Opinión

Retorno al Este

  • Ningún país europeo estará entre los cuatro más rico a mitad de siglo
  • China ya tiene la mayor parte de las tecnologías avanzadas, por delante de EEUU

El mundo vive un momento histórico desconocido durante generaciones, ya que se encuentra en un punto de inflexión, de movimiento de sus placas tectónicas. El giro actual se define por varias corrientes profundas e imparables, al menos, por el momento.

Para empezar, un planeta dominado por Occidente, y, especialmente, dentro de éste, por Estados Unidos (EEUU), se está transformando en uno mucho más descentralizado.

Asimismo, el viraje del poder mundial desde el este al oeste, que tuvo lugar a comienzos del s. XVIII, está siendo revertido, dado que el poder está fluyendo desde el oeste hacia el este a gran velocidad.

A pesar de que, en 1700, China e India, los dos países más ricos de la Tierra, representaban la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) global, a mitad del s. XIX, Europa se había convertido en el centro de gravedad de la riqueza universal y dejó atrás económicamente a aquellas dos potencias orientales para que, décadas después, la Europa Occidental y EEUU acabaran por liderar el mundo.

Este panorama está cambiando delante de nuestros ojos. En 2050, de acuerdo con las proyecciones realizadas por organismos y por instituciones financieras internacionales, las cuatro economías más grandes del mundo serán, por este orden, China, India, EEUU e Indonesia, sin rastro de ningún país europeo en estos puestos de preeminencia.

De esta forma, el mundo nuevo que está por llegar será, por primera vez en la historia, multipolar, multicéntrico y globalizado, a la vez, algo que no había sucedido antes.

Dentro de este panorama futuro, destacarán cuatro rasgos que, en parte, son causa y, en parte, de forma simultánea, resultante de esa sociedad por venir.

Para empezar, China, en cinco o siete años, desbordará a EEUU como la primera economía del mundo y seguirá creciendo vertiginosamente después de ese hito espectacular, ya que, en pocos años, llegará a ser un 70% mayor que la estadounidense.

La decisión combinada china de apostar por la tecnología, sin renunciar a la fabricación, son la receta de ese éxito que se aproxima.

De las 44 tecnologías más avanzadas del momento presente, China lidera, por delante de EEUU, en 38 y China cuenta con las compañías mundiales punteras en drones, inteligencia artificial, pagos digitales, energía solar o baterías de sodio, como reemplazo de las de litio, por mencionar algunas.

Nadie debe dudar de que ese poder económico, como ha ocurrido a lo largo de la historia en otras situaciones similares, acabará por declinarse, también, en poder geopolítico para el Imperio del Medio.

En segundo lugar, el mundo se ha convertido en multipolar y de alineaciones múltiples y variables, de forma irreversible, en el que las naciones persiguen sus intereses, por encima de obediencias a terceros.

El comportamiento, aparte de China, de India, de Arabia Saudí, de Sudáfrica, y de numerosos países africanos, asiáticos y americanos, tras el estallido del conflicto de Ucrania, que han resistido la presión de EEUU para que se alinearan detrás de los objetivos y de las instrucciones estadounidenses es un buen anticipo de lo que está por llegar.

La interdependencia entre las naciones crece ya que, en este momento, la multipolaridad del planeta está acompañada, por igual, por un mundo globalizado y policéntrico.

No fue así, en el s. XVIII, durante los años de liderazgo económico chino o indio porque, entonces, ambos eran contemporáneos de los imperios japonés, turco o sacro romano germánico, sin que estuvieran, entre ellos, conectados o integrados.

Por último, Occidente no está sano, de hecho, está muy enfermo, como les ha ocurrido a potencias decadentes en el pasado.

Padecimiento occidental autoinfligido

El liderazgo occidental presente, casi sin excepciones, en ambas riberas del Océano Atlántico, está empujando a sus sociedades a aceptar resignadamente el suicidio civilizacional al que les está empujando, al llevar a cabo un ejercicio de ingeniería social que les haga olvidar sus tres pilares básicos, el monoteísmo de origen judeocristiano, la filosofía griega y el derecho romano.

La dieta propuesta, como substituta de los valores anteriores, es una suerte de comunismo, sin mencionar esta palabra porque no es popular, a través del cual un nuevo autoritarismo imponga a la población de Occidente el ateísmo, con la excepción del islamismo, y el fin tanto de la democracia como del Estado de Derecho.

Mientras, desde el Este llega con fuerza la ola de un nuevo poder económico, que se resiste a cambiar la biología de los seres humanos, a otorgar derechos a los animales en igualdad con los de los seres humanos, a renunciar a fuentes de generación de energía y a alimentarse exclusivamente de insectos.

¿Seguirá la Banda de los Cuatro -Biden, Blinken, Sullivan y Nuland- estadounidense intentando gestionar esta nueva situación multipolar, policéntrica y globalizada como si fuera una repetición de la Guerra Fría del siglo pasado y, con ello, continuar empujando al mundo hacia un enfrentamiento global, aunque éste fuera nuclear?

La facilidad con la que este cuarteto toma decisiones equivocadas, fruto de la ineptitud y de la maldad, a la vez, nunca debe ser subestimada.

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