Opinión

Ante la desoladora realidad, voto en blanco

El abogado Juan Carlos Giménez-Salinas. Foto: Luis Moreno
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El 12 de mayo elecciones en Cataluña para elegir a nuestros representantes en el Parlament. Nuestro actual President, Pere Aragonés, se vio forzado a convocarlas al no conseguir aprobar los presupuestos del Govern. Cataluña lleva muchos años desorientada y dirigida por políticos incapaces de elevar su mirada hacía el bien común. Políticos que solamente pretendían gobernar para sus correligionarios desoyendo el sentir de la mayoría de los ciudadanos, de los intereses comunes a todos, de administrar un país correctamente, detectando sus carencias y necesidades.

Los primeros años de esta deriva provocaron tensiones en el seno de nuestra sociedad, crispación, temor, incertidumbre, inseguridad, desaliento. Los últimos, decepción, desengaño, la sociedad comprobó su ineficacia, falta de valentía para afrontar los problemas, egocentrismo, inseguridad, poca preparación para el ejercicio de sus responsabilidades.

La evidente disminución del prestigio de Cataluña, unido a su debilitamiento financiero, educativo, industrial, energético, sanitario, ha llevado al Govern a tirar la toalla, incapaz de encontrar una salida para revertir esta tendencia.

Los catalanes nos encontramos, de nuevo, llamados por nuestros desprestigiados administradores, para que les ayudemos a salir de su marasmo y elijamos nuevos parlamentarios que puedan reconducir esta situación. Obedientes, a toque de corneta, votaremos una vez más sin peguntarnos para qué sirve el votar a unos o a otros. Obedientes, nos han inculcado que votar es nuestra obligación, deberemos escoger uno de los muchos partidos que se presentan. No podemos elegir personas, solo partidos. Partidos que hoy aparecen y mañana se disuelven, incapaces de perseverar, de cumplir con sus obligaciones. Partidos, que, si perduran, al día siguiente de ser elegidos, se olvidan de sus promesas, de su programa político, de sus alianzas y actúan a su conveniencia.

Si analizamos la variada oferta electoral, en cuanto a los partidos con posibilidades de gobernar en solitario no aparece ninguno. En coalición, tenemos a ERC que ya nos ha demostrado su incapacidad para administrar la cosa pública, su parálisis en la toma de decisiones y su fracaso como ejecutivo.

El PSC, que aparece en las encuestas como partido más votado pero incapaz de gobernar en solitario, aparenta, liderado por un correcto Illa, suficiente experiencia política, pero demuestra y así es, una dependencia total respecto del PSOE que gobierna España. Dependencia que no nos garantiza libertad de decisión, políticas independientes y proclive a ser objeto de presiones para conseguir objetivos no deseados por el Gobierno de España.

La tercera opción es Junts, liderada por Carles Puigdemont desde el extranjero y con un incierto recorrido jurídico. Su figura y postura política provoca tensiones e inseguridad y un futuro complicado. Su partido todavía debe madurar y consolidarse para poder generar confianza en el administrado. El PP crece con fuerza, pero insuficiente para ser relevante. Todavía no ha podido demostrar su buen hacer y le queda mucho recorrido si no demuestra su independencia del PP nacional. Los restantes partidos carecen de posibilidades de convertirse en influyentes si dos de los grandes se coaligan para gobernar.

Ante esta desoladora realidad, me cuesta mucho obedecer ciegamente a nuestros ineficaces gobernantes, pero ya que debemos votar, como así nos han inculcado, votaré en blanco, como ya indiqué en mi anterior escrito. Creo que es la única opción que poseo para demostrar a la clase política mi disconformidad con todos ellos. Otro argumento que me inclina a ello es el comprobar que elija a un partido u otro, a la hora de conformar un gobierno no tendrán en cuenta al ciudadano que les ha votado, harán lo que mejor les convenga para los intereses de las élites de cada partido.

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