Opinión

Occidente reconoce su derrota en Ucrania

Ucrania afronta el segundo aniversario de la invasión rusa.
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Estados Unidos (EE. UU.) y sus aliados europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) admitieron el fracaso de la llamada contraofensiva ucraniana contra Rusia en noviembre de 2023, cinco meses después de su inicio, el pasado 4 de junio de 2023.

El objetivo de esa misión era atravesar las líneas de defensa que las Fuerzas Armadas rusas habían construido a lo largo de las regiones ucranianas que se adhirieron a la Federación de Rusia en diciembre de 2022 -Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Luhansk-.

Con ello, se aspiraba a cortar el corredor terrestre que los rusos habían creado entre la península de Crimea y la Rusia continental y, así, alcanzar el Mar de Azov en el Mar Negro.

Los planeadores militares del Pentágono estadounidense calcularon que el ejército de Ucrania tenía un 50% de probabilidades de éxito en dicho cometido.

Esa estimación era irrealista, ya que la OTAN era consciente de que dicha campaña estaría abocada al fracaso porque los militares ucranianos no tenían ninguna opción de triunfar, debido a la carencia de los medios con los que Occidente les había dotado para dicho esfuerzo.

La lista de las vulnerabilidades de las fuerzas ucranianas era larga.

Ucrania no contaba con suficiente poder aéreo, tenía una defensa aérea muy limitada y no poseía una fuerza mecanizada entrenada.

Dentro de las Fuerzas Armadas de Ucrania existía un desequilibrio entre el número de sus carros de combate, sus vehículos de infantería, sus piezas de artillería y su capacidad de defensa aérea local y táctica y su equipo de limpieza de campos de minas era insuficiente.

Asimismo, el ejército ucraniano no disponía de apoyo logístico coherente, ni de un sistema de suministro para la fuerza bien organizado.

Por último, sus comandantes no tenían experiencia de mando desde el nivel de pelotón al estratégico, ni de haber dirigido operaciones de maniobrabilidad de unidades interarmas.

El menosprecio que EE. UU. mostró hacia las capacidades militares de Rusia antes de febrero de 2022 deja perplejo hoy a cualquier analista.

Las potencias occidentales querían una guerra que concluyera rápidamente, su optimismo era excesivo y, desde su inicio, han mostrado una impaciencia más propia de adolescentes.

La autocontención y la madurez del liderazgo ruso han reforzado sus capacidades militares.

Los dirigentes de Rusia han demostrado contar con una voluntad decidida de tomarse todo el tiempo que fuera necesario para conseguir sus objetivos.

Rusia posee los recursos y una economía movilizada para servir a los objetivos políticos del conflicto, de tal forma que está derrotando a Occidente en su capacidad de fabricación de sistemas de armas.

Los líderes occidentales, por su parte, transparentaron desde muy pronto que no tenían estómago para adentrarse en una guerra de desgaste de larga duración.

Las dificultades del terreno y del clima y la estrategia rusa de aumento gradual de la presión, la adaptabilidad, el uso del factor sorpresa y el secreto insondable sobre sus movimientos futuros han descuajeringado la estrategia occidental de ganar esta guerra en Twitter.

Ucrania ya no tiene capacidades, ni Occidente se las va a prestar, para desarrollar ninguna ofensiva más, real o para Instagram, contra Rusia durante 2024 o 2025.

La producción de obuses de artillería toma entre 6 y 9 meses, la de un carro de combate Leopard, 3 años y la puesta en funcionamiento de una fábrica de misiles Patriot, 5 años.

Las opciones que EE. UU. tiene por delante en Ucrania son tres:

abandonar a Europa, si ésta quiere, a su suerte militar frente a Rusia, después de haberla privado del acceso a energía barata rusa,

aceptar los cambios estratégicos que supondrían la tercera victoria electoral consecutiva de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales próximas, o

mantener un conflicto abierto en Ucrania, como hizo en Afganistán, algo que los estadounidenses no aceptarán fácilmente.

Los $200 millardos en dinero y en armas que Occidente ha invertido en el Proyecto Ucrania no han servido para nada y Rusia continúa su avance hacia la ribera oriental del río Dniéper.

Ucrania no tiene soldados para continuar esta guerra y Rusia está comprometida a conseguir sus objetivos militares, que, para ella, son existenciales, y cuenta con la intención y con las capacidades militares, soldados, incluidos, para alcanzarlos.

A estas alturas del conflicto, se hace aún más evidente el error grueso al que EE. UU. y el Reino Unido obligaron a cometer al gobierno de Zelensky, cuando le hicieron rechazar el acuerdo de paz, al que su equipo de negociadores había puesto ya sus iniciales, alcanzado en las conversaciones que se celebraron con los representantes rusos en Estambul, bajo los oficios del presidente Erdogan, en marzo de 2022.

EE. UU. nunca ha querido aceptar las preocupaciones de Rusia sobre sus necesidades de seguridad, ni sobre la reformulación de la arquitectura de seguridad en Europa, ni en 1989, ni en 2007, ni en 2008, ni en 2014, ni en 2021, ni en 2022, antes y después del inicio de la Operación Militar Espacial (OME) rusa en Ucrania.

Biden ha estado enrocado durante dos años en su mantra de todo el tiempo que haga falta -"as long as it takes", en inglés-, que siempre sonó más a hasta la última gota de sangre del último ucraniano y hasta el último céntimo de euro del último europeo.

En la actualidad, él y su equipo de política exterior ha modificado la declinación de aquel lema inicial por otro que dice mientras podamos -"as long as we can", en inglés-.

El pesimismo se ha apoderado de los gobiernos occidentales porque no tienen ninguna duda de que Ucrania será derrotada.

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