Opinión

No todos tenemos que ser Google: la digitalización debe llegar a todos los niveles

Imagen: Dreamstime.

Cuando hablamos de transformación digital o de innovación, invariablemente acuden a nuestra mente el mismo puñado de nombres: Google, Tesla, Apple, Uber, Amazon, Microsoft, Netflix… Estos gigantes hacen tanto ruido que se diría que no existe nada más. Y no cabe duda que la revolución digital en la que estamos inmersos debe mucho a estos referentes. No solo por lo que hacen, sino también porque su ejemplo sirve de inspiración a otros que siguen su estela. Son auténticos evangelizadores de la transformación digital.

Sin embargo, el imparable empuje de estas empresas también puede tener un reverso negativo. Ya que ese fulgor es tan grande que puede llegar a desanimar a muchas otras compañías. Empresas menos rutilantes pero que también necesitan transformarse digitalmente. De hecho, lo necesitan imperiosamente.

No olvidemos que el grueso del tejido empresarial no lo conforman, ni mucho menos, las empresas de la economía exponencial, sino millones de pymes y empresas de la vieja economía que operan en todo el mundo. Estas organizaciones tienen también la necesidad y la voluntad de renovarse, de transformarse digitalmente para no perder el pulso de los tiempos. Pero se encuentran con el problema de que al mirarse en el espejo de los Google y Amazon de turno ven ese reflejo tan distante que piensan que ellos jamás podrán alcanzarlo. Creen que llegan tarde, que directamente, no hay sitio para ellas en el universo digital.

Si se compara... dentro de su liga

El primer error que cometen en su análisis es compararse con actores que no juegan en su liga, que están en la Champions de la de transformación digital. Como tampoco es buena idea comparase con las nuevas startup que han surgido en la Era digital. Porque al hacerlo, olvidan que estas nuevas empresas llevan lo digital en su ADN empresarial. Sus negocios se apoyan en la tecnología (o directamente SON tecnología) desde su origen. No han conocido otra cosa ni deben preocuparse de nada más.

Pero las empresas de la "vieja economía" sí han de hacer un doble esfuerzo, ya que tienen que tratar de adaptar sus modelos de negocio a los nuevos entornos digitales sin perder la esencia de sus modelos tradicionales, que son "analógicos". Es decir, una startup de movilidad compartida ha nacido en un mercado digital y con coordinadas de economía colaborativa.

Pero una empresa que vende seguros o patatas fritas debe, además, preocuparse por otros aspectos más convencionales. ¿Quiere decir esto que el fabricante de patatas fritas o el corredor de seguros no necesitan transformarse digitalmente? ¡Claro que lo necesitan! ¡Y rápido! Lo que no les hace falta a estas empresas es ser permanentemente disruptivos y audaces como Uber o Netflix. Básicamente, porque su negocio no se mueve en esos parámetros.

La transformación digital es tan necesaria para las empresas de la vieja economía como para las de la nueva, pero ni sus velocidades ni sus niveles de intensidad serán las mismas. Quizá Google necesite reinventar la rueda continuamente porque en eso consiste básicamente su negocio y además es lo que se espera de ella, pero ese no es el caso de la mayoría de las empresas tradicionales. Para ellas, bastará con que la tecnología les permita renovar o adaptar sus ruedas de siempre a la nueva velocidad que les va a exigir el mercado.

Así planteada, como una herramienta que permita responder y adelantarse a las nuevas necesidades de sus clientes pero sin necesidad de destruir la esencia de sus negocios tradicionales, la transformación digital es una poderosísima herramienta en manos de todo tipo de organizaciones. Y lo mejor es que está a su alcance hacerlo. Eso sí, mejor hoy que mañana. Con los pies en el suelo, pero sin pasarse de prudencia. Porque para transformarse digitalmente no hace falta llegar a La Luna, pero siempre será buena idea atreverse a volar un poco.

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