Opinión

De la Formación Profesional (FP) a la formación tecnológica (FT). Diagnóstico y necesidades

Urgen cambios formativos para abrazar la tecnología

Según los resultados globales del Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos (PIAAC) de la OCDE, en el año 2013 los españoles en comprensión lectora obtienen 252 puntos, 21 puntos por debajo del promedio de los países OCDE y 19 puntos por debajo del promedio de la Unión Europea (UE).

Según el Informe Nacional de este Programa, los adultos en España obtienen 246 puntos en Matemáticas, 23 puntos por debajo del promedio de la OCDE y 22 puntos por debajo del promedio de la UE.

Ambas habilidades van unidas y es imprescindible evaluar cómo interactúan entre sí, especialmente por lo que se refiere a la resolución de problemas en entornos informatizados, es decir la capacidad de utilizar las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) para adquirir y evaluar información. Según el Informe PIAAC avanzar en este camino no es una medida sólo de alfabetización informática, sino para adquirir las habilidades cognitivas necesarias en la era de la información.

El Covid-19 nos aboca a una acelarada digitalización de la economía

También nos indica este Informe que en España hay una proporción alta de adultos en los niveles más bajos de rendimiento y una proporción baja en los niveles más altos. Algo venimos haciendo mal en estos años atrás y lo peor es que no parece que estemos poniendo remedio, lo que es mucho más grave en el contexto de la crisis del Covid-19 que parece nos avoca necesariamente a una acelerada digitalización de nuestra actividad económica.

Los múltiples cambios en la legislación educativa y la falta de consenso en esta materia parece que nos conducen a un camino errático en el que no encontramos las claves para un desarrollo educativo acorde con nuestra posición en materia económica. Un mercado de trabajo muy precario y la falta de expectativas laborales entre los más jóvenes son también elementos que no ayudan en la promoción formativa de las nuevas generaciones.

A pesar de nuestra larga tradición universitaria, los más prestigiosos rankings internacionales no posicionan a más de diez o trece universidades españolas entre las quinientas mejores del mundo, y una o ninguna, según los casos, entre las primeras doscientas. Durante los años de más bonanza económica se multiplicó el número de centros universitarios y sin embargo la reducción del número medio de alumnos por centro no ha mejorado de forma significativa la calidad media.

La pequeña dimensión de las empresas españolas es uno de los grandes escollos

La Formación Profesional sigue siendo la cenicienta de nuestro sistema educativo, a pesar de que los alumnos de la FP reglada son muy valorados por las empresas, sin embargo, su evolución en el mercado de trabajo posterior es muy limitada, puesto que sus conocimientos están muy anclados en el pasado y el reciclaje formativo es inexistente. Llegamos a tener grandes esperanzas en la puesta en marcha del nuevo Sistema de Formación Continua o Formación Profesional para el Empleo y en particular en el nuevo Sistema Nacional de Cualificaciones Profesionales. Sin embargo, el sistema se burocratizó y la descentralización autonómica no ayudó a su homogeneización

Este último es uno de los principales escollos, la dimensión de la estructura empresarial española es tan pequeña, su capitalización y músculo financiero tan débil, que la formación de sus trabajadores, la investigación aplicada y la innovación son prácticamente inexistentes, y las grandes empresas no incorporan estos factores en sus procesos de subcontratación con las empresas auxiliares.

Sin duda la Ley 30/2015 de Formación Profesional para el Empleo, reconoce parcialmente este déficit y se propone objetivos ambiciosos. En línea con los postulados de la OCDE se afirma en su Exposición de Motivos que las competencias se han convertido en la divisa internacional de las economías del siglo XXI. Sin embargo esta afirmación poco tiene que ver con la realizad posterior, los fondos a disposición han disminuido, el análisis y diagnóstico de necesidades no se ha priorizado y en buena parte se ha burocratizado más la gestión, lo que aconseja salir del sistema a las empresas más punteras y ágiles.

Por el contrario una buena experiencia en estos años en la dirección indicada han sido las diversas convocatorias anuales del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) dirigidas a la ejecución de programas de formación para la adquisición y mejora de competencias profesionales relacionadas con los cambios tecnológicos y la transformación digital.

Estos Programas tienen en cuenta que la automatización de los sistemas productivos, la evolución de las TIC y su efecto en la organización de las empresas están generando cambios permanentes e imparables en el mercado laboral, que demanda perfiles profesionales de alta cualificación tecnológica.

En todo caso este es un indicio de lo que consideramos un proceso de transformación de la clásica formación profesional en una verdadera formación tecnológica de nuestros empleados, servidores públicos o trabajadores independientes, que es la asignatura pendiente de nuestro sistema productivo.

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