Opinión

España en 2050

Hay que dar respuestas a los retos del futuro

Cómo será España en 2050? ¿Cuántos centímetros habrá aumentado el nivel de nuestros mares? ¿Cuántas playas habrán desaparecido? ¿Habrá pensiones públicas? ¿Con cuántas profesiones nuevas contaremos? ¿Qué comeremos? ¿Cómo nos moveremos? ¿A cuántos virus como el Covid-19 habrá tenido que hacer frente la sociedad española?

Hoy, estas preguntas son imposibles de responder. Hasta ahora, el ser humano no ha desarrollado un mecanismo que le permita conocer el futuro de una forma tan precisa. ¿Quién nos iba a decir que el Covid-19 nos llevaría a un estado de confinamiento global? Sin embargo, sí es posible anticiparnos a lo que puede ocurrir durante los próximos 30 años.

Y ahí es donde cobra sentido la creación de la primera Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo, que el Gobierno español dio a conocer al poco de comenzar este 2020 tan impredecible.

Se trata de una Foresight Unit con la que su máximo responsable, Iván Redondo, el director del Gabinete del presidente Pedro Sánchez, quiere encarar el futuro del país a largo plazo, más allá de las prisas que suelen caracterizar muchas de las decisiones que se toman en política. Porque "lo urgente a menudo eclipsa a lo importante", argumentan fuentes del Ejecutivo. Con esta iniciativa, Redondo apuesta por lo que en el mundo anglosajón se conoce como Strategic Foresight, una metodología de resolución de problemas que pone el foco en el futuro. El pasado y el presente pasan a un segundo plano.

Se necesitan expertos que puedan avalar su profesionalidad más allá de su voto

Se trata de prever cómo será el mañana para estar preparados y encararlo de la mejor manera posible. Cuáles deben ser las principales líneas de actuación. Dónde se debe invertir. Qué es prioritario y qué no lo es.

Esta unidad, que por motivos obvios no ha generado más noticias desde el anuncio de su creación, se nos presenta ahora como más necesaria que nunca. Habrá que esperar a que el shock en el que nos mantiene la pandemia del coronavirus escampe. Porque ahora, lo primordial es frenar la epidemia y evitar los rebrotes.

Cuando esto todo pase, porque en algún momento pasará, será hora de poner en marcha, de verdad, esa oficina, una fórmula innovadora en España, que ya cuenta con centros similares en países como Canadá, Estados Unidos, Francia, Finlandia y Reino Unido.

Para aplicar esta disciplina, que podríamos traducir como "previsión estratégica", es fundamental la formulación de preguntas.

Desde la Edad Antigua, la clave para la resolución de cualquier problema pasa por las preguntas. ¿Qué necesidades tendrán los españoles dentro de 30 años? ¿Contaremos con los recursos y capacidades suficientes para darles respuesta? ¿Por dónde deben transitar las políticas del hoy para que España no esté sumida en el caos en 2050?

A esa y otras muchas preguntas quiere responder esta unidad que contará, según fuentes gubernamentales, con un "comité de expertos de la sociedad civil". Todavía está por ver quiénes y a qué perfiles profesionales deberán ajustarse sus integrantes. Pero está claro que la crisis del coronavirus puede marcar la necesidad imperiosa de contar, sin duda, con los expertos más reputados, dejando de lado ideologías. Expertos preparados, que puedan abalar su profesionalidad más allá de su voto.

Está claro, visto lo visto, que deberán tener la capacidad de pensar en los escenarios futuros. Sin límites y sin prejuicios. Deberán imaginar cuáles son los más probables y cuáles los ideales. Pero también los menos halagüeños, como el que vivimos estos días y que jamás concebimos, ni en la peor de nuestras pesadillas.

De la combinación de todos esos elementos se deberían obtener mejores ideas para crear estrategias y nuevas formas de afrontar el devenir de España en las próximas décadas.

El Gobierno ha adelantado que con esta iniciativa quiere afrontar los retos que supondrán para España "el cambio climático, el vaciamiento rural o la pérdida de relevancia económica". Pero hay muchos más. Qué duda cabe que entre esos retos deberá sumar el futuro del sistema sanitario o la lucha contra futuros virus, similares o no al Covid-19.

Parece claro que la idea es lograr un futuro mejor para el país. Es decir, que España esté preparada para llegar a 2050 en forma.

En la práctica, las propuestas que salgan de este centro deberían implicar la toma de decisiones más allá del interés político. En otras palabras, no pensar tan solo en el votante del hoy, sino en los ciudadanos del mañana.

¿Debe cambiar el sistema actual de pensiones para que sea sostenible a largo plazo? ¿Deben prohibirse los vehículos diésel para que disminuya la contaminación en las grandes ciudades? ¿Son convenientes las ayudas públicas a sectores poco competitivos?

Las respuestas a estas preguntas, a diferencia de las que encabezan este texto, sí pueden tener respuesta en un plazo más breve. No son imposibles, sino difíciles. Y de cómo respondamos a estas y otras preguntas dependerá nuestro futuro. En estos días, parece más claro que nunca.

Solo cabe una certidumbre. Cuando lleguemos a 2050 podremos rememorar el discurso final de Muriel Deacon, la matriarca de la familia Lyons en la distopía que propone Years and Years (HBO): "Este es el mundo que hemos construido. Enhorabuena. Salud para todos".

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