Opinión

'Sandbox': el tren al que debemos subirnos

El título de este suelto se refiere a la oportunidad que se le presenta a España, no al autor, al despacho de abogados al que pertenece o a la Asociación Española de Fintech e Insurtech.

La implantación del sandbox es un tren que no se puede perder: debe ser una prioridad para impulsar el desarrollo económico de nuestro país así como para lograr esa ansiada estabilidad y seguridad financiera que todos buscamos y pretendemos.

El Proyecto de Ley de medidas para la transformación digital del sistema financiero finalizó su trámite de consulta pública previa el pasado 7 de junio. Este innovador proyecto prevé la implantación de un sandbox en España de manera inmediata; entendemos que no puede paralizarse el desarrollo y ejecución de este formidable proyecto y, por supuesto, que su normal aplicación y desarrollo legislativo debe continuar. El proyecto define el sandbox regulatorio como un espacio controlado de pruebas para las empresas con ideas innovadoras, basándose en "un conjunto de disposiciones que amparan la realización controlada y delimitada de pruebas dentro de un proyecto que puede aportar una innovación financiera de base tecnológica".

Si lo queremos expresar de una forma mucho más simple, un sandbox es un banco de pruebas para empresas con ideas innovadoras, que encontrándose en un estado incipiente de su actividad empresarial o en su inicio como startup, si fuera el caso, no pueden cumplir con todo el marco regulatorio que se les exige pero sí que tienen una gran idea, con tecnología de apoyo y una base de clientes que desarrollar, servir y, en general, un grupo de consumidores al que ayudar en sus finanzas.

La forma de articular el funcionamiento de un sandbox podría compararse con la participación en un concurso público, en una licitación. La Administración estatal publicará las bases para la participación en un entorno sandbox y las empresas interesadas se presentarán al mismo. Las ideas más brillantes e innovadoras, pero a la vez sólidas y viables pasarían a entrar dentro del ámbito de protección y supervisión de la Administración durante un período determinado de tiempo, nunca superior a un año, para desarrollar su proyecto y sentar las bases de su licencia futura y así operar con normalidad en el mercado financiero.

Se espera que el Proyecto de Ley de transformación digital, una vez siga su curso normal si hay visión de futuro por parte del legislador, comprenda un sandbox de doble vertiente, de exención y de no sujeción, es decir que permita que no se apliquen determinadas normas específicas en nuestro ordenamiento a las empresas con ideas innovadoras siempre que no haya perjuicios para ningún tercero (de exención) o que facilite la entrada en el mercado financiero de ideas no reguladas (de no sujeción).

La implantación de un sandbox implicaría muchos beneficios para nuestro país y desde varias perspectivas: para el regulador, para el consumidor y por supuesto para las empresas que entran dentro de su marco de aplicación y protección. Para el regulador por los poderes que un sandbox le otorga y el control sobre las acciones de un sector empresarial que de otra forma quedaría totalmente fuera de su ámbito. Para el consumidor por la protección que se le concede por parte del regulador, no debemos olvidar que un sandbox opera siempre con clientes reales, con las expectativas económicas de los ciudadanos.

La oportunidad para España es evidente. El único país europeo que ha desarrollado un sistema sandbox es Gran Bretaña, que como todos sabemos abandonará la UE por decisión propia muy pronto. Si desarrollamos un sandbox serio y efectivo con rapidez, los beneficios económicos serían inmediatos, además de que se atraería mucha inversión extranjera para la implantación de nuevas ideas en el espacio económico de la UE. Según los cálculos proporcionados por la AEFI, la puesta en marcha de un sandbox en España implicaría una inversión superior a los 500 millones de euros y la creación de más de 4.500 empleos.

Si otros países de la UE implantaran el sandbox antes que España es evidente que el inversor extranjero se dirigiría a ese país, pero no solo el inversor, también el talento que opera en nuestro país en el marco fintech e insurtech, que buscaría desarrollar sus ideas en un entorno favorable. Malta, que pertenece a la UE, parece que lo hará efectivo en breve. En definitiva, la reflexión que nos ocupa ahora mismo es si dejaremos escapar esta oportunidad o no.

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