Opinión

La guerra Rusia-Ucrania, pero ¿con la cabeza o con el corazón?

24 de febrero de 2022. Vladimir Putin decide comenzar una operación militar especial en Ucrania. Era jueves, casi viernes. Esa noche me fui a dormir sin sirenas sonando a mi alrededor y sin tener que esconderme en una boca de metro. Me fui a la cama pensando en lo que estarían sintiendo las personas que estaban en Kiev esa noche.

Me despierto, leo las noticias y veo que los burócratas europeos amanecen el viernes en la mañana "deeply concerned". Otra vez.

Es fin de semana. La sociedad se manifiesta en las calles de las principales ciudades europeas y redes sociales. Otros países ofrecen a Zelensky evacuarlo del país, pero decide quedarse con su gente. Conecta con la sociedad europea como ningún otro dirigente lo ha conseguido hacer últimamente. Mientras, Putin se reúne en una mesa larga, muy larga. Me pregunto si nuestros líderes actuarían de la misma forma en una situación similar. Quizás la posición de Zelensky junto con otras cosas, hace replantearse la posición a los burócratas europeos y nacionales. Comienzan las sanciones contra Rusia.

Ucrania aguanta militarmente, y Rusia empieza a sufrir las consecuencias de las primeras sanciones. Parece que todo va lo bien que puede ir mientras caen bombas y muertos en Ucrania. Pasan unos días, y…

La electricidad sube a un ritmo endemoniado por la subida del precio del gas, hasta el punto de que varias empresas cesan sus actividades. El petróleo se dispara y se plantea una huelga de transportes.

El níquel (materia prima necesaria para la fabricación de baterías) deja de cotizar y el propio Elon Musk comunica en su cuenta Twitter: «Odio decirlo, pero necesitamos aumentar la producción de petróleo y gas de inmediato. Tiempos extraordinarios exigen medidas extraordinarias».

El aceite de girasol se termina en los supermercados españoles porque Ucrania y Rusia son los grandes productores de aceite de Europa. También hay problemas con el trigo y con el maíz. Alemania duplica el gasto militar y Suiza rompe su neutralidad, cosa que no hizo ni con la Segunda Guerra Mundial. La inflación roza el 10%. Un representante de una asociación de empresarios del que no recuerdo su nombre pedía que no se impusieran sanciones a Rusia porque afectaba a sus negocios.

Todo esto ha pasado en algo más de dos semanas.

Con casi toda seguridad estamos en el momento de mayor incertidumbre de los últimos 80 años. Y una buena muestra de ello es que un taxista esta mañana me dijo que prefería que volviese otra pandemia en lugar de una guerra. Hacía referencia a los efectos en la economía. El mundo ya no va a ser como lo conocíamos hasta hace un par de semanas. Pero, sobre todo, en dos semanas ha aparecido un país dentro de la Unión Europea de más de 2.500.000 de habitantes en Europa. 2.500.000 de personas sin trabajo y muchos sin tener donde alojarse, pero también sin tener donde volver porque sus casas y sus ciudades están destruidas. Un país que crece en población al ritmo de alrededor de 100.000 personas nuevas.

Mira. Este fin de semana estuve tomando una cerveza con un amigo que trabaja en una multinacional del plástico. Me dijo que en el mes de marzo del año 2021 la factura de la luz les había subido a poco más de 300.000 euros. La factura prevista para este mes de marzo era de alrededor de 1 millón de euros. Facturan 90 millones al año. El coste de la energía podría pasar de suponer un 4% de los gastos anuales a estar en torno al 13%.

Ahora mismo, más del 40% del gas que se consume en Europa proviene de Rusia y traerlo de otro país resulta casi imposible. Esto permite a Rusia poner el precio que le dé la gana. Europa le pone sanciones, Rusia aumenta el precio del gas y seguimos comprándolo porque lo necesitamos. Todo apunta a que la guerra no terminará en una semana. Y a más duración las consecuencias serán aún más asoladoras: mayor inflación, menor demanda, aumento de impuestos, aparición de productos sustitutivos… Y, sobre todo, más sanciones y prohibiciones.

La escalada de precio de las materias primas no tiene pinta de parar aquí, el precio de los combustibles y gas probablemente siga subiendo o al menos se quedé en la zona en la que está y poco a poco algunos productos irán desapareciendo del mercado. Esto hará que tú también tengas que subir los precios.

Las claves son: ¿Cuál es el precio máximo que estará dispuesto a pagar tu cliente? ¿Cuántas ventas vas a realizar con estos nuevos precios? ¿Vas a generar el dinero suficiente que permita a tu negocio sobrevivir?

Si quieres sobrevivir con tu negocio es muy importante dejar de lado las emociones que te puedan suscitar esta triste situación y que te centres en tu negocio y en cómo este escenario puede repercutir. Llegó el momento de meditar y pensar mucho las decisiones. Llegó el momento de tomar decisiones conscientes.

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Comentarios 1

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Y espere, que esto no ha hecho mas que empezar...ya que parece que nuestros amados líderes se saltaron muchas clases en su época de estudiantes, a veces, pienso que se debieron de saltar todas, (Historia, economía, geografía, química, matemáticas…) porque si no, no se explica su empecinamiento contumaz.

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