las elecciones para elegir el presidente de la República Francesa de 2017 fueron en cierto modo disruptivas (no se volvió a presentar el presidente saliente François Hollande, los candidatos de los partidos tradicionales de la Derecha liberal y de la Izquierda Socialista se desplomaron y ninguno de ellos logró alcanzar la segunda vuelta) y dieron lugar a una recomposición completa de la escena política francesa, la próxima cita electoral del 10 y del 24 de abril en Francia puede dejar lugar a sorpresas inéditas que confieren un cierto interés a la vida política gala pero dejan entrever también nuevas preocupaciones dada la importancia del liderazgo de Francia en la Unión Europea.

Los meses previos a esta nueva cita electoral en el país vecino se han caracterizado por la (casi) ausencia de los tradicionales debates de una campaña electoral clásica en la que los diferentes aspirantes definen sus marcadores políticos, sus lemas, critican el balance del presidente saliente o apuntan sus insuficientes resultados. Muy absorbido por su papel de presidente de turno del Consejo de la Unión Europea y por sus intentos de mediación en la guerra en Ucrania, Emmanuel Macron no se ha prestado al juego de los debates negando a todos sus contrincantes cualquier posibilidad de someter a una legítima discusión democrática los resultados de su gestión durante cinco años. Esta situación algo inédita ha configurado lo que algunos llaman una no-campaña huérfana de su tradicional protagonista (el presidente saliente) que ha tardado en declarar oficialmente su candidatura, se ha negado prácticamente a hacer el balance de su legislatura (salvo en los últimos días a través de su portavoz y de su partido) y ha evadido el debate.

Es evidente que la guerra en Ucrania, la crisis energética y sus consecuencias sobre el poder adquisitivo se han convertido en protagonistas o prioridades en esta peculiar campaña electoral, dejando así poco espacio para las tradicionales discusiones sobre los resultados de las políticas económicas y sociales del presidente saliente y privando los demás candidatos de oportunidades de hacer oír su voz crítica. A menos de una semana de la primera vuelta, no cabe duda de que la guerra y la crisis energética han contribuido a eclipsar en gran medida el debate democrático.

Durante esta campaña, la confirmación del declive del Partido Socialista Francés, dividido, sin candidato/a capaz de ilusionar y generar consenso en la familia socialista así como las dificultades del Partido heredero de la Derecha Gaullista (Les Républicains) para encontrar voz y afianzar un nuevo liderazgo aún frágil (Valérie Pécresse) confirman la mutación del sistema político galo y la eficacia de la estrategia definida por Macron de canibalizar la política francesa desde un centro que hace guiños a su derecha y a su izquierda y pretende ser la única alternativa viable frente a los extremismos y los populismos de toda clase.

La irrupción de un segundo candidato etiquetado a la Extrema Derecha (Éric Zemmour) no ha hecho más que confirmar esta nueva configuración del escenario político francés y sus ejes de confrontación con un amplio espacio político de Centro pilotada por Macron (que incluye antiguos socialistas y miembros de la derecha liberal clásica) frente a los dos "extremos" (la izquierda radical de Mélenchon, del comunista Roussel y del ecologista Jadot y la extrema derecha encarnada por Le Pen y Zemmour).

¿Cómo se van a posicionar los ciudadanos franceses en estas nuevas circunstancias? Aunque los sondeos parecen dejar claro que Macron sigue siendo el máximo favorito en la primera vuelta y que detrás Mélenchon y Le Pen se están disputando el segundo puesto para optar al duelo final, la incógnita del voto útil y sobre todo del nivel de abstención son elementos que hacen imprevisibles los resultados de estos comicios dada la insatisfacción insuficientemente calibrada que ha podido generar la gestión de Macron durante su mandato y la tentación para muchos ciudadanos de no elegir entre el presidente saliente y una opción extremista en la segunda vuelta probablemente frente al candidato de LRM.

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