Opinion legal

Covid-19: medidas económicas vs presión fiscal psicológica

Foto: Istock

Tras la celebración de varios Consejos de Ministros desde que se decretó el estado de alarma, los representantes del Gobierno nos comunican numerosas medidas económicas y de otra índole que son aprobadas con el objeto de mitigar los perniciosos efectos del COVID-19.

Hacen, en varias ocasiones, referencia a la cantidad de medidas adoptadas, donde se han tenido en cuenta, según el Gobierno, las necesidades de particulares, autónomos, pymes y grandes empresas.

Aseguran que se les ha escuchado y se les ha concedido lo deseado. Quiero en este artículo entrar a valorar el efecto psicológico que están suponiendo las medidas adoptadas a los ciudadanos en relación con la presión fiscal actual.

Aunque ya es conocido por la mayor parte de nuestros lectores, la presión fiscal es el resultado de dividir el importe total de los tributos que todos los obligados tributarios pagan de forma efectiva entre el Producto Interior Bruto.

"Un ejemplo de variable que interviene en la presión fiscal psicológica es la percepción del ciudadano sobre el retorno que obtiene por los impuestos pagados"

Pero hay un concepto, menos utilizado, que es el de presión fiscal psicológica. A diferencia de presión fiscal, que es un término cuantificable, la presión fiscal psicológica contiene un componente más cualitativo, que recoge conceptos emocionales difíciles de cuantificar.

Un ejemplo de variable que interviene en la presión fiscal psicológica es la percepción del ciudadano sobre el retorno que obtiene por los impuestos pagados. Es evidente que cambiará de una persona a otra, por su situación personal/familiar y por los servicios de los que se puede beneficiar cada uno. Con todas las medidas adoptadas, realmente ¿se ha aliviado la carga al autónomo, a la pyme, al ciudadano?

Mi opinión es que no. La presión fiscal psicológica crecido exponencialmente. Se le pasa al obligado la carga de solicitar las ayudas, conocer a qué ventajas puede acogerse, se le anuncian beneficios sin leerle por televisión la letra pequeña y cuando la lee no le son aplicables, los plazos para las aprobaciones son muy largas…

La percepción que tiene ahora el ciudadano, más acusada en autónomos y empresarios, es que su aportación a las arcas del Estado (impuestos directos, seguros sociales, tasas…) no le está generando beneficio en el peor momento al que se ha enfrentado nuestra sociedad moderna.

"Hemos utilizado también un algoritmo elaborado por Symanto, por el que se puede distinguir la emoción que se deriva de un comentario"

Para justificar esta afirmación, hemos empleado la herramienta de Escucha Activa, ATRIBUS, y hemos recopilado 75.930 tweets en los que se menciona de una u otra forma el término "autónomo".

Se trata de tweets localizados dentro del territorio nacional. Hemos utilizado también un algoritmo elaborado por Symanto, por el que se puede distinguir la emoción que se deriva de un comentario: alegría, esperanza, ira, tristeza y asombro.

Los resultados del análisis no dejan lugar  la duda: en la mayoría de los casos los tweets revelan un sentimiento de ira, que responde a la sensación de abandono que tienen los autónomos por parte del Gobierno, a la frustración por tener que pagar impuestos y seguros sociales cuando los ingresos están a cero, a las dificultades para acceder a cualquier tipo de ayuda, mientras ven que se destinan ayudas a salvar televisiones públicas, por ejemplo.

"Los autónomos consideran que aportan de manera muy importante a las arcas públicas y, sin embargo, en momentos de dificultades no se les ha tenido en cuenta para facilitarles la vida"

Los tweets que revelan un sentimiento de esperanza se corresponden con dos situaciones en general. Primero, cuando se produce un anuncio de ayudas, esperanza que se desvanece de forma inmediata, cuando se lee la letra pequeña. Segundo, cuando se informa sobre alguna actividad de protesta contra el Gobierno.

De la lectura de los tweets con más retweets y los que más han sido fijados como favoritos, observamos que el cobro de los seguros sociales de abril ha supuesto un duro golpe en el ánimo del colectivo, máxime cuando en el mismo momento se anunciaba la citada ayuda a las televisiones públicas.

Los autónomos consideran que aportan de manera muy importante a las arcas públicas y, sin embargo, en momentos de dificultades no se les ha tenido en cuenta para facilitarles la vida. En definitiva, y con independencia de la presión fiscal real, la percepción de su aportación frente a lo que reciben genera un efecto psicológico muy negativo.

"Estamos hablando de que gran parte de los afectados se han quedado sin ingresos o los ha visto reducidos notablemente"

Para que las medidas que se adopten sean realmente útiles y bien valoradas es preciso que sean claras, directas y de fácil acceso para el beneficiario.

Por ejemplo, no pasarle al cobro la cuota de la seguridad social, retrasar la autoliquidación de impuestos al momento en el que sepa qué va a pasar con su trabajo, …

Estamos hablando de que gran parte de los afectados se han quedado sin ingresos o los ha visto reducidos notablemente. Y, adicionalmente, se ha generado una gran incertidumbre sobre lo que el futuro va a deparar a la economía.

La cantidad de cuestiones sin aclarar para formalizar ERTES, o que el Gobierno ponga a aquellos que los piden bajo sospecha, eleva la presión fiscal psicológica. Amenazarles con la inspección de trabajo, incrementa la presión fiscal psicológica.

No es el momento de poner en duda a todos los autónomos y empresarios del país. No olvidemos que son ellos los que contratan personal (si exceptuamos al sector público).

Consideremos, además, que los autónomos y los empresarios son padres y madres de familia, tienen padres, hijos, familia… y están sufriendo, como cualquier ciudadano, el impacto que está causando el virus, están perdiendo familiares o amigos, están viviendo situaciones realmente horribles. Y, como el resto de los ciudadanos, también temen por su trabajo.

En definitiva, a pesar de adoptar tantas medidas, se ha incrementado notablemente la presión fiscal psicológica, lo que origina que la percepción del beneficiario es que lo aprobado no resuelve sus problemas.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint