Opinión

El país se tiñó de morado

Manifestación del 8M en Cibeles.

Hemos vuelto a enviar un mensaje alto y claro al Gobierno, a los partidos políticos y a los empresarios: las cosas no pueden seguir así. La movilización que protagonizamos ayer, 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer, ha ratificado el compromiso absoluto de la sociedad española con la lucha de las mujeres, con la exigencia de cambio, de superar las brechas y las barreras que todavía les impiden condiciones laborales y carreras profesionales equivalentes a las de los hombres.

La movilización ha ganado peso porque, poniendo encima de la mesa el valor histórico de la gran movilización de 2018, la participación ha sido ma-yor y eso significa que, por una parte, hay una mayor conciencia social sobre la discriminación que sufrimos las mujeres y, en segundo lugar, que ésta se ha canalizado ya en una protesta de la ciudadanía, que no se conforma con las buenas palabras, que exige hechos y respuestas de la clase política y empresarial de nuestro país.

En este último año han aumentado las brechas. Las mujeres acceden al mercado laboral en peores condiciones, reciben salarios más bajos y asumen casi en solitario las responsabilidades familiares

El mensaje ha sido, otra vez, tan claro que no creo que los partidos políticos que concurren a las próximas elecciones generales tengan ninguna dificultad para entender qué le preocupa a la gente, sobre qué cosas quiere debatir, y sobre qué cosas espera una respuesta acorde a sus reclamaciones. Y tienen que tener en cuenta que deben contar con nosotras y atender nuestras demandas.

Hay que cambiar las cosas, y hay que empezar a hacerlo mañana mismo. Nosotros no vamos a cejar en la lucha por la igualdad real. No nos basta el papel.

Y en este sentido, las medidas aprobadas el pasado viernes por el Gobierno, sin duda suponen un avance, pero son insuficientes. Exigimos valentía y consideramos un retraso prorrogar en el tiempo la aplicación de medidas, demandadas por UGT, como la equiparación del permiso de paternidad al de maternidad o la obligación de establecer planes de igualdad a las empresas de más de 50 trabajadores.

En este último año han aumentado las brechas. Las mujeres acceden al mercado laboral en peores condiciones, promocionan menos a puestos de responsabilidad, reciben salarios más bajos y asumen casi en solitario las responsabilidades familiares.

Y esto es así porque sigue en pie la reforma laboral y las medidas de recorte y austeridad suponen un freno, junto con otros factores, como pueden ser los culturales -muy a tener en cuenta el lastre que supone la actual cultura empresarial- para alcanzar la igualdad efectiva con los hombres.

Los grupos parlamentarios, antes de iniciar un bombardeo de propuestas electorales, deberían reflexionar sobre los motivos que les ha impedido estar a la altura de lo que exigía la ciudadanía

La situación laboral de la mujer se define en cuatro términos: paro, temporalidad, precariedad y bajos salarios.

Hay que derogar la reforma laboral para acabar así con las leyes que permiten la explotación de las mujeres, las brechas salariales y de todo tipo (de oportunidades, en prestaciones sociales), hacer que las empresas que incumplen sus obligaciones en materia de igualdad sufran las consecuencias; promover un sistema educativo que potencia la igualdad y emprenda la transformación cultural que necesitamos y atajar el acoso y la violencia contra las mujeres, en todas sus formas, para que todos y todas ganemos en libertad

Los grupos parlamentarios, antes de iniciar un bombardeo de propuestas electorales, deberían reflexionar sobre los motivos que les ha impedido estar a la altura de lo que exigía la ciudadanía en ésta y otras materias, al producirse una parálisis de la vida política española. Democracia es libertad, igualdad, pero también diálogo, compromiso y acuerdo.

De igual forma, reitero que acabar con la desigualdad de las mujeres en el mercado de trabajo es una responsabilidad también de las organizaciones empresariales españolas que deberían hacer una autocrítica y dejar de buscar excusas y de jugar con las palabras. Que se sienten a negociar desde una perspectiva de igualdad de género y no para dificultar el diálogo y perpetuar las brechas.

Finalmente, me queda dar las gracias. Gracias a todas y todos por secundar de manera muy importante la huelga que hemos convocado, y a los que hemos mostrado nuestra indignación en las concentraciones y manifestaciones que han recorrido las calles de este país, para poner fin a la situación de discriminación y desigualdad de género.

Nosotras y nosotros, desde la Unión General de Trabajadores, seguiremos luchando, igual que ayer, hoy 9 de marzo y todos los días del año, como siempre hacemos, porque la desigualdad se combate todos los días y todos los días se tienen que convertir en 8 de marzo.

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