Opinion legal

El modelo 666

Foto: Archivo

Si usted no conoce ningún número de modelo tributario que sea el 666, puede ser porque no se sepa los números de modelo de memoria-que es una deformación profesional- pero el hecho es que no hay ningún modelo con ese número. Esto no es extraño, porque el 666 es un número cabalístico y maldito, el número de la Bestia.

Hace unos días, medio en serio, medio en broma, un asesor amigo mío proponía cambiarle el número de modelo a la Declaración de Bienes en el Exterior (DBE), que actualmente tiene el número 720, por el 666. Como muchos asesores, mi amigo consideraba que la citada declaración, cuya legalidad ahora investiga la Comisión Europea, parecía concebida por la Bestia, el ayudante del Diablo.

Supongo que no le extrañará al lector que haya inspectores, y también políticos, que el modelo que hubiesen cambiado de número es el 750. Éste es el número de modelo de la Declaración Tributaria Especial (DTE), más y mejor conocida como declaración de la amnistía fiscal de 2012. En fin, todos somos conscientes de que aunque ayudase a popularizar el modelo, no hay Ministro de Hacienda que se atreva a dar el número 666 a ningún modelo, y menos al de una amnistía fiscal. Bueno, yo creo que no, pero igual algún ministro de Hacienda me lleva la contraria.

Sin embargo, este número 666 tiene mucho que ver con la necesidad de la Declaración de Bienes en el Exterior. En realidad, el número maldito es el responsable de los problemas censales de numerosos países. O si lo prefieren, el número no tiene la culpa de nada, ya que el problema proviene del texto del Apocalipsis. El texto es ése que usted está pensando: "Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis" (Apocalipsis 13:18). Lo que a veces se olvida es que el Apocalipsis también señala justo antes. "Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre".

Traduciendo, la dominación de la Bestia, el ayudante del Diablo consistía en obligar a todo el mundo a tener un número de identificación. Y si no se tenía el número, pues no se podía comprar o vender. Esto de imponer un número de identificación personal obligatorio para comprar o vender se parece mucho a un Número de Identificación Fiscal (NIF); se parece tanto, que en realidad es casi lo mismo. A partir de aquí, se puede construir un censo, y sobre todo se puede utilizar ese número para clasificar en un sistema informático toda la información sobre un contribuyente.

¿Por qué Hacienda vuelve a exigir la información de bienes en el Exterior cuando en muchos países hay convenios de doble imposición y acuerdos de intercambio de información? Por culpa del número 666. Que este sea el número de la Bestia, es lo que ha llevado a muchos países a considerar que imponer un número de identificación obligatorio a todas la personas es un instrumento de dominación abominable. Obviamente, ha contribuido a esta identificación que también la impusiesen los Nazis. El Holocausto, la mayor vergüenza del Siglo XX, no hubiese sido posible sin un control exhaustivo de los individuos a exterminar.

Obviamente, el número de identificación personal es un instrumento de control. Ahora bien, este control no tiene por qué ser una obra del Diablo. Esta identificación se puede utilizar, también para repartir ayudas sociales, o para seguir el rastro del dinero de procedencia criminal, entre otras muchas utilidades. Y como no se le escapa al lector, organizar la información por número de identificación también sirve para cobrar impuestos. De hecho, una de las principales ventajas de la Agencia Tributaria es que tiene organizada la información a través del NIF. El problema es que muchos países no tienen esta organización, porque han prohibido, incluso constitucionalmente, asignar un número a cada persona con carácter obligatorio. Esto supone mayores costes para las Administraciones Tributarias y la necesidad de tener más personal.

Como señala mi compañero de Iuris, y amigo, Esaú Alarcón, los Convenios establecen en muchos casos el intercambio de información pero no hay formatos normalizados de intercambio de información. Tan importante como obtener información, punto clave del control fiscal, es tenerla organizada para poder usarla. En consecuencia, hay que volver a pedir la información a los contribuyentes porque hay muchos países que no la tienen organizada como nosotros. El único supuesto donde hay una base de datos europea es el VIES (Vat information Exchange system), que es la base para el intercambio de información sobre el IVA. No hay ninguna razón para que este instrumento de las bases conjuntas se extienda a otros impuestos, aunque sea más difícil. Este incremento de la cooperación europea es uno de los temas pendientes. Los temas de integración europea son como montar en bicicleta, o continuamos avanzando para hacer frente a los nuevos retos o, como nos quedemos quietos, nos caemos.

Sin embargo, lo que tiene menos justificación es pedir la información de los bienes fuera de España dos veces: una en el impuesto del Patrimonio y otra en la Declaración de Bienes en el Exterior. Por esta razón, y porque presenta graves problemas, especialmente en el sistema sancionador y la prescripción, Ciudadanos propone reformarla, fusionarla con la Declaración del Impuesto del Patrimonio y simplificarla. Aunque esta declaración ha sido una fuente muy importante de información, o la reformamos, o como en otras ocasiones, las autoridades europeas nos obligarán manu militari a modificarla en sus aspectos esenciales y nos quedaremos sin una información esencial, aunque, probablemente no nos viésemos obligados a cambiarle el número por el 666.

Por Francisco de la Torre Díaz. Inspector de Hacienda del Estado. Responsable fiscal de Ciudadanos. Autor del libro ¿Hacienda somos todos?

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