Opinión

Los escritores, la imprenta y los derechos de autor

Imagen de archivo del Día de San Jordi.

Un año más, el día 23 de abril, se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Es sabido que dicha fecha coincide con el día del fallecimiento, en el año 1616, de dos de los creadores de personajes más inmortales y conocidos de la literatura universal: Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

Resulta sin embargo paradójico que estos dos inmensos escritores que en el siglo XVI tuvieron la gran capacidad de desentrañar en sus obras las grandezas y las miserias de la naturaleza humana no pudieran gozar de los derechos de propiedad intelectual de los que puede gozar hoy, en el siglo XXI, el más bisoño aficionado a la literatura que se dedique a escribir y publicar novelas de amor adolescente.

Si algún adelantado a su tiempo le hubiera comentado a Cervantes, en el rincón de una taberna del viejo Madrid, o a Shakespeare, a la entrada de su teatro The Globe en Londres, que tenían el derecho irrenunciable e inalienable a decidir si sus obras habían de ser divulgadas, a exigir el reconocimiento de su condición de autor y el respeto a la integridad de sus obras, a impedir cualquier modificación, alteración o atentado contra ellas o el derecho a retirar sus obras del comercio por cambio de sus convicciones intelectuales o morales, quizás ambos le hubieran mirado con condescendencia y despachado cortésmente con un "yo solo me dedico a escribir, caballero".

Sin embargo, todos esos derechos y, muchos otros derivados de los mismos, que en la actualidad los damos por supuesto son una conquista de siglos.

El derecho de autor se remonta a la época de la invención de la imprenta en Europa en el siglo XV. Antes de la imprenta, los libros y otros trabajos escritos se copiaban a mano, y no existía un sistema legal para proteger los derechos de autor.

Con la invención de la imprenta, la reproducción de obras se hizo más fácil y rápida, lo que llevó a una demanda masiva de libros y otras publicaciones. En respuesta a esta demanda, se desarrolló un sistema legal para proteger los derechos de autor.

Uno de los primeros ejemplos de leyes de derechos de autor fue la 'Ordenanza de Venecia', de 1566, que establecía que los impresores debían obtener una licencia del Gobierno antes de publicar una obra. Esta licencia, que realmente privilegiaba más a los editores que a los autores, les daba el derecho exclusivo de imprimir y vender la obra durante un período de tiempo limitado.

En Inglaterra, la primera ley de derechos de autor (Copyright) fue el 'Estatuto de la Reina Ana' de 1710, que estableció que los autores tenían derechos exclusivos sobre sus obras durante un período de tiempo limitado. Esta ley se convirtió en la base del derecho de autor moderno en muchos países.

El desarrollo del derecho de autor en España se remonta al siglo XIX, cuando se promulgaron las primeras leyes de propiedad intelectual.

En 1847 se promulgó la que puede considerarse como la primera ley española de propiedad intelectual, conocida como la Ley de Propiedad Literaria.

En 1879, se aprobó la Ley de Propiedad Intelectual, que reemplazó a la Ley de Propiedad Literaria y amplió la protección a otras formas de obras, como la música y las artes visuales.

En la década de 1970, España se adhirió a la Convención de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, lo que obligó a armonizar su legislación de propiedad intelectual con las normas internacionales.

En 1996, se aprobó la Ley de Propiedad Intelectual de España, que reemplazó la ley anterior y estableció un marco legal para la protección de los derechos de autor en el país. Esta ley ha sido actualizada varias veces desde entonces, para adaptarse a los cambios tecnológicos y culturales, y para cumplir con las obligaciones internacionales.

No descubrimos nada si decimos que la creación literaria y el derecho de autor están estrechamente relacionados, ya que el derecho de autor es una forma de proteger los derechos de los autores sobre sus obras literarias.

El derecho de autor permite a los autores controlar cómo se utilizan y se distribuyen sus obras, y les otorga derechos exclusivos para autorizar su reproducción, distribución, traducción y adaptación, entre otros usos.

Al mismo tiempo, la protección legal que ofrece el derecho de autor también beneficia a la sociedad en general, ya que fomenta la creación y la difusión de obras literarias.

Con el advenimiento de Internet y la digitalización de contenidos, la creación literaria y el derecho de autor se enfrentan a nuevos retos y desafíos … pero no pensemos de momento en ello; intentemos tranquilizarnos; acercarnos a nuestra librería favorita; elegir un buen libro  este 23 de abril (pero no solo ese día, por supuesto) y darnos el placer de leer una líneas en un rincón de nuestra casa ya que, como dijo el gran escritor Julio Cortázar: "Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo".

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