Opinión

Liquidar los problemas económicos básicos

Teníamos, ante nosotros, seis grandes problemas básicos, desde el punto de vista de la economía española. Habían nacido o se habían consolidado en la etapa que transcurre de 2008 a 2014, durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Estos problemas, bien visibles en ese período, eran el del paro, el del déficit del saldo por cuenta corriente, el de una colosal deuda pública, el del sector energético, el demográfico -con descenso en la población y aumento en el grado de envejecimiento global- y el de la división del mercado interior a causa de derivaciones de la legislación de las autonomías y de la aparición de fuertes movimientos separatistas en algunas regiones españolas.

De estos seis problemas muy serios, afortunadamente se han resuelto dos, pero, naturalmente, quedan ante nosotros, y además con urgencia, la necesidad de solucionar los otros cuatro.

Pasemos revista a los seis. Uno, en el que ahora existen aciertos claros, era el muy grave vinculado con la caída simultánea, y lógica, en el PIB y en el empleo. Señalo su mejoría clara con el dato de la Encuesta de la Población Activa del Instituto Nacional de Estadística. Muestra que la reforma laboral del Gobierno Rajoy, dirigida por una excelente ministra de Empleo, Fátima Báñez, consiguió que, al cesar ambos a causa del voto de censura planteado por Sánchez con la colaboración clave del PNV, en junio de 2018 hubiese 19,3 millones de empleados en España, con la tasa de paro más baja tenida a lo largo de los últimos diez años. Era un lógico derivado de la reforma laboral planteada para flexibilizar el empleo, algo que ya habían señalado una oleada de importantes economistas. Recordemos, por ejemplo, el impacto causado por las declaraciones que hizo en Madrid el premio Nobel de Economía Phelps, al mostrar su discrepancia con la postura del profesor de Política Económica Sánchez Ayuso, vinculado al PSP de Tierno Galván. Téngase en cuenta que éste había logrado que no triunfase la postura de Fuentes Quintana en favor de una reforma laboral en los Pactos de La Moncloa. Cabalmente esto es lo que se logró llevar adelante con la política ya mencionada Rajoy-Báñez, que había logrado al final de su administración, la tasa de desempleo más baja de los últimos diez años.

Es preciso, también, en relación con este mercado, señalar lo que ha escrito recientemente Ramón Tamames en Economía española 2017 (Editorial Diario). Indica que el empleo oculto "podría estar por encima del millón y medio de trabajadores" a más de que "muchos jubilados y pensionistas… siguen trabajando, tal vez en cifra no menor de medio millón".

Y a este problema al que ya se le veía solución, hay que agregar el del sector exterior. Según la misma obra de Tamames, existió un cambio en el modelo de crecimiento, especialmente referente al que denomina modelo de "economía de ladrillo especulativo", que se desarrolló ampliamente en la etapa de Rodríguez Zapatero, y que se ha sustituido por otro de expansión de las exportaciones, que genera, a su vez, avance general en el PIB. El cambio derivado ha sido gigantesco. En 2007, el déficit exterior por cuenta corriente era superior al 10 por ciento en términos del PIB; en el año 2016, el saldo ha pasado a ser positivo, un 1,9 por ciento del PIB, y también positivo en un 1,9 por ciento de un mayor PIB en 2017 y también en tasa anual y con un PIB mayor, continuaba siendo de 1,9 por ciento del PIB en el primer trimestre de 2018, según los datos aparecidos en IM06, el informe mensual de junio 2018 de CaixaBank Research.

Con todo lo señalado, se observan ventajas para el futuro de nuestra economía, pero no por lo que se refiere a los cuatro serios problemas. En primer lugar está el de la deuda pública, que con las noticias en torno al debate presupuestario, se aleja de cualquier solución. La cuestión demográfica ni de lejos se ha abordado, pero por lo que se refiere a capacidad productiva, las perspectivas de una fuerte inmigración africana no parece que mejoren nuestras posibilidades. Las declaraciones de la ministra Teresa Ribera, encargada de la cartera de la Transición Energética, quien consideró, que el camino hacia la descarbonización es positivo porque puede traducirse, según se lee en La Nueva España de 6 de agosto de 2018 "en una importante creación de empleo verde, en los territorios que se vean golpeados por el cierre de las centrales térmicas alimentadas con carbón", frases que muestran notable ignorancia por lo que se refiere a los problemas de expansión energética con insumos baratos, problema fundamental para España.

Queda, por tanto, mucha tierra por arar, y sin hacerlo carece de sentido creer que el futuro español está despejado, y esto es aún más preocupante si tenemos en cuenta que el panorama exterior, que previamente ayudaba mucho, da la impresión de que va, más bien, a crear problemas en cuatro ámbitos fundamentales para España: el de Reino Unido a causa del Brexit; el de la política de Trump en EEUU; el de presiones asiáticas cada vez más poderosas y, finalmente, los caos importantes que comienzan a crecer en Iberoamérica, lugar hacia donde las inversiones y las exportaciones españolas últimamente se habían dirigido. Por ello el vigilar de la política económica que lleve adelante el actual Gobierno, no es que sea necesario, es que es obligadísimo.

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