Opinión

¿Fumata blanca en los Presupuestos?

  • PDeCat y ERC se preparan para apoyar los PGE, aunque ahora lo nieguen
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Imagen: EFE

Pocas veces los empresarios suelen manifestar su opinión sobre lo que piensan de la economía, sobre todo si están en presencia de políticos. Por eso fue una rara excepción el Congreso celebrado esta semana por la Empresa Familiar. El presidente de Mercadona, Juan Roig, se quejó del lío político que desvía la atención de los problemas económicos, y después el de la Empresa Familiar, Francisco Riberas, recordó en presencia de Pedro Sánchez que estamos peor que en 2008 y le reprochó la falta de reformas.

Los empresarios salen del armario, como pidió Roig, aunque solo sean los que tienen músculo suficiente para enfrentarse al Gobierno. Muchos de ellos dependen de concesiones o contratas autonómicas o municipales, que limitan su libertad de expresión.

No creo, de todas maneras, que las quejas hicieran mella en el presidente. Entre otras cosas, porque Sánchez no entiende bien cómo funciona la economía. Su obsesión es ganarse a las clases humildes con prebendas, a costa de lo que en el socialismo se llama ricos, aquellos con ingresos anuales superiores a los 140.000 euros.

En el Foro de la Empresa Familiar, Sánchez aseguró que las grandes firmas pagan menos del 10 por ciento en Sociedades. "¿Les parece justo?", remarcó desafiante. Lo que no sabía es que ninguno de los asistentes al encuentro estaba en esa situación y que la mayoría tiene capacidad para mover sus inversiones fuera de España.

La decisión de la Abogacía General del Estado de no pedir el delito de rebelión para los independentistas presos por el 1-O responde a la exigencia por Oriol Junqueras de un gesto a Sánchez

¿Y en qué está el presidente del Gobierno? En alargar lo más que pueda su mandato para que cale su mensaje al estilo Robin Hood. Para eso necesita tiempo y que sus medidas, contenidas en los Presupuestos, de 2019 pasen el escollo del Congreso.

La decisión de la Abogacía General del Estado de no pedir el delito de rebelión para los independentistas presos por el 1-O responde a la exigencia por Oriol Junqueras de un gesto a Sánchez para apoyar las Cuentas en el Congreso. Aunque el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, negó que vayan a votar a favor, dado que la Fiscalía mantiene acusaciones de hasta 25 años de prisión para el líder de ERC.

Los diputados de PDeCat fieles a Carles Puigdemont también han em-pezado a virar su voto a favor del Presupuesto, pese a que Torra lo niega ahora. Ambos grupos quieren impedir la llegada de un Gobierno de PP y Ciudadanos. El mismo argumento que utiliza el PNV para dar su voto a Sánchez. Si lograra el de Junqueras, las Cuentas Generales contarán con suficiente mayoría para su ratificación.

¿Hará Sánchez caso a los empresarios? Ni de broma. Su batalla es política y la economía está a merced de sus intereses personales. Es de lo que se quejaron Roig y Riberas y es la pura realidad

Sánchez conseguiría, de paso, contentar a Miquel Iceta, que explora la repetición de un Tripartito al estilo del presidido por José Montilla con ERC y Podemos en Cataluña.

El único inconveniente es que la retirada del delito de rebelión llega en vísperas de unas elecciones andaluzas. ¿Es el golpe bajo de Sánchez a Susana Díaz? Desde luego, dejarla fuera de juego lo convertiría en el Rey Sol del socialismo, como Luis XIV.

¿Hará Sánchez caso a los empresarios? Ni de broma. Su batalla es política y la economía está a merced de sus intereses personales. Es de lo que se quejaron Roig y Riberas y es la pura realidad.

En Europa saltaron las alarmas con un crecimiento del PIB de solo el 0,2 por ciento en el tercer trimestre, un tercio que el año pasado

Los socialistas están convencidos, además, de que la economía va a seguir con su buena trayectoria. Las últimas cifras de PIB, el 0,6 por ciento en el tercer trimestre, el más sólido de Europa, avalan su pensamiento. Aunque el diablo suele estar en los detalles y resultados pasados no garantizan los futuros. Hay un montón de datos, desde el consumo, a la producción industrial o las exportaciones que ofrecen signos de debilidad. Solo el petróleo, que ronda de nuevo los 60 dólares debido a las subidas de inventarios en EEUU y las tensiones con Arabia Saudí, dibujan un aspecto favorable.

En Europa saltaron las alarmas con un crecimiento del PIB de solo el 0,2 por ciento en el tercer trimestre, un tercio que el año pasado. Lo más preocupante es Italia, cuya actividad se estancó, con un Gobierno en pulso permanente con Bruselas por su negativa a recortar el déficit.

La única esperanza está puesta en que Alemania siga tirando del resto. El anuncio de Donald Trump de que puede alcanzar un acuerdo con el presidente chino Xi Jinping, es un chute de confianza para las economías exportadoras, como la germana. Las tensiones comerciales son las causantes de la ralentización del crecimiento mundial, según coinciden los expertos reunidos en Bali por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

A Trump le aprieta el zapato, porque el próximo martes tiene unas elecciones en las que puede perder la mayoría en el Congreso. Pero aún es pronto para tener un veredicto y celebrar un acuerdo con China.

Ahora las miradas están puestas en la reunión del G-20 a finales de noviembre, en Buenos Aires, donde se verá con Xi Jimping. Si, además, Angel Merkel fuera la candidata para sustituir a Jean-Claude Juncker, la confianza en Europa podría regenerarse.

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