Opinión

Viajar después del COVID-19: el efecto "beautifully local"

Adaptación obligada a la transformación del turismo a escala mundial

Antes de que la crisis del Covid-19 alterase al sector turístico desde sus cimientos, los expertos sectoriales ya estábamos observando tendencias relevantes que se gestaban y que tendrán, definitivamente, mucha fuerza en el mundo que vendrá. La capacidad de tranquilizar y dar certidumbre en materia de salud y seguridad es y será fundamental para reactivar el consumo y, por supuesto, el turismo. Recuperar la confianza para volver a los espacios públicos y compartir el espacio vital con otros, junto a una mayor estabilidad en la evolución de la economía, nos permitirá cruzar un puente hacia el reinicio de la maquinaria turística, vital para la recuperación.

Viajar no es solo tomar un vuelo para visitar un lugar lejano, es mucho más que eso; es la larga cadena de valor de las economías locales, formada por pequeñas empresas, tiendas, guías, restaurantes, bares y atracciones. Es el factor de la belleza local, beautifully local. Estos pequeños pasos representan un salto de gigante: tras semanas de confinamientos, hemos reforzado nuestros lazos comunitarios y la conexión social, y este sentido de comunidad influirá en nuestras elecciones, nuestros deseos y aspiraciones, que son muy relevantes cuando viajamos. Con esto, ¿cómo volveremos a reencontrarnos en el mundo?

La capacidad para dar certidumbre en materia de salud será la clave que impulse el consumo

Temporadas más "flexibles": el desescalamiento alterará las temporadas vacacionales y se extenderán más allá de sus límites habituales. El verano podría ser más largo para la industria turística, ir más allá de los tres meses y solaparse con planes de otoño e invierno. Se limitarán las vacaciones más largas, lo que hará que los viajes cortos aumenten. Esto supone oportunidades para la industria turística, para crear ofertas combinadas para varios viajes o para ofrecer propuestas atractivas para disfrutar de vacaciones poco convencionales, fuera de temporada, y con precios más atractivos.

Experiencias con un propósito más elevado: tras varias semanas sometidos a un confinamiento severo, el ocio será un alivio y las experiencias que hagan que estos planes tengan un sentido más profundo y significativo serán más importantes que nunca, especialmente si son compartidas con nuestros seres queridos. Además, estas experiencias deben proporcionar una sensación de realización personal, ofreciendo a los viajeros la oportunidad de contribuir con comunidades afectadas severamente por la crisis, de forma que su gasto no solo le permita disfrutar, sino también impulsar las economías y el empleo locales.

Aumentan los viajes domésticos y de medio radio: los países de todo el mundo limitan los movimientos de viajeros para contener los contagios, y los viajeros no se sienten seguros con la idea de viajar lejos de casa hasta que la situación esté bajo control, fenómenos que causarán que los viajes de corto y medio radio sean la regla general. Por otra parte, los ciudadanos querrán contribuir a las economías locales de sus países y vecinos, haciendo que los destinos cercanos sean más hermosos y atractivos que nunca.

Viajes combinados para gestionar asegurar las expectativas: la certidumbre y el control del gasto serán fundamentales al planificar viajes. Los paquetes que combinen servicios turísticos se harán más populares entre los viajeros, siempre que sean lo suficientemente flexibles y personalizados para adaptarse a las necesidades y expectativas de los viajeros, y que se pueda cancelar o reprogramar sin penalizaciones. Los viajeros seguirán buscando experiencias no tradicionales, pero seguras, lo que debe impulsar al sector turístico a tener un enfoque más creativo e innovador al diseñar itinerarios y planes de viaje, para impresionar y sorprender, pero también para garantizar la seguridad.

Colaboración intersectorial: uno de los efectos más positivos y constructivos de esta crisis nos ha permitido ser testigos de cómo sectores, profesionales y expertos se han volcado en compartir su experiencia, ayudándose mutuamente, buscando soluciones e inspiración. Esta formidable ola de solidaridad es el signo de nuestro tiempo y permanecerá, porque la colaboración interna en la industria turística y con otros sectores será crucial y será lo habitual en nuestra sociedad. Viajeros y consumidores esperan este nivel de contribución común porque hemos demostrado que es posible coexistir, competir y, aún así, ayudarnos y apoyarnos. La fase posterior a la crisis demandará pensar de forma disruptiva, colaborar entre industrias y sectores, propuestas de valor innovadoras y probar cosas nuevas.

Creatividad para customizar y adaptar las propuestas turísticas: el turismo cambiará profundamente y las motivaciones serán menos mundanas que antes de la crisis. Nuevas actividades que aporten a las comunidades locales serán parte relevante de las experiencias turísticas, y deben ser explicadas en profundidad para que los viajeros entiendan cuál es su contribución. La dimensión social de la sostenibilidad tomará impulso al mostrar qué acciones concretas podemos llevar a cabo como consumidores y viajeros, y seremos más conscientes de nuestro papel como motores del entorno local. Somos testigos de un fenómeno sin precedentes que nos cambiará para siempre. A pesar el profundo impacto de la crisis del Covid-19 en la economía mundial y en la industria turística, también formamos parte de conexiones profundas, ideas innovadoras y un impulso fortalecido, de actitudes resolutivas y positivas contagiosas que nos ayudan a mirar hacia el futuro con optimismo. Debemos aprender e incorporar estas lecciones para hacer que esta parte del proceso, la más difícil, sea lo más constructiva posible, mientras seguimos soñando con viajar de nuevo, muy pronto (¡eso esperamos!).

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