Opinión

El desafío del dato frente al Covid-19

Se debe aúnar el respecto a un derecho fundamental como es la privacidad con la utilización de datos personales para salvar vidas

Estamos viviendo un momento sin precedentes que cambiará el mundo tal como lo conocemos". Esta frase, en sus posibles variantes más o menos sobreactuadas, la hemos escuchado en estas semanas repetida hasta la saciedad, pero en pocas ocasiones profundizamos sobre la naturaleza de esos cambios y del impacto real que tendrán en nuestras vidas. Sin embargo, es imprescindible que hagamos el ejercicio, como individuos y como organizaciones, de analizar y desmenuzar al máximo posible estas afirmaciones para ser más conscientes de la realidad cambiante que nos aguarda y tomar decisiones más inteligentes.

Una de las cuestiones más relevantes que se han puesto encima de la mesa en esta crisis es el derecho a la privacidad de los datos personales frente al "bien común". El uso de aplicaciones de "vigilancia" impulsadas por algunos gobiernos ha influido positivamente en el control de la epidemia. Sin embargo, algunos intentos tanto públicos como privados realizados en nuestro país no han fructificado por la legislación y las implicaciones éticas que planteaban para nuestro modelo social.

Esta cuestión es tan importante que el gobierno está trabajando con las grandes empresas españolas que más datos tienen de los ciudadanos (telecos y bancos) para entender cómo aprovecharlos para minimizar el efecto de la pandemia. Porque hay una realidad incuestionable: disponer de buenos datos salva vidas. Es más, la inteligencia artificial salva vidas. Lo hemos visto cuando se ha aplicado a la prevención, a procesos como el triaje o a la gestión eficiente y efectiva de la información, así como al estudio genético del virus, la investigación para obtener una vacuna y un sinfín de áreas que muchas veces son invisibles para el ciudadano. Y no sólo eso. Cuantos más datos acumulemos, mayor y mejor será el impacto de la inteligencia artificial y de las futuras estrategias. Es decir, para innovar y evolucionar necesitaremos acumular muchos más datos y más diversos.

Pero ¿tiene sentido asumir un recorte tan radical de las libertades individuales como no poder andar por la calle, pero a la vez preservar el derecho de la "intimidad" de los datos de movimiento de las personas? No parece muy razonable. Ahí va otro ejemplo: nos parece lógico que los datos de nuestra situación médica sean privados, pero sí queremos saber si hemos pasado o no cerca de una persona infectada por Covid-19. Paradójico.

Es evidente que el contexto actual nos obliga a replantearnos cuál es nuestro papel en la sociedad como red. Porque los datos personales, unidos a los de otras personas, pueden beneficiar a todos. Eso sí, ello no exime en ningún caso a las entidades públicas que usan nuestros datos de generar un contexto claro para el ciudadano, un contrato explícito que regule el uso de esos datos, tiempos de validez, etc. de acuerdo con la Constitución y los derechos de los españoles, pero también con un acuerdo amplio sobre el bien común y las prioridades que debe garantizar el Estado.

La utilización por parte del Estado de la información personal puede salvar vidas

Se deben generar las reglas del juego para todas las entidades involucradas, públicas o privadas, con acuerdos amplios y, sobre todo, un marco legislativo actualizado, flexible, preparado para evolucionar rápido y que garantice los derechos y deberes de todos. Hemos asistido estos días a ejemplos inquietantes en los que empresas como Apple y Google cierran acuerdos de compartición de datos. Sin entrar en el detalle, esto evidencia que necesitamos organismos supranacionales fuertes que definan unas reglas de juego que garanticen los derechos del ciudadano frente a los potenciales (en algunos casos ya muy reales) monopolios de datos. Y a su vez, el ciudadano debe asumir el control de sus datos, entender el valor que tienen y actuar de manera responsable con ellos.

Será también imprescindible que se democratice la explotación de estos datos para que no solo puedan acceder a ellos y a servicios avanzados sobre los mismos las empresas que se lo pueden permitir, sino también las pymes para que puedan buscar soluciones adaptadas a sus características. Serán especialmente críticos para los negocios de proximidad en los que las relaciones se estrechan y las necesidades pasan por una mayor personalización. Y ello es aplicable también al propio ciudadano porque la democratización y explotación de los datos debe garantizar la igualdad e incluso impulsarla.

Se debe crear una marco regularotio flexible que preserve los derechos de todos

Necesitamos diseñar escenarios anticipatorios basados en datos que nos permitan tomar decisiones hoy. El estudio de futuros debe incorporarse en las organizaciones de manera habitual. En definitiva, las estrategias de datos son un motor imprescindible en las capacidades de innovación de las organizaciones tanto públicas como privadas, pues permiten impulsar valores tales como la digitalización, el uso de nuevas tecnologías como cloud computing, blockchain o IA entre otros.

Debe existir un acuerdo amplio para solucionar todos los huecos que existen y en los que, de momento, el ciudadano es el principal perjudicado. Ahora es un momento ideal para ponernos manos a la obra.

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