Opinión

Reglas para la inversión futura

Puedes imaginar el mundo en 2100, un mundo donde nuestros hijos o nietos verán el amanecer de un nuevo siglo? Como humanos, nos resulta difícil pensar en el largo plazo. Estudios neurológicos demuestran que cuando nuestro cerebro piensa en nuestro yo del futuro, reacciona como si estuviera pensando en una persona totalmente diferente.

Este "efecto de inmediatez" nos hace valorar la satisfacción inmediata por encima de la recompensa futura. Con demasiada frecuencia, esto significa que suspendemos en mirar por las futuras generaciones, negando sus derechos y diciendo cómo evoluciona el mundo.

Este cortoplacismo en nuestra forma de pensar es particularmente evidente en finanzas. Como inversora, Esther Dyson observó, en política, que el marco temporal dominante es un mandato; en moda es una temporada; para las empresas es un trimestre y, en los mercados financieros, meros segundos. Para las compañías es difícil planear su estrategia a largo plazo cuando los analistas se centran mayoritariamente en los resultados de cada trimestre. En noviembre de 2018, Apple anunció que dejaría de publicar trimestralmente las cifras de ventas de sus iPhones y Macs, declarando que no reflejan las fortalezas subyacentes de sus líneas de productos. Pero este enfoque miope puede tener efectos profundos, que deriven en aportaciones de capital ineficientes, menores retornos para los fondos de inversión y las huchas de las pensiones y, en última instancia, menor prosperidad para todos.

La Universidad de Oxford halló que los precios de las acciones aumentaron en el 80% de las empresas analizadas que mostraron buenas prácticas de sostenibilidad

¿Cómo avanzar hacia un modelo económico que recompense el rendimiento a largo plazo y la transferencia eficiente de riqueza a las generaciones futuras? La independencia es clave y permite a una entidad centrarse de manera contundente en el largo plazo, especialmente si es una entidad con historia.

En el contexto actual, la sostenibilidad permitirá mayores retornos en las inversiones. Eso es intuitivo porque, si una compañía considera las últimas consecuencias de sus actos y sus posibilidades de sobrevivir, sus beneficios en un futuro aumentan. Es demostrable analizando 41 estudios distintos sobre la relación entre los beneficios y sostenibilidad. Por ejemplo, la Escuela de Negocios Smith de la Universidad de Oxford halló que los precios de las acciones aumentaron en el 80 por ciento de las empresas analizadas que mostraron buenas prácticas de sostenibilidad.

Los datos sobre la organización y el funcionamiento de las empresas son abundantes, pero las cifras sobre el impacto que ejercen en el mundo real son escasos

Pero, en un mundo de datos desiguales y de relaciones públicas, ¿podemos realmente elegir compañías que marquen la diferencia? Hay un gran salto de una inversión responsable a una estrategia realmente sostenible, una que de verdad actúe para el futuro. Una empresa de energía puede tener un fuerte compromiso con la igualdad de género y pagar el salario mínimo vital, pero si su modelo de negocio gira exclusivamente en torno a la contribución a los gases de efecto invernadero, no es sostenible.

Con demasiada frecuencia, estas compañías obtienen buenos resultados en las métricas tradicionales de ESG, porque los datos sobre la organización y el funcionamiento de las empresas son abundantes, pero las cifras sobre el impacto que ejercen en el mundo real son escasos.

Un análisis propio que vaya mucho más allá del análisis estándar ESG es un aspecto a tener en cuenta. Un buen ejemplo de ello es la utilización de un enfoque basado en tres pilares para integrar la sostenibilidad en todas las decisiones de inversión. Esto se traduce en reconocer a las compañías con una combinación de modelos financieros y empresariales sostenibles y prácticas empresariales sostenibles, que serán los ganadores en el largo plazo.

El primer pilar considera la viabilidad financiera tradicional, teniendo en cuenta métricas como la eficiencia del capital y la generación de cash-flow. El segundo se pregunta si se puede ir más allá de la charla vacía sobre "el lavado verde" para identificar compañías realmente sostenibles. En este punto son clave las métricas que miran al largo plazo para identificar si las compañías han tomado medidas concretas para implementar estas prácticas y si han tenido resultados cuantificables.

Una encuesta reciente reveló que el 70 por ciento de los millennials elegirían empresas y fondos sostenibles para invertir en ellos en lugar de en los no sostenibles

El tercer pilar adopta una visión de verdadero largo plazo, identificando cinco "megatendencias" que configuran la economía del futuro: el cambio climático, la demografía, los recursos naturales, la revolución digital y la igualdad. Esto ayuda a identificar temas y oportunidades de inversión. En el caso del cambio climático, se podrían incluir las energías renovables, el almacenamiento de energía y los coches eléctricos. Creemos que las empresas que cumplen estos tres criterios garantizarán un futuro sostenible para la próxima generación.

Muy a menudo los inversores están tan desconcertados tratando con el presente que ya no les queda energía para imaginar el futuro. Aquí los jóvenes tienen más "aguante", pues lo que está en juego es más importante para ellos. Una encuesta reciente reveló que el 70 por ciento de los millennials elegirían empresas y fondos sostenibles para invertir en ellos en lugar de en los no sostenibles, frente al 21 por ciento de la generación de los Baby Boomers.

En los tiempos que corren es importante construir carteras que reflejen lo que es relevante para los clientes: una cartera meramente verde tal vez u otra que tenga una gran puntuación en diversidad. En resumen, el futuro de la prosperidad a largo plazo radica en cambiar la perspectiva.

Resolver los enormes problemas del mundo insostenible de hoy es, sin duda, desalentador, pero también es una oportunidad a escala mundial, quizás la mayor oportunidad de inversión en la historia moderna. Para nuestros hijos, y para los hijos de nuestros hijos, no hay mayor imperativo.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum0