Opinión

Genes y medio ambiente

El año pasado el psicólogo norteamericano Robert Plomin publicó en la editorial londinense Allen Lane un libro titulado Blueprint. How DNA makes us who we are (Plano. Cómo el ADN nos hace ser quienes somos). El autor lleva años trabajando con gemelos y mellizos y hoy sigue sus investigaciones en el King's College de Londres.

Nada más publicarse el libro le cayeron encima las más feroces críticas, cosa que él esperaba. Él mismo ha confesado que no se atrevió a escribir este libro durante 30 años de carrera profesional, y no sólo porque quería encontrar un mejor apoyo empírico para sus tesis, sino, sobre todo, porque temía las reacciones de los colegas y del público en general. Quizá por ello, como queriendo conjurar las reacciones que le acusan de determinismo genético, asegura en las primeras páginas del libro que, en realidad, "la investigación genética nos proporciona la mejor evidencia que tenemos de la importancia del ambiente, porque la genética explica sólo la mitad de las diferencias psicológicas entre las personas".

En el libro también se puede leer lo siguiente: "Las influencias genéticas son propensiones probabilísticas, no programaciones predeterminadas".

Sin embargo, hay en el libro afirmaciones en verdad chocantes (dejémoslo en eso): "Los niños -escribe- difieren mucho en lo bien que lo hacen en la escuela. ¿Cuántas de estas diferencias en los logros escolares de los niños dependen de la escuela a la que vayan? La respuesta es que no mucho. [...] Esto no significa que la calidad de la enseñanza ofrecida por las escuelas no sea importante. Importa mucho para la calidad de vida de los estudiantes, pero no establece ninguna diferencia en sus logros educativos."

Entonces, ¿cómo es que los alumnos de clase baja (sin libros en casa) sacan peores notas que los que tienen padres con alto nivel educativo? Plomin lo explica de la siguiente forma: "Si algunos colegios muy selectivos consiguen que sus alumnos alcancen puntuaciones altas en los índices académicos, se debe a que han seleccionado previamente a los mejores alumnos, lo cual significa que han admitido a aquellos que por sus genes son más inteligentes."

Sin embargo, después de afirmar esto, Plomin aclara que las diferencias genéticas explican alrededor del 60 por ciento de las diferencias de los niños en sus logros escolares. ¿Queda algo para las influencias ambientales? Sí que queda, pero, según Plomin, es poco, sólo el 20 por ciento.

¿Predica Plomin el determinismo genético? A ello nos contesta Antonio Diéguez, catedrático de Filosofía de la Ciencia en Málaga: "El determinismo genético no puede ser una cuestión de todo o nada, sino que puede ser más radical o menos radical; por ejemplo, se puede ser más fuerte o más débil, ser determinista con respecto a unos rasgos y no a otros. El determinismo genético es pertinente en el clásico debate entre naturaleza frente a crianza."

Y este profesor español concluye así su crítica al libro: "Según Plomin, poco podemos hacer para modificar lo que los genes dictan que somos, y ninguna política igualitarista conseguirá vencer lo que establece la biología. Aunque él no lo pretenda, Plomin no puede eludir la responsabilidad de fomentar este tipo de actitudes deterministas."

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