Opinión

Tópicos económicos que la crisis obliga a matizar

  • La aplicación de la libre competencia en todos los casos puede ser perniciosa
Fomentar la rivalidad económica para que el individuo desarrolle sus capacidades es uno de los 'mantras' de la teoría económica.

Mark Twain supuestamente dijo que "la historia nunca se repite, pero rima". Sin embargo, por lo general lo que rima no son los hechos históricos subyacentes sino las narrativas que construimos a su alrededor. Las historias que contamos sobre el mundo repiten algunas ideas básicas que tal vez no sean necesariamente ciertas. Pero nos gusta creer que lo son porque hacen que el mundo sea más inteligible y moralmente menos ambiguo.

La educación de los economistas es un buen ejemplo. Más allá de teorías individuales, la profesión posee una larga lista de cantinelas. Reconocemos su métrica y podemos adivinar cuándo y cómo terminan, porque conocemos las estrofas previas y también sabemos que la frase siguiente tiene que rimar con ellas.

Consideremos la mano invisible de Adam Smith, según la cual recibimos nuestra cena del carnicero y del cervecero, no por su generosidad sino por su interés propio. El mercado puede transformar vicios privados en virtudes públicas. Por ello, la codicia no siempre es mala.

Liberación de recursos

Por el contrario, las buenas intenciones algunas veces pueden preparar el camino al infierno, razón por la cual muchos economistas sostienen que el mundo necesita el tipo de amor duro que a la gente no le gusta en el corto plazo pero que le hace bien en el largo plazo. Específicamente, la competencia permite que los más capaces triunfen sobre los menos hábiles, "liberando recursos" a los que los ganadores le pueden dar mejor uso.

Según esta opinión, cualquier intento por impedir que la competencia haga lo suyo -como una industria textil que compite con productos chinos más baratos, agricultores que se oponen a las importaciones de alimentos o conductores de taxi que protestan contra Uber- inevitablemente hará que la gente sea más pobre.

Por ejemplo, intentar asegurar que todos tengan una cantidad mínima de tierra de la cual vivir inevitablemente sería ineficiente. No todos los agricultores tienen la misma capacidad y el mundo estará mucho mejor si los más capaces obtienen más tierra y los menos productivos encuentran otros trabajos. De la misma manera, los economistas comúnmente consideran que la plétora de micro-empresas en gran parte del mundo en desarrollo es una consecuencia -sí, lo ha adivinado- de una competencia insuficiente. Si la competencia fuera más dura, todas estas micro-empresas ineficientes cerrarían y sus dueños o empleados conseguirían empleos en empresas mejores y más grandes.

La 'mano invisible' falla

La razón por la cual esto no sucede de manera automática, a través de la mano invisible del mercado, es porque algunas personas con malas intenciones lo impiden. Buscan protección en lugar de competencia, rentas en lugar de productividad y privilegio en lugar de un campo de juego nivelado. A los economistas se les pide que se enfrenten a estos grupos de interés con el fin de proteger el bien común. Después de todo, no hay nada como un poco de certidumbre moral para apuntalar la rectitud y darles fuerza a los defensores de las recetas amargas pero eficientes para que el individuo tome iniciativas.

En resumen, ésta es la historia que cuentan, entre otros, el economista y premio Nobel Edward Prescott junto con Stephen Parente, así como muchos de sus alumnos. Las narrativas se repiten con tanta frecuencia que muchos economistas simplemente entonan la canción de cuna, aunque el mundo real pueda ser bastante más complicado.

En el centro de muchas de estas narrativas está la presunción de que las personas y las empresas son heterogéneas: algunas son más capaces que otras. Pero esta heterogeneidad es considerada exógena, o de alguna manera decidida fuera de la narrativa que se construye. La tarea de la mano invisible, por lo tanto, consiste en mejorar la asignación de recursos poniendo más recursos productivos -es decir, tierra, trabajo y capital- bajo el control de los más hábiles. De esa manera los recursos irán a aquellos capaces de generar retornos mayores, haciendo que el mundo sea más rico en consecuencia.

Disonancias

Es fácil ver cómo un pequeño cambio en la narrativa puede causar disonancia, rompiendo la rima y la certeza moral. Primero, ¿qué pasa si la heterogeneidad no fuera tan exógena? Tal vez algunas personas son más capaces hoy porque han tenido acceso a una mejor educación, han adquirido más experiencia o se han beneficiado de una infraestructura de mejor calidad.

Ofrecer a los rezagados las mismas oportunidades puede mejorar su efectividad y hacer que los países estén mejor como resultado de una mayor productividad. Pero esto exigiría inversión en las regiones rezagadas, suficiente tiempo para que la gente se vuelva más productiva a través de la experiencia y posiblemente hasta asistencia en la adopción y adaptación de tecnología. En resumen, exigiría un amor más tierno, no un amor duro.

Segundo, ¿qué pasa si el capital y la capacidad de trabajar de los rezagados no son tan móviles? Tal vez el capital que necesita ser reasignado está hundido en tierra o fábricas, y no puede ser reasignado. O quizá la gente en la zona habla un idioma diferente, que aprecian, y está inmersa en una red compleja de relaciones sociales locales que hace que le resulte difícil moverse.

Sacarlos del mercado a través de la competencia, lejos de mejorar la asignación de recursos, en verdad puede empeorarla. Los agricultores, por ejemplo, perderían sus inversiones hundidas y quedarían desempleados, perdiendo tanto el capital como la capacidad de trabajar que poseen. Una política mejor ayudaría a facilitar el acceso de esta gente a la tecnología y a los mercados. Pero esto también demanda ternura, no el amor característico de quien bien te quiere te hará sufrir".

Las reformas agrarias exitosas del este de Asia no permitieron simplemente que los recursos fluyeran a la gente a priori más capaz. Por el contrario, empoderaron a muchos agricultores con tierra, crédito e infraestructura, así como acceso a insumos, mercados y servicios de extensión. Y tal como han demostrado los esfuerzos de digitalización como las Fábricas de Productividad de Colombia, ayudar a las empresas a adoptar y adaptar tecnología puede mejorar sus perspectivas.

El amor duro, propio del dicho "quien bien te quiere te hará sufrir", definitivamente tiene un rol que jugar en la economía de hoy. Pero quizá los economistas estén utilizando en exceso esta canción de cuna repetida, atribuyendo a una falta de disciplina resultados que, en realidad, pueden ser consecuencia de una falta de solidaridad y preocupación por los que menos tienen. Si no son cuidadosos, su amor incondicional por el amor duro puede terminar en lágrimas inútiles y evitables.

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Comentarios 2

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VIO
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Después de leer este artículo me queda la extraña sensación de que mezclar la poesía con la economía no conduce a nada, excepto a discursos retóricos y palabras vacías. En España tenemos muchos ejemplos de que son las personas sin estudios, que no han pasado por la universidad, las que han logrado crear empresas de éxito que a veces son grandes empresas incluso a nivel mundial. El empresario se hace en la brega diaria más que en las aulas, que al fin y al cabo están dirigidas por profesores funcionarios, y lo que hacen es impartir conocimientos muy útiles para sacar una oposición pero no para montar una Pyme. Todos sabemos que en España, dado la cantidad de privilegios de los que gozan los funcionarios a todos los niveles, es el sueño dorado de la mayoría de estudiantes. De alguna manera la protección excesiva a los funcionarios actúa contra la iniciativa privada, ya que ser funcionarios es la opción que eligen las personas más preparadas y más inteligentes, al fin y al cabo vida solo hay una y hay que disfrutarla de la mejor manera posible y con el mínimo esfuerzo, mientras que crear una Pyme va a ser la opción que les queda a los menos preparados que en general no han podido sacar una plaza remunerada por el estado. Además, todos estamos de acuerdo que dirigir una Pyme está muy mal visto desde todos los puntos de vista y que de funcionario se vive mejor, ya que el estado no quiebra nunca, paga puntual, es un jefe muy tolerante y benévolo, y en general gozan de multitud de ventajas y privilegios de todo tipo logradas gracias al concurso de los sindicatos durante más de 40 años. De modo que la gran opción retórica es ser funcionario en un país capitalista y presumir de comunista, que vende muy bien sobre todo entre los docentes y aquellos que se decantan por el populismo más extremo, como Pablito Iglesias y sus huestes renqueantes. Como expresa el articulista entre una maraña de palabras, hay tópicos muy efectivos.

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#1
yomismo
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Nunca se debe olvidar que la teoría económica esta al servicio del sistema económico, sirve para legitimar todo el conjunto de las relaciones económicas existentes en una sociedad. En el Medievo, la religión legitimaba las relaciones de poder existentes, el sistema Feudal.

Por tanto, es lógico que la economía defienda el postulado de la libre competencia, que es precisamente uno de los principios básicos del sistema de libre mercado o capitalismo

Puntuación 1
#2