Opinión

La tragedia latinoamericana

Penguin Random House acaba de publicar (en enero de 2022) Delirio americano, del ensayista colombiano Carlos Granés. Es un libro que recomiendo, apreciados lectores, porque recoge la tragedia que las revoluciones le han traído a Latinoamérica. El autor comienza así:

"Este libro es un solo ensayo, tres tratados distintos, un manual de consulta o un texto corto dependiendo de los intereses que orienten su lectura. Como al final lo que encontrará, o eso espero, es un tesoro en forma de conocimiento, información, ideas, interpretaciones y hasta juicios, a la izquierda encontrará un mapa que facilitará cualquier tipo de búsqueda o aventura que emprenda."

Hace pocos días, en Letras Libres el profesor parisino Gilles Bataillon ponía su lupa sobre el régimen totalitario que han impuesto en Nicaragua la pareja Daniel Ortega y Rosario Murillo, una dictadura que para los españoles, como un servidor, resulta, en verdad, incomprensible. Por ejemplo, las elecciones nicaragüenses tuvieron apariencia democrática, pues los electores fueron llamados a elegir un presidente, una vicepresidenta y noventa diputados pero no tuvieron libertar de votar a candidatos de la oposición, pues no había. Sólo estaban autorizados a participar como candidatos el presidente y la vicepresidenta en funciones, la pareja Ortega-Murillo.

Los candidatos descartados fueron inculpados sin prueba alguna y desde primeros de mayo de 2021 de "conspiración", "tentativa de golpe de estado" y "lavado de dinero". Salvo excepciones, fueron detenidos y encarcelados y a día de hoy siguen presos.

Lo de los Ortega-Murillo no es nuevo, ya lo hicieron y de la misma forma los Somoza durante años, con una sucesión de "aperturas" en las que hicieron pactos con los jefes de las filas conservadoras, y con periodos de "endurecimiento" donde los opositores fueron duramente perseguidos.

El proyecto de la actual pareja nicaragüense ha consistido en reformar la Constitución, permitir la reelección presidencial sin límite de mandataos, poner fin de facto a la separación de poderes, someter a la voluntad del ejecutivo los poderes legislativo y judicial y a las autoridades independientes encargadas de organizar los escrutinios. Acompañado todo ello de una persecución sistemática contra los medios independientes y las organizaciones de la sociedad civil. Ortega instauró un poder dinástico en la medida en que hizo a su esposa e hijos protagonistas de la escena política.

La señora Murillo, a la cual tuve de invitada con su marido cuando todavía existía el sandinismo en Nicaragua, fue la portavoz del gobierno de 2007 a 2015, presidenta de nuevas organizaciones del FSL (los Consejos de Poder Ciudadano) y responsable de la cooperativa Alba-Caruna, encargada de administrar las contribuciones venezolanas recibidas para los programas de ayudas económicas a la población. Su marido la califica como "compañera eternamente leal" y en 2017 se convirtió en vicepresidenta. Más aún, en víspera de las elecciones de 2021, Ortega declaró que a partir de entonces sería la "copresidenta de Nicaragua", sin importar lo que la Constitución establece. Ocho de los nueve hijos de la pareja obtuvieron puestos políticos.

Es una historia terrible, pero en absoluto nueva. Cuba, Venezuela y tantos otros revolucionarios latinoamericanos han ido por el mismo camino. Su único argumento son los Estados Unidos, el diablo del Norte, el Imperialismo que les oprime. ¡Mentira! Son ellos los responsables de tantas desgracias económicas y sociales.

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Comentarios 1

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yomismo
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Acuerdate de Pinoche y de Videla, menudos dos mangantes de derechas.

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