'Por qué se suicidan las hojas cuando se vuelven amarillas'

Sabin Azua, socio director de B+I Strategy.

Ahora que nos estamos instalando en el otoño e imbuido de nostalgia por la celebración del 40 aniversario de la vida truncada de Salvador Allende de cuajo en la Moneda, me ha venido a la cabeza el título de este bonito poema del gran bardo chileno Pablo Neruda, que describe maravillosamente el desenlace trágico de las hojas cuando pierden su sentido.

Pidiendo perdón al poeta por tratar de transformar su literatura en enseñanzas para el mundo empresarial (osadía de los malos escritores como yo), me ha surgido la siguiente reflexión: si miro a mi alrededor, cada vez se hace más difícil encontrar proyectos empresariales con un sentido de vida propio, coherente con su historia, sus realidades y su proyección de futuro.

Muchas empresas están imbuidas de la tendencia general a la uniformidad, con patrones de comportamiento estándar y sin identidad ni diferenciación. Muchos de ellos son como las hojas de los árboles que han sido verdes y esperan que el inexorable paso del tiempo termine con su existencia.

Los directivos tenemos que rebelarnos contra esta extendida tendencia a favorecer el languidecimiento y deterioro de las organizaciones en las que trabajamos. Creo que no debemos estar destinados al 'suicidio de las hojas' que señalaba Neruda, sino que tenemos que ser los protagonistas de nuestro propio destino.

En mi opinión, una de las labores fundamentales de la gestión empresarial es el refuerzo permanente de la identidad de la organización, siendo coherentes con los principales rasgos de nuestra historia (única e intransferible a otras organizaciones), con nuestra realidad actual que conforma nuestra propia base para el desarrollo y, sobre todo, debemos reforzar el sentido aspiracional de nuestra organización, dotándonos de un proyecto compartido de futuro que sea el movilizador de las personas de nuestra empresa.

El fortalecimiento de los pilares de la identidad de la organización posibilita la consolidación del proyecto empresarial, genera un más elevado nivel de coherencia en el proceso de toma de decisiones y en las actuaciones de todos los profesionales de la empresa, determina una imagen de empresa altamente reconocible por todos los agentes del entorno con los que se relaciona, proporciona un marco más favorable al compromiso de las personas que contribuye a generar un mayor sentido de comunidad entre sus miembros, favorece la implantación de estrategias de largo plazo, y facilita un diálogo más enriquecedor con el entorno.

Para que nuestras hojas no se vuelvan amarillas y asuman su tendencia al suicidio, debemos inyectar más sabia y nutriente a nuestras organizaciones. Para ello, no debemos caer en la consideración de la identidad de la organización como un concepto estático, ya que es todo lo contrario. La identidad se va enriqueciendo con el devenir de su actuación, adoptando rasgos de otras organizaciones y personas con las que se relaciona.

Este proceso de reconfiguración y refuerzo de la identidad de la organización es especialmente relevante en estos momentos de creciente internacionalización, que contribuye a la mixtificación de culturas, actitudes, modos de hacer, valores, etc., que al mismo tiempo que introducen nuevos vectores de pensamiento, generan proyectos empresariales más vivos y, a la vez, más complejos de gestionar.

Instemos a nuestras organizaciones a generar ese proyecto vital compartido de futuro, centrado en la voluntad de las personas de la organización. Tenemos que generar proyectos empresariales únicos y reconocibles que sustenten el desarrollo de las organizaciones. Cómo decía Neruda 'algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas'. Trabajemos para que nos encuentre en estado de felicidad.

Sabin Azua. Socio Director de B+I Strategy.

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IhLL
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Me trague un silbato y cada vez que tiro un pedo chiflo.

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