Opinión

Pros y contras de la depreciación del euro

  • El 50% de nuestras exportaciones es a Europa

El efecto más seguro de la tan deseada expansión monetaria es la pérdida del valor del euro en relación con las monedas que no están sometidas a esos procesos expansivos. Al aumentar el volumen circulatorio de una moneda habrá una desproporción en relación con el volumen de las otras monedas y por eso habrá que emplear más unidades de la moneda depreciada para conseguir una unidad de las monedas que se mantienen estables.

En estos meses hemos ido comprobando la pérdida del valor del euro con respecto al dólar porque los mercados se han ido anticipando a las consecuencias que tendría la anunciada política monetaria y, a mediados de marzo, el valor del euro bajó al 1,051 dólares con una cotización en mínimos que no se había dado desde la primavera del 2003 y muy por debajo de la cotización con que inició su existencia el euro en 1999 (1,1667 dólares por un euro).

Las fluctuaciones en el valor de las monedas son, en teoría, un factor perturbador en el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios de la economía real y por eso la estabilidad es un principio fundamental en la orientación de la política de los Bancos Centrales, aunque en la práctica no todos le den la misma importancia. En cualquier caso, sólo en situaciones anormales de crisis, se justifican medidas desestabilizadoras como las que actualmente afectan al euro.

En cuanto a las consecuencias que puede tener la desestabilización de una divisa en el funcionamiento de una economía, hay que distinguir lo que puede ocurrir en la economía real o en la economía financiera.

El efecto inmediato de la devaluación de la propia moneda es que se reducen los precios de las exportaciones porque el valor de un producto, expresado en una divisa depreciada, resulta más competitivo. Pero como más del 50 por ciento de las exportaciones de nuestro país se dirigen a la eurozona, la devaluación del euro tendrá un efecto limitado al favorecer sólo a las exportaciones hacia países con otras monedas. Tendremos, por eso, ventajas competitivas con los países del dólar y para mejorar las exportaciones a los países del euro, tendremos que seguir con la llamada devaluación interior. Países como Alemania que tienen un importante volumen de exportación a zonas con otras monedas, serán los grandes beneficiarios de un euro depreciado.

La otra cara de las consecuencias de la devaluación del euro es que se encarecerán las importaciones de productos procedentes de fuera de la eurozona, lo cual se agravaría si además en esos países se estuviera dando una revalorización de la propia moneda. Para nuestro país que necesita importar algunos productos básicos, como son los carburantes y determinadas materias primas, esto sería muy grave si no se hubiera dado la feliz coincidencia de la inusual caída del precio del petróleo y de algunas materias primas.

Como se ve las consecuencias de la devaluación del euro tendrán, por tanto, unas ventajas bastante limitadas para nuestra economía real y para la de la mayoría de los países de la eurozona.

La devaluación de la propia moneda, además de las consecuencias que hemos visto tiene en la economía real, tiene también otros efectos sobre la economía financiera, que con frecuencia se suelen olvidar.

Al perder valor una moneda, todos los patrimonios monetarios, expresados en dicha moneda, se verán afectados por esa devaluación. Los acreedores que han comprado cualquier producto financiero, antes de la depreciación monetaria, verán reducidas sus fortunas si la necesidad de disponer de algunos recursos tuviera que hacerse efectiva en los momentos en que está vigente la devaluación de esa moneda. Se mantendrá la cifra de la operación realizada en la adquisición de los diferentes títulos financieros, pero su valor se verá disminuido por la pérdida del poder de compra de la moneda. Naturalmente lo contrario ocurre cuando se da una revalorización.

Como puede suponerse, en estas circunstancias se ofrecen muchas oportunidades para los que se dedican, en sus múltiples formas, a la especulación con divisas. Pero la inestabilidad, que esto genera, en nada ayuda al funcionamiento normal de los mercados de bienes y servicios, que es lo que en realidad interesa a la mayoría de los ciudadanos.

Las circunstancias han conducido, pues, al euro a una situación radicalmente opuesta a la que caracterizó su diseño y los primeros años de su existencia, cuando alcanzó una estabilidad y un valor que el dólar hubiera querido para sí. Sólo queda que se aprenda de la experiencia y se tomen las medidas necesarias para que no vuelvan a repetirse los acontecimientos que han llevado a un cambio tan radical de lo que se pretendió que fuera una original moneda, al servicio de una economía, enraizada en los valores y tradiciones humanistas de la cultura europea.

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