Opinión

Cómo será la globalización si China se convierte en su líder

Imagen de Istock

El unilateralismo errático del presidente estadounidense, Donald Trump, representa nada menos que la abdicación del liderazgo económico y político mundial. La retirada de Trump del acuerdo sobre el clima de París, su rechazo del acuerdo nuclear con Irán, su guerra arancelaria, sus frecuentes ataques a los aliados y el abrazo a los adversarios han convertido rápidamente a Estados Unidos en un socio poco fiable en la defensa del orden internacional.

Pero las políticas de America First de la Administración han hecho más que descalificar a Estados Unidos del liderazgo mundial. También han creado un espacio para que otros países reformen el sistema internacional a su gusto. Es probable que aumente la influencia de China, en particular.

Consideremos, por ejemplo, que si la Unión Europea percibe a los Estados Unidos como un socio comercial poco fiable, tendrá un incentivo proporcionalmente mayor para negociar un acuerdo comercial con China en condiciones aceptables para el Gobierno del presidente Xi Jinping. En términos más generales, si Estados Unidos le da la espalda al orden mundial, China estará bien posicionada para tomar la delantera en la reforma de las reglas del comercio y la inversión internacional.

Así que la pregunta clave a la que se enfrenta el mundo es la siguiente: ¿qué quiere China? ¿Qué tipo de orden económico internacional tienen en mente sus líderes?

Para empezar, es probable que China siga siendo un defensor del crecimiento impulsado por las exportaciones. Como Xi dijo en Davos en 2017, China está comprometida "con el crecimiento de una economía global abierta". Xi y su círculo obviamente no querrán desmantelar el sistema de comercio mundial.

China depende más de los acuerdos comerciales bilaterales y regionales y menos de las rondas de negociaciones multilaterales

Pero en otros aspectos, la globalización con características chinas diferirá de la globalización tal como la conocemos. En comparación con la práctica habitual después de la Segunda Guerra Mundial, China depende más de los acuerdos comerciales bilaterales y regionales y menos de las rondas de negociaciones multilaterales.

En 2002, China firmó el Acuerdo Marco de Cooperación Económica Amplia con la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental. Posteriormente ha negociado acuerdos bilaterales de libre comercio con otros 12 países. En la medida en que China sigue dando más importancia a los acuerdos bilaterales que a las negociaciones multilaterales, su enfoque implica una disminución del papel de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El Consejo de Estado chino ha pedido una estrategia comercial que esté "basada en la periferia de China, irradie a lo largo de la Cinta y la Carretera, y mire hacia el mundo". Esto sugiere que los líderes chinos tienen en mente un sistema de centro y radio, con China como centro y los países de su periferia como radios. Otros prevén la aparición de sistemas comerciales de centro y radio centrados en China y también posiblemente en Europa y Estados Unidos, un escenario que se hace más probable a medida que China comienza a remodelar el sistema comercial mundial.

El Gobierno puede entonces elaborar otros acuerdos institucionales centrados en China para complementar su estrategia comercial. Ese proceso ya ha comenzado. Las autoridades han establecido el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, dirigido por Jin Liqun, como alternativa regional al Banco Mundial. El Banco Popular de China ha puesto 500.000 millones de dólares en líneas swap a disposición de más de 30 bancos centrales, desafiando el papel del Fondo Monetario Internacional. Para ilustrar la influencia de China, en 2016 el Banco de Desarrollo de China, administrado por el Estado, y el Banco Industrial y Comercial de China proporcionaron 900 millones de dólares en ayuda de emergencia a Pakistán, ayudando a su Gobierno a evitar, o al menos retrasar, el recurso al FMI.

Un sistema internacional ahormado por China también dará menos importancia a los derechos de propiedad intelectual. Aunque uno puede imaginarse un cambio de actitud del Ejecutivo chino a medida que el país se convierte en un desarrollador de nuevas tecnologías, lo cierto es que la propiedad privada siempre ha estado limitada en el sistema socialista estatal de China. Por lo tanto, es probable que las protecciones de la propiedad intelectual sean más débiles que en un régimen internacional dirigido por Estados Unidos.

El Gobierno de China busca dar forma a su economía a través de subsidios y directivas a empresas estatales y otras. Su plan Made in China 2025 para promover las capacidades de alta tecnología del país es solo la última encarnación de este enfoque. La OMC tiene normas destinadas a limitar las subvenciones. Un sistema de comercio liderado por China, como mínimo, relajaría tales restricciones.

Un régimen internacional dirigido por China también estaría menos abierto a las entradas de inversión extranjera directa. En 2017, China estaba solo por detrás de Filipinas, Arabia Saudí e Indonesia, entre los más de 60 países clasificados por la OCDE según el carácter restrictivo de sus regímenes de entrada de IED.

Estas restricciones son otro dispositivo más diseñado para dar a las empresas chinas espacio para desarrollar sus capacidades tecnológicas. El Gobierno presumiblemente favorecería un sistema que autorice a otros países a usar tales políticas. En este mundo, las multinacionales estadounidenses que buscan operar en el extranjero se enfrentarían a nuevos obstáculos.

Por último, China sigue ejerciendo un estricto control sobre su sistema financiero y manteniendo restricciones a las entradas y salidas de capital. Si bien el FMI ha mostrado recientemente una mayor simpatía por estos controles, un régimen internacional dirigido por el gigante asiático sería aún más tolerante con su uso. El resultado serían barreras adicionales para las instituciones financieras estadounidenses que buscan hacer negocios a nivel internacional.

En resumen, mientras que una economía global liderada por China permanecerá abierta al comercio, será menos respetuosa con la propiedad intelectual que Estados Unidos, menos receptiva a la inversión extranjera de este último país y menos acomodaticia a los exportadores estadounidenses y a las multinacionales que buscan igualdad de condiciones. Esto es lo contrario de lo que la Administración Trump dice que quiere. Pero es el sistema que probablemente engendrarán las propias políticas de esta Administración.

comentariosforum2WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin

forum Comentarios 2

En esta noticia no se pueden realizar más comentarios

hola
A Favor
En Contra

China hace trampas y no le va mal

Puntuación 2
#1
jan
A Favor
En Contra

China lo quiere todo, y su pensamiento es el dominio mundial. Han pensado a largo plazo y será peor que con los EE.UU. Tiempo al tiempo. Europa mientras desintegrándose interiormente con políticas suicidas.

Puntuación 0
#2