Opinión

Comunidades energéticas: energía renovable, de proximidad y económica

  • Ana María Jáuregui, decana del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Sevilla

Las comunidades energéticas han llegado no solo para quedarse, sino para proliferar al ritmo que las normativas y los incentivos lo permitan. Se erigen como una de las principales apuestas para optar por un cambio de modelo de consumo eléctrico y cada vez son más las administraciones o colectivos que se atreven a dar el paso. Es por todos conocido, que el suministro eléctrico es vital para sectores amplios de la economía y el común de la ciudadanía.

Como Ingeniería técnica industrial y Decana de mi Colegio Profesional en la provincia de Sevilla llevo bastante tiempo siguiendo de cerca estas entidades por las oportunidades profesionales que plantean a nuestro colectivo. Pero, además, me llaman especialmente la atención por su valor social. Una comunidad energética debe ser motor de empleo, tener un impacto social y de género, favorecer la inclusión de colectivos en riesgo de exclusión y fomentar la innovación social. Con las comunidades energéticas el consumidor se convierte en generador y, a su vez, puede almacenar, compartir y gestionar su energía. Es, de algún modo, la oportunidad de devolverle el poder a la gente. Mediante ellas, aquellos colectivos vulnerables que no pueden acceder a energías renovables, encuentran la forma de disponer de un suministro energético seguro, limpio y económico.

Además de este incalculable valor social, las comunidades energéticas representan un gran logro en la lucha contra el cambio climático. Es simbólico que muchas de ellas se estén creando en tejidos asociativos y cooperativas que quieren satisfacer de manera autónoma y sostenible sus necesidades energéticas. Sin olvidar el gran poder transformador para el sector industrial y parques empresariales. Cuando una preocupación trasciende de lo público a lo privado, del empresarial a lo personal, eso significa que la semilla está germinando correctamente y que esto ya es asunto de todos.

A esta inercia, además, tenemos la oportunidad única de que le acompañe un apoyo institucional con una importante batería de ayudas e incentivos en materia de sostenibilidad. Es por ello, que desde nuestra institución COGITISE, firmamos un Protocolo de Colaboración con la Agencia Andaluza de la Energía el pasado mes de febrero, al objeto de trabajar "codo con codo" desde el sector profesional de la ingeniería junto a la administración, para la promoción de actuaciones energéticas y la ejecución de los distintos programas de financiación activos para proyectos energéticos, como los Programas para energías renovables de autoconsumo, almacenamiento y para térmicas, el Programa de rehabilitación energética de edificios anteriores a 2007 y ubicados en municipios de reto demográfico, o el MOVES III, para transporte sostenible.

También es importante resaltar que estas instalaciones de autoconsumo colaborativo cumplen con varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Unión Europea, entre otros el objetivo número 7, "Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna", y el número 12, "Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles"

El único futuro posible, por tanto, es el sostenible, y los ingenieros técnicos industriales ya estamos en ello, para que Andalucía, y en concreto Sevilla, como enclave estratégicamente óptimo, por su clima y localización, lidere el cambio hacia un modelo energético sostenible y justo.

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