Opinión

Los graves riesgos que supone mantener las ayudas de los Estados

Resultará perjudicial mantener las subvenciones a empresas y salarios más allá de la crisis

Ayudas del Estado para pagar salarios. Una suspensión de la declaración del IVA y de otros impuestos. Decenas de miles de millones en préstamos, y potencialmente rescates estatales de aerolíneas y otros negocios. El ministro de Finanzas británico está haciendo todo lo que puede para apoyar a las empresas ante la crisis del coronavirus, firmando cheques en una escala que hubiera sido inimaginable para la mayoría de sus predecesores, e interviniendo en la economía de una manera que nunca antes se había intentado.

Esa es sin duda la decisión correcta. Reino Unido, junto con todos nuestros vecinos, se enfrenta a una crisis única. No tiene sentido empeorar una mala situación permitiendo que millones de empresas desaparezcan. Pero hay una consecuencia crucial: no sólo necesitamos un plan para iniciar los estímulos fiscales, sino también para retirarlos. ¿Cómo?: deberíamos cancelar los préstamos tan pronto como sea posible; deberíamos tener un plan claro de reducción del apoyo salarial vinculado a la tasa de infección; y deberíamos poner coto a cualquier acción que suponga que el Estado controle empresas privadas. Si no planificamos eso ahora, terminaremos viviendo en "situación de emergencia" por décadas, y eso sólo debilitará la economía.

Se necesita también un plan para cuando llegue el momento de retirar los estímulos fiscales

Soy el primero en insistir en que el momento actual exige una respuesta extraordinaria, y no debemos enredarnos en debates ideológicos. Si las empresas se mantienen vivas, podrán recuperarse con fuerza una vez que la epidemia disminuya, como seguramente ocurrirá con el tiempo. Y sin embargo, dicho esto, sabemos que "las medidas de emergencia tienen el hábito de permanecer por mucho tiempo". El impuesto sobre la renta fue introducido en las guerras napoleónicas. Las restricciones en el horario de los bares desde la Primera Guerra Mundial se mantuvieron durante casi un siglo. Reino Unido no se deshizo de los protocolos de mando y control gubernamentales usados para luchar en la Segunda Guerra Mundial hasta las reformas Thatcher de los años 80. Una vez que se empieza a intervenir empresas y a interferir en la forma en que son dirigidas, la inercia es muy difícil de detener. Deberíamos ser más inteligentes esta vez, y aprender de algunos de los errores cometidos en el pasado. Aquí hay tres lugares por donde empezar.

Se necesita también un plan para cuando llegue el momento de retirar los estímulos fiscales

Primero, estar dispuestos a descontar de balance los préstamos. El Tesoro va a suscribir decenas de miles de millones en créditos a empresas en las próximas semanas. Algunos de ellos serán perfectamente dignos de crédito, y serán fácilmente reembolsados a finales de año. Otros pueden convertirse en una carga permanente que restringirá la capacidad de las empresas para crecer y expandirse en los años venideros. Unos pocos - o posiblemente muchos – serán simplemente incobrables. No tiene sentido que el Tesoro siga involucrado en cientos de miles de empresas como acreedor en los años venideros, persiguiendo constantemente las deudas y exigiendo previsiones de flujo de caja y calendarios de reembolso. Sería mejor simplemente aislar ya sacar de su balance grandes cantidades de deuda a finales de este año, imputándolos al Banco de Inglaterra si es necesario, antes de que se haga cualquier daño a largo plazo.

Las medidas de emergencia no deben atascarse durante años o décadas

A continuación, El Estado no debe aferrarse a las participaciones que tome en empresas. Parece que todos terminaremos siendo dueños de acciones de aerolíneas nacionalizadas. Tal vez algunos operadores de trenes y de transporte también, otro banco o dos, e incluso algún minorista o cadena de restaurantes. Lo veremos en los próximos días. No hay nada malo en ello. No tiene sentido dejar que las compañías solventes se vayan al garete. La última vez, sin embargo, nos aferramos a esas acciones durante demasiado tiempo. El Gobierno fue accionista de Lloyds durante años, y todavía posee gran parte de RBS. Esta vez, deberíamos deshacernos de esas acciones tan rápido como podamos. Un par de posibilidades. Podríamos simplemente sortearlas entre pequeños inversores interesados en entrar en esas compañías. O bien podríamos usarlas como la semilla de un potencial fondo de inversión soberano, dirigido por gestores externos e independientes, que podría crear activos para las generaciones futuras. Lo que no podemos hacer es esperar hasta que den un beneficio. Deshagámonos de estas acciones de la manera más justa posible y lo más rápido posible.

Finalmente, una vez que el Estado empiece a pagar complementos para una gran parte de los salarios, será muy difícil detenerlo. ¿Por qué una empresa con 50 personas debería despedir a 10 de ellas si la demanda ha disminuido cuando podrían simplemente permanecer "en excedencia" y el Estado pagaría? Los empresarios se sentirán muy cómodos con ese apoyo y también su plantilla. Las posibilidades de que estas ayudas se cancelen en junio son minúsculas. Así que debería haber un criterio objetivo inalterable para retirarlo. Una idea: vincularlo a la tasa de nuevos contagios, Una vez que bajen de una serie de niveles predefinidos, se retiran las ayudas por etapas.

Lo repito: la economía necesita soportes vitales, son muy necesarios. Pero necesitamos una estrategia para volver a la normalidad también. Y eso debería comenzar ahora, de lo contrario estaremos atascados con medidas de emergencia por años, y potencialmente décadas.

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