Opinión

La gestión de tesorería en el marco del Covid-19

Controlar el flujo de efectivo, clave en momentos de caída de ingresos

E l CFO es hoy para la empresa lo que los profesionales sanitarios representan para la salud de los ciudadanos. Su papel, de la noche a la mañana, con ser siempre muy importante, ha devenido en fundamental para impedir la hemorragia financiera de las empresas y lograr que sobrevivan a la dura prueba que está suponiendo la epidemia del Covid-19. Si bien es cierto que la situación es diferente en cada organización, dependiendo del sector en el que opere y de factores como el tamaño, que la mayoría de las veces determina su músculo financiero, el rasgo principal que define la situación actual es la incertidumbre, que se concreta en el hecho de que nadie sabe a ciencia cierta cuándo va a empezar a reactivarse la demanda y con qué intensidad.

Ante la ausencia de un horizonte claro para la reactivación económica, cada empresa está intentando responder con soluciones diferentes que básicamente responden al esquema de procurar reducir gastos con la menor afectación posible a la generación de ingresos, lo que introduce una gran presión en la gestión de la tesorería. El horizonte de los directores financieros en lo que se refiere a la toma de decisiones es hoy el corto plazo, y las herramientas a las que están acudiendo, acuciados por esta necesidad de mantener de pie las estructuras productivas, son de naturaleza diversa. Desde fórmulas de financiación o refinanciación pública o privada de deudas y diferimiento de impuestos, hasta la búsqueda de flexibilidad en la relación con proveedores en materia de pagos o para lograr descuentos.

Es cierto que, en el contexto de emergencia en que se están tomando las decisiones, se producen también oportunidades. Tal es el caso del teletrabajo, que ha venido para quedarse y que permitirá a medio y largo plazo que las empresas logren importantes ahorros en el capítulo de gastos explotación, habida cuenta además de que la prueba de fuego ha sido superada con bastante éxito.

En el caso de las compañías con actividad en el exterior, a este panorama de incertidumbre y fuerte presión en los flujos de caja, se suma una variable más a tener en cuenta, la de la gestión del tipo de cambio. No cubrir el comportamiento errático de las divisas cuando una empresa opera en los mercados internacionales, con transacciones transfronterizas frecuentes, puede suponer un agujero en las cuentas de la empresa. Ocurre además con la divisa un hecho curioso, y es que, a diferencia de otros mercados, como la Bolsa, la percepción del riesgo por parte de los agentes económicos, incluso en los familiarizados con las finanzas, suele ser menor. Sin embargo, siempre es peligroso confundir esa aparente tranquilidad de los mercados de divisas, que a veces se prolonga por algún espacio de tiempo, con la mansedumbre.

Apostar por la claridad y la simplicidad es la mejor opción a la hora de conducirse en entornos complejos y difusos como el presente

No prever las reacciones súbitas que se pueden producir en su cotización puede dejar cicatrices en las empresas poco prevenidas. En ese sentido, lo aconsejable es que éstas se centren en aquello que saben hacer mejor, su propio negocio, y que se doten de productos de cobertura que les aporte certeza en la cotización futura, en el momento de realizar sus operaciones. En actual contexto de incertidumbre marcado por el Covid-19, lo aconsejable para cualquier empresa con actividad internacional sería optar por coberturas de tipo de cambio a más corto plazo. Si lo normal hasta el advenimiento de la crisis era plantearse un escudo financiero con un horizonte de un año, ahora lo prudente sería limitarse a un máximo de 3-6 meses.

Asimismo, cuando el escenario no está claro, como ocurre ahora, lo mejor sería optar por productos de cobertura sencillos, que respondan a criterios de claridad, transparencia y sencillez. Es decir, conviene abstenerse de contratar esquemas de cobertura de naturaleza más exótica o compleja, que pueden incluir penalizaciones cuando se quiere retornar a posiciones de liquidez. Apostar por la claridad y la simplicidad es la mejor opción a la hora de conducirse en entornos complejos y difusos como el presente, cuando cualquier proyección financiera, fundamentada en variables que se escapan del control de la empresa (sanitarias, administrativas, psicológicas, etc.) se nos queda vieja a los pocos días o semanas.

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