Opinión

Se habla del 8M de Montero, de la precariedad del teatro y del 'teléfono rojo' de Albares

Montero se la juega el próximo 8 de marzo

La manifestación prevista en Madrid para este ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, puede ser una de las más decepcionantes en términos de movilización. Por debajo incluso de la de 2020, celebrada bajo la sombra del Covid-19 y que ya redujo la asistencia a menos de la mitad de años anteriores. La Delegación de Gobierno estima un caída del 75% de los manifestantes, pese a que la situación sanitaria es muy diferente, con la sexta ola ya en remisión y la mayoría de la población vacunada. La razón no es solo porque en 2020 cayó en domingo y este año lo hará en martes. La creciente división entre los colectivos organizadores también pesa, pese a los esfuerzos de la ministra de Igualdad, Irene Montero, de relanzar una movilización de la que depende, según comentan en Unidas Podemos, su futuro político. Y es que el pulso que mantiene con Yolanda Díaz no es ajeno al feminismo, sobre todo después de que la gallega afirmara haber avisado al Gobierno de la inconveniencia de la marcha de 2020 por la irrupción de la pandemia.

La precariedad del teatro español, al descubierto

Los trabajadores del Centro Dramático Nacional (CDN) o el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) llevan años denunciando impagos y retrasos, desde que el Ministerio de Hacienda decidió que en lugar de cobrar mensualmente, lo harían tras presentar una factura por sus servicios. Esta situación, que afecta a directores, actores, músicos y al personal técnico imprescindible para poner en marcha una función, ha empeorado aún mas por la pandemia. Y quieren hacerse oír, especialmente ahora que el Ministerio de Cultura presume de la llegada de fondos europeos para ayudar el sector, pero la cantidad apenas llega a 70 millones de euros que ni se han empezado a repartir. "Si nos tienen que oír en Bruselas, nos oirán", advierten los afectados.

El caso del 'teléfono rojo' del ministro Albares

Anécdotas a cuenta de los móviles de los políticos hay cientos, y no pocas afectan a los ministros. Las más frecuentes involucran el olvido de su terminal en alguna sesión parlamentaria, lo cual no suelen escapar al escrutinio de los periodistas. Es lo que le ocurrió al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, este martes en el Senado. Los ujieres de la Cámara Alta se lo entregaron al momento, pero el incidente ocurría en horas clave para la crisis de Ucrania. Así que los atentos corresponsales parlamentarios deslizaron sus bromas a cuenta del "teléfono rojo" del ministro.

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