Opinion legal

¿Qué hay de lo mío?

Foto: Archivo.

Empiezas a despachar con cualquiera de tus colaboradores y enseguida te metes en harina. Revisas cómo van los datos, el cumplimiento de objetivos, la captación de clientes, las ventas o lo que sea. Rápidamente vas dibujando el retrato de la persona que tienes delante. Los trazos vienen definidos por su nivel de cumplimiento, sus previsiones y su forma de expresar el compromiso con la empresa y con su jefe (tú). Pero no debemos olvidar que para que el cuadro tenga alma debe reflejar también las emociones del retratado.

Demos un poco para atrás en la secuencia y revisemos de dónde partimos. Muy probablemente estemos ante un despacho más de seguimiento de objetivos. Lo más importante de ese despacho es que ambas partes tienen cosas que decir, aunque muchas veces ocurre que solo habla una de ellas. La que exige, corrige, valora y explica lo que se espera de cada una de las personas de la organización. Cuanto peor es el jefe más habla y menos escucha. Nada irá bien si hay otra parte que calla. Recuerden que tenemos dos orejas y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos. Solo escuchando tendremos la posibilidad de entender otros puntos de vista, aunque creamos que son equivocados.

Cada vez que nos sentamos con cualquiera de nuestros colaboradores ocurre lo mismo; su expectativa es que, antes de hablar del negocio, de los resultados o de sus objetivos, se hable de su situación en la empresa. Esas conversaciones no pueden quedar pendientes o pasar a un segundo plano. Es lo más importante para que la conversación posterior de negocio tenga sus frutos. Hay que preguntar de manera sincera por la situación personal de cada uno, sus expectativas, las promesas que se le hicieron, sus deseos, sus objetivos de carrera, la conciliación, su retribución o la necesidad de reconocimiento. Debemos generar el ambiente propicio para cada persona se exprese con comodidad, sinceridad y honestidad. Solo así crearemos la situación necesaria para que esa implicación se convierta en compromiso. Ya saben el dicho; en unos huevos con chorizo, la gallina está implicada y el cerdo comprometido.

Una vez hayamos actualizado la situación de nuestro colaborador y hayamos entendido cómo se siente podremos seguir avanzando, teniendo muy presente que también nosotros nos llevamos nuestros deberes, que deberán ser gestionados con eficiencia para ganar el respeto y reconocimiento de nuestro equipo. Dirigir no es solo exigir. Dirigir es tan arte como pintar, esculpir o componer. Dirigir exige pequeños detalles todos los días. Estar muy pendiente de lo grande y de lo pequeño, de corregir y de reforzar. Dirigir es mantener en el aire muchos platillos chinos sin que ninguno se caiga. Identificar en cada momento cuál pierde fuerza y actuar.

Cuando eres el jefe de un equipo, sea pequeño o grande, puede ocurrir que pienses que lo haces muy bien porque los resultados salen o porque nadie protesta. En primer lugar, debemos tener en cuenta que solo los mejores hacen que los resultados sean recurrentes y no solo de vez en cuando. Para ello es crítico que las personas que nos acompañan se sientan felices. En segundo lugar, que nadie te diga nada puede ser cómodo, pero nunca es bueno. Siempre es recomendable que los miembros de los equipos opinen, sientan que sus ideas importan y que tengan la libertad de expresarlas. Como saben, cuando los generales desfilaban victoriosos por la calles de la antigua Roma, tras ellos un siervo se encargaba de recordarles que era mortales ("memento mori", recuerda que morirás).

Durante tantos años dirigiendo equipos he comprobado que lo que más vincula a cualquier persona a la organización es que nunca se sienta transparente. Debe sentirse escuchada, cuidada, ayudada, orientada, dirigida y exigida. Debemos contarle a cada uno lo que esperamos de ellos después de escuchar lo que cada uno espera de su empresa. De esta manera cada una de las partes en la conversación tendrá unos deberes que cumplir, porque ambas partes esperan algo de la otra. Nunca solo una de ellas. No importa lo grande que sea la empresa para que las personas se sientan bien. Solo depende de la calidad de su equipo directivo.

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