Opinión

Las batallas que Ucrania ya ha ganado

  • Desde que recuperamos nuestra independencia en 1991, los ucranianos hemos luchado para que nos vieran como parte de Europa

Casi dos años después de que Rusia lanzara su invasión de gran escala en Ucrania, el final de la guerra no parece estar a la vista. De todos modos, Ucrania ya ha ganado numerosas batallas importantes, muchas de las cuales empezamos a librar mucho antes del último ataque de Rusia contra nuestro país. Estas victorias, estoy segura, ayudarán a garantizar nuestra victoria final en esta guerra vil y violenta.

Desde que recuperamos nuestra independencia en 1991, los ucranianos hemos luchado para que nos vieran como parte de Europa. Hoy, sin embargo, nadie piensa en Ucrania como una tierra de nadie que vincula a Rusia con Occidente. Y solo los rusos más delirantes siguen imaginando que los ucranianos alguna vez volverán a considerar a su país parte de algún "Russkiy mir" (mundo ruso) -un delirio febril de Vladimir Putin que aparentemente contribuyó a su decisión de lanzar una guerra de agresión contra nosotros-.

Por el contrario, hoy a todo el mundo le resulta evidente que Ucrania está en Occidente y pertenece a Occidente -y que es tan europea como Francia, Italia, Alemania o cualquier otro-. Nuestros valores centrales son valores occidentales: libertad, democracia y estado de derecho. Y nuestra pertenencia a instituciones europeas y occidentales de primera línea -la Unión Europea y la OTAN- espera solo nuestro triunfo inevitable sobre los invasores rusos.

La segunda batalla de larga duración en la que Ucrania ahora puede declarar victoria es interna. Desde que recuperamos nuestra independencia hace 30 años, el pueblo ucraniano se ha visto obligado en dos ocasiones a levantarse para derrocar a regímenes dictatoriales que ganaron poder aplicando el antiguo principio de divide y reinarás. Las divisiones que explotaron, de manera cínica y despiadada, fueron aquellas entre el oeste y el este de nuestro país, entre sus comunidades de habla ucraniana y de habla rusa.

Indudablemente, Rusia esperaba sacar ventaja precisamente de estas divisiones, invadiendo y ocupando nuestro país. Un pueblo derrotado y desunido sería más fácil de gobernar. Pero prácticamente todos los ucranianos hoy entienden los peligros para nuestra verdadera existencia que plantean los antagonismos superficiales. En un momento en que gran parte del este de Ucrania vive bajo la bota del Kremlin, resulta más claro que nunca que solo una Ucrania totalmente unida y soberana puede ofrecer y salvaguardar la libertad de nuestro pueblo.

Esta unidad recién descubierta se puede ver a diario, en tanto hombres y mujeres ucranianos de todos los ámbitos de la sociedad, de cada parte del país y prácticamente de todos los grupos etarios, arriesgan la vida para defender a nuestra patria. Nuestras fuerzas de combate -en las primeras filas y detrás de las líneas enemigas- son verdaderamente la nación ucraniana en armas.

Mientras que Rusia ha estado enviando prisioneros a las líneas de combate, los ucranianos que se han sumado a la lucha incluyen algunos de sus mejores y más brillantes ciudadanos. Vasyl Kladco, un cristalógrafo de rayos X del Instituto de Física de Semiconductores V.E. Lashkaryov, fue asesinado por tropas rusas en Irpin durante la batalla por Kiev a comienzos de la guerra. Oleksandr Shapoval, un bailarín reconocido de nuestra compañía de ballet nacional, murió en el campo de batalla en Donetsk en septiembre. Victoria Amelina, una aclamada novelista que se había dedicado a documentar los crímenes de guerra rusos, fue asesinada por un misil ruso el pasado mes de julio. Estos son solo unos pocos ejemplos de ucranianos que han muerto defendiendo el derecho de nuestro país a existir.

El sentido de propósito compartido de los ucranianos ha dado rienda suelta no solo a nuestro coraje y nuestro espíritu de lucha, sino también a nuestro talento y nuestras capacidades innovadoras. Cuando estalló la guerra, el gasto militar de Rusia era casi 10 veces superior al nuestro. La única esperanza de Ucrania de nivelar el campo de batalla era potenciar la creatividad de nuestros ciudadanos. Nuestros logros en este frente han sorprendido a los rusos y a nuestros amigos en la OTAN por igual.

Las innovaciones ucranianas, desarrolladas en gran medida a través de alianzas público-privadas, no solo han cambiado la naturaleza de la guerra, sino que han sido considerablemente costo-efectivas. Por ejemplo, drones comerciales le han permitido a Ucrania realizar un reconocimiento efectivo y a un coste relativamente bajo a lo largo de una línea de frente de 965 kilómetros -algo que las fuerzas rusas nunca esperaron-. Según el ex CEO de Google, Eric Schmidt, los "enjambres de drones" de Ucrania "cambiarán drásticamente el combate".

Para garantizar que Ucrania pueda seguir sacando el máximo provecho de esta innovación, el Estado Mayor, el Servicio de Comunicaciones Especiales del Estado, el Ministerio de Transformación Digital y el Ministerio de Defensa de Ucrania han lanzado el proyecto Ejército de Drones, que permite que gente de todo el mundo contribuya a la causa. Todos los meses se destruyen miles de drones y estas donaciones le están permitiendo a nuestro ejército reponer suministros rápidamente.

Nuestro uso innovador de tecnologías comerciales también le ha costado a Rusia en el Mar Negro. Después de que Ucrania destruyera barcos rusos utilizando misiles antibuques tradicionales, la Marina de Rusia comenzó a operar mucho más lejos de la costa. Pero Ucrania ha llevado la lucha a Rusia, al convertir motos de agua tradicionales en una flota de drones marítimos cargados de explosivos para destruir barcos rusos.

Hoy estamos sumando un arma aún más peligrosa a nuestro arsenal: el Toloka TLK-150, un vehículo submarino no tripulado, unidireccional e indetectable, creado por un grupo de desarrollo tecnológico ucraniano. En la Segunda Guerra Mundial, a Estados Unidos le gustaba definirse a sí mismo como el "arsenal de la democracia". Hoy, es Ucrania, con la inmensa ingeniosidad e inventiva de sus ciudadanos, la que lidera el camino a la hora de fortificar el arsenal que defiende la democracia.

El ejército de Ucrania también está innovándose estratégicamente. Los generales de Rusia parecen decididos a entablar una guerra exactamente como lo hicieron sus abuelos en la Segunda Guerra Mundial, con una toma de decisiones vertical y centralizada que mira a los soldados comunes (y no solo a los asesinos y violadores convictos enviados a Ucrania como carne de cañón) prácticamente con desprecio. Por el contrario, los comandantes y los soldados ciudadanos de Ucrania tienen suficiente libertad para responder a los acontecimientos en el campo de batalla y forjar decisiones por mando. Los programadores informáticos ucranianos aplican sus capacidades -y los últimos activos de inteligencia artificial- para respaldar la capacidad de los combatientes ucranianos de analizar las circunstancias y responder a los acontecimientos en tiempo real.

Una tercera batalla crucial que Ucrania ya ha ganado es la batalla contra la quinta columna rusa. En el momento de la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2014, nuestros servicios de seguridad y nuestro liderazgo militar estaban conformados por hombres y mujeres que habían vendido su lealtad a Rusia. Pero, al cooperar con nuestros aliados de la OTAN, hemos pasado los últimos años purgando a los oficiales desleales de posiciones de influencia. Esto ha mejorado la relación entre nuestros líderes militares y políticos, y les ha garantizado a nuestros aliados occidentales que se puede confiar en Ucrania, aun con la inteligencia más sensible.

En un sentido, esta batalla por la confianza fue la más relevante para Ucrania. Nuestro pueblo confía en nuestros líderes militares y políticos -no ciegamente, sino con una fe constante de que, a diferencia de los hombres que ocupan el Kremlin, son responsables por el pueblo al que sirven-. Esta confianza es esencial para la preservación de la libertad: es porque creen que nuestros líderes ofrecerán una victoria final y definitiva que los ucranianos han hecho, voluntariamente, el tipo de sacrificios -de casa, familia y seguridad física- que se han vuelto la norma en nuestro país orgulloso.

© Project Syndicate

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