Opinión

Difícil cierre de año en la eurozona

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Los datos definitivos sobre el del PIB de la eurozona entre abril y junio sorprendieron en el mejor sentido. Eurostat aplica un muy pequeño recorte (una décima), sobre su cálculo preliminar, hasta sitar el avance de la Unión Monetaria en el 0,6% intertrimestral.

Se trata de un avance muy notable considerando el periodo en el que se produjo, con la guerra de Ucrania ya en su apogeo y con problemas heredados de 2021 (la alta inflación y las interrupciones de las cadenas de suministros) todavía actuando.

Sin embargo, estas circunstancias no bastan para espolear el optimismo de los expertos. Todo lo contrario, los analistas muestran un gran escepticismo ante los últimos datos de Contabilidad Nacional y lo cierto es que hay razones de peso para ello.

Todo apunta a que en el segundo trimestre se ha producido un rebote de la actividad muy coyuntural, derivado de las expectativas del primer verano en dos años sin restricciones Covid y muy centrado en el sector servicios.

Pese al vigor del PIB en el segundo trimestre, los indicadores adelantados apuntan a un estancamiento ya en el verano

La mejor prueba de ello es el plen estancamiento en el que ya está sumida una economía tan industrial y exportadora como la alemana. Más importancia tienen ahora los indicadores del tercer trimestre para los economistas y estos arrojan malas noticias, a escala comunitaria, en múltiples frentes.

Basta con recordar los retrocesos mostrados, a partir de julio, en confianza de los consumidores e inversores, actividad en fábricas e incluso comercio exterior (con un claro avance del déficit comercial). Todo apunta a un estancamiento del PIB de la eurozona ya en marcha en este verano y, lo que es más preocupante, allana el camino hacia una contracción de la economía a partir de otoño, alimentada por el imparable avance del IPC y el previsible racionamiento energético.

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