Opinión

La liga de la justicia... fiscal

Foto: Dreamstime.

Siempre fui más de Marvel que de Detective Comics (DC). Pero la liga y la justicia que aludo se refieren a las palabras del presidente Sánchez sobre lo que ha denominado "fiscalidad justa" y la opción entre un "sistema fiscal de tercera o de primera" para financiar "un Estado de Bienestar de primera", esgrimiendo símil futbolístico.

No habrá paz para los contribuyentes, que parecen mayoritariamente encantados con las sempiternas promesas del socialismo de todos los partidos de más y mejores prestaciones públicas, sociales o como quiera adornarse el lenguaje prosaico de lo económico y lo social, que tan buen resultado tiene para seducir voluntades; tan útil para implantar análisis superficiales; y tan eficaz resulta para que cedamos nuestras vidas y voluntades al poder, solo que ahora no en contextos despóticos o totalitarios sino democráticos, envistiéndolo de una legitimidad engañosa y espuria.

Después de todo, el inventor del Estado de Bienestar fue un militar estadista, conocido como el Canciller de hierro, y lo primero que hizo un Gobierno del PP en 2012, nada más estrenar una mayoría absoluta y en medio de una situación de verdadera dificultad para los españoles fue subir, mucho, todos los impuestos antes que recortar los gastos. Aunque se haya imbuido las mentes y la comunicación de brutales recortes y austeridad (también austericidio), los gastos nunca se han reducido realmente, ni se han racionalizado o hecho más eficientes. ¿Dónde están todos los programas de reforma de la Administración Pública, desde tiempos lejanos hasta el famoso CORA de 2012?

Pensiones; educación; sanidad; empleos públicos (por encima de los tres millones); empresas, entes, fundaciones u organismos públicos; endeudamiento; programas por doquier de gasto; e incluso inversiones públicas en AVE (ferrocarriles), autovías y autopistas, puertos y aeropuertos, desaladoras, etc., que un informe de la Asociación de Geógrafos Españoles -y otro de la UE, referido solo al AVE- han puesto en entredicho por el mucho despilfarro habido… Siempre habrá algún motivo para que el poder, las autoridades, nos quite lo que ganamos honradamente con nuestro esfuerzo o talento y parezca, o lo conviertan en, justo. ¿Dónde está o qué es justo a este respecto?

En ningún momento sostengo que no sean necesarios buena parte de esos gastos e inversiones. Lo difícil es evitar, discurso o impulso sentimental por medio, las verdaderas injusticias que surgen de, sin necesitarlo realmente y disponiendo de los medios, talentos, fuerzas o capital, humano o de cualquier otro tipo, que dispone todo individuo en una sociedad, aquellas personas o grupos de personas que viven a costa del resto de la sociedad. Y, me temo, que eso es en lo que se han transformado nuestros sistemas públicos de redistribución, tornados por mor del marketing en sistemas de bienestar social, donde además hay grupos y organizaciones que sacan buen rédito de todo ese entramado con dinero público. No son pocos, casos aislados, ni baladí, en términos presupuestarios de corporaciones locales, diputaciones, autonomías o administración central.

Cuando el presidente Sánchez plantea un impuesto finalista (por cierto, una idea o lógica medieval subyace a esa figura) para pagar las pensiones, bien sea sobre carburantes o grandes empresas, lo que en realidad está admitiendo es que el actual sistema de pensiones, tanto en lo que se refiere a gastos como a su financiación, no es viable y que necesita otras fuentes. ¡Evidente! Como que el sistema es financieramente un bluf. Y, por cierto, tratar de "destopar" las contribuciones, sin hacer lo propio con las pensiones, lo convierte, todavía más, en un sistema piramidal, fraudulento.

Cuando el presidente Sánchez dice que tenemos un sistema fiscal de tercera o injusto y, por consiguiente, intenta persuadirnos de que aceptemos mayores impuestos, debería considerar que -más o menos, con pequeñas diferencias por comunidades, y en promedio- los españoles dedicamos la mitad del año a trabajar, producir, esforzarnos y obtener ganancias y rentas para el Estado, en cualquiera de sus variantes: políticos y asimilados se quedan con, y administran, la mitad de lo que ganamos.

Cuando los políticos hablan de sanidad o educación gratuita, ni lo son, ni nos la proporcionan ellos; apenas se apropian de su provisión, gestión y administración, por cierto de forma ineficiente y con déficit, cercenando sin parar nuestra libertad. La educación en manos del poder siempre se utiliza para "formar el espíritu, nacional o cívico", a la manera de burócratas e ideólogos, no como quieran las familias. Las personas dignas y libres son aquellas que aspiran a ganarse su vida y sustento por sí mismas, con sus capacidades, habilidades y esfuerzo; no a costa de -y disminuyendo- las posibilidades o capacidades de los demás. Esto no es justo, en tanto que aquello es lo que hace que una sociedad sea de primera. Y el Estado, a lo suyo: que no es buscar nuestra felicidad ni procurar nuestro bienestar.

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Genial artículo

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