Opinión

El Fondo de Liquidez Autónomica cae en un círculo vicioso

Los mecanismos extraordinarios de liquidez que el Estado habilitó para las autonomías en los peores momentos de la crisis continúan vigentes en este ejercicio.

Los años continuados de fuerte crecimiento del PIB no han bastado para que se clausuren. De hecho, en los últimos ejercicios, lo único que se ha producido es un trasvase de beneficiarios entre unos protocolos y otros. Así, Cataluña abandonó el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) en diciembre pasado, pero fue para recibir ahora las inyecciones de la Facilidad Financiera, un mecanismo que exige menores controles pero que sigue implicando condiciones de financiación más laxas que las del mercado.

Uno de los resultados de esta sorprendente pervivencia es bien conocido: la deuda de las autonomías con el Estado está ya en niveles récord (casi 300.000 millones) y continúa al alza. Pero menos familiar es un segundo efecto: la retroalimentación del pasivo que estos mecanismos están provocando.

"Las inyecciones del FLA y la Facilidad Financiera sirven ahora, casi en su totalidad, para pagar los vencimientos de la deuda proveniente del uso de esos mismos mecanismos"

En otras palabras, las inyecciones del FLA y la Facilidad Financiera sirven ahora, prácticamente en su totalidad, para pagar los vencimientos de la deuda proveniente del uso de esos mismos mecanismos. El surgimiento de este tipo de círculos viciosos es la mejor prueba de que su pervivencia carece de sentido en las actuales circunstancias.

Es difícil encontrar una justificación para que se mantengan; especialmente inaceptable sería que se estén empleando para ejercer un papel compensatorio, mientras la reforma del sistema de financiación autonómica llega a su quinto año de parálisis. No hay excusas para que las autonomías vuelvan a asumir la responsabilidad de financiarse por sí solas en los mercados.

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