Opinión

Sostenibilidad o pelotazo

  • Un informe de BCG muestra en junio de 2021, las fintech llegaron a representar aproximadamente el 9% de todas las valoraciones de los servicios financieros mundiales...
  • ... pero en el cierre de 2022, cuando el desajuste empezó a corregirse, este múltiplo era apenas del 4%
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Crear empresas está cada vez mejor visto. La competencia, el emprendimiento, y las ganancias de aquel que arriesga son acciones aplaudidas por cualquiera que entienda que de ese modo se crea riqueza y bienestar para todos.

Pero el problema surge al precisar el valor que damos a esas iniciativas, quién lo fija y qué sucede cuando inflamos los números.

Según un reciente informe de la consultora BCG del que se hizo eco este periódico, en junio de 2021 las fintech tenían un valor veinte veces superior a sus ingresos y llegaron a representar aproximadamente el 9% de todas las valoraciones de los servicios financieros a nivel mundial, hasta los 1,3 billones (miles de millones) de dólares. En el cierre de 2022, cuando el desajuste empezó a corregirse, este múltiplo era apenas del 4%.

El pinchazo de las fintech

Todos los directivos de venture capital – que invierten en fases iniciales - o private equity –que invierten en empresas rentables y en fases de crecimiento– admiten que para triunfar se necesitan hipótesis más sólidas, recurrencia en clientes e ingresos y un posicionamiento robusto en el mercado. Y, ciertamente, estos criterios deben aplicarse independientemente del ciclo económico y de las políticas monetarias expansivas de liquidez.

Si aceptamos que el valor de una compañía emergente se calcula a través de un múltiplo de los ingresos futuros, qué menos que hacer un análisis riguroso en el arranque. Y análisis riguroso es todo lo contrario a crear una burbuja basada en expectativas de futuro sobre la base de una confianza ilusoria.

Valorar una compañía no es un tema baladí. La realidad del día a día es que los clientes son volátiles, las tendencias cambiantes y los contratos rescindibles. Pero lo que muchos fundadores o accionistas de startups tecnológicas o de fintech piensan es que a mayor valoración, mejor reputación de marca. Siguen buscando dinero, pero se diluyen menos en las sucesivas rondas, empeñados en mantener el control el mayor tiempo posible y quién sabe si una venta más fructífera.

Cómo valorar una compañía

Esas dinámicas los alejan de la realidad. Un aumento de la valoración en las diferentes rondas de financiación sin tener fundamentos robustos no hará más que generar una imagen nefasta cuando se materialice la venta y se detecte al fin que el valor real es mucho menor. Con eso se cerrarán posibilidades de seguir obteniendo financiación en caso de cambios de ciclos –como el actual– y disminuirá la credibilidad del proyecto, que se verá obligado a realizar proyecciones financieras no plausibles para justificar el valor de la compañía, al tiempo que presionará innecesariamente al equipo gestor para obtener unos resultados improbables.

Siempre es mejor tener una plusvalía latente cercana al valor de mercado. También es mejor tener un menor porcentaje accionarial de algo que puede crecer y valer mucho que mucho porcentaje de un valor que está totalmente inflado. Hay que anteponer la sostenibilidad de la compañía a la búsqueda de pelotazo.

Porque, además, emprender, crear una empresa, no solo afecta a empresarios e inversores, como si de un juego de Wall Street se tratara. En un mundo en el que parece que empieza a entenderse que los factores ESG son esenciales, en un mundo en el que ya se acepta con normalidad que una empresa tiene también valores no financieros muy relevantes, hay que tener muy presente todo lo relativo a gobernanza y relación con la sociedad. Y a este respecto, que los despidos en las empresas emergentes hayan aumentado un 350% en este último año no es ninguna broma. Se trata de una consecuencia derivada de la caída de la financiación en estas empresas en más del 30%. Y no hay cosa que dañe más a la economía que el desempleo.

Volvamos al principio: crear empresas, sí, por supuesto, tantas como sea posible. Pero empresas serias y con futuro, no burbujas especulativas.

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