Opinión

Sobre las raíces comunitarias de España

El pasado, fundamental para conocer el origen de nuestro espíritu comunitaria

En este momento, no sólo en la economía, sino en multitud de aspectos de la vida social, España marcha esencialmente de acuerdo con los mensajes de la Unión Europea. Pero todo esto motiva, en el terreno de la economía, medidas que explican bastantes causas de que el progreso material español experimente desde 1970, y naturalmente desde 1985, notables impulsos. Desde luego se debe a algo radicalmente nuevo para nuestra nación, que tiene raíces más alejadas que ambas fechas.

Al buscar los impulsos que se encuentran detrás de esta fuerte mejoría en nuestra economía contemporánea, aceptando, como elemento fundamental, la integración comunitaria, hay que eliminar la existencia de la búsqueda de las tesis hechas por Marshall y por Hoffman sobre cómo debería reaccionar EEUU ante Europa tras los desastres de la II Guerra Mundial. Aquellos planteamientos se desarrollaron totalmente ajenos a España. Por supuesto, ésta había recibido previamente una tentación europeísta de otro tipo, impulsada desde la beligerante Alemania, y derivada de la tesis, heredera directa del espíritu nacionalista existente en la economía, sobre todo tras la I Guerra Mundial, que experimentaba una cierta ampliación. El geógrafo Walter Schmidt desarrolló la teoría, pronto ampliada por Field, y basada en lo que había sucedido, para la creación por Bismarck del Imperio alemán, con el llamado "pacto del acero y el centeno" entre Renania y Prusia. Con el triunfo del nacionalsocialismo, esta idea se transformó en la denominada Gross-Wirtschaft, que se esperaba pasase a existir en Europa. Por supuesto, el papel esencial de mando que Prusia había tenido en la etapa anterior, ahora en Europa pasaría a Alemania. Esta tesis también fue recogida por Italia, que imaginaba con Mussolini algo parecido en el Mediterráneo. Precisamente ahí fue el intento del Gobierno fascista para iniciar negociaciones, y que yo he documentado, aprovechando el caos creciente creado en España por la política de la II República, con la ampliación -gracias a la Revolución de 1934 en Cataluña-, de las negociaciones con el catalanismo conservador para incluir en la Gross-Wirtschaft italiana a Cataluña y Baleares. Para frenar esto, Franco y el gobierno de la II República artillaron las costas de Baleares, y naturalmente, las reuniones de Franco con las autoridades militares de Gibraltar, expuestas por Salustiano del Campo, también están relacionadas con el freno a esta pretensión de Italia.

El ingreso en la OTAN permitió a España tener un papel económico relevante

Pero la línea alemana de crear un gran espacio económico en Europa, siguiendo estos planteamientos, llegó a España a lo largo de la II Guerra Mundial, cuando las tropas alemanas alcanzaron la frontera pirenaica española y comenzaron a tener alguna difusión a través de una serie de medios vinculados a la Vicesecretaría de Educación Popular. Fue cuando, desde el Instituto de Estudios Políticos, un buen economista, miembro de su Sección de Economía, y que era especialista en cuestiones de comercio internacional, amén de discípulo de Flores de Lemus, José Antonio Piera Labra, publicó un artículo en el que probaba que el plan alemán perjudicaría notablemente a España en multitud de aspectos. Inmediatamente, el Gobierno español asumió esta tesis y cesó radicalmente el apoyo de tal postura en los órganos de difusión vinculados al Sector Público. Sólo aquella idea, cada vez más maltrecha, se refugió en el diario Informaciones que dirigía Víctor de la Serna.

En España, por otro lado, había triunfado, gracias a la fuerte colaboración de empresarios y economistas catalanes vinculados a la entidad Fomento del Trabajo Nacional, la tesis del nacionalismo económico, basado en un fuerte proteccionismo industrial. Así se inició, a partir de 1874 con Cánovas del Castillo, el que fue denominado "modelo castizo", de política económica, que además de ser proteccionista -con la Ley Arancelaria de Cambó de 1922, vinculada a la de Ordenación Bancaria Maura-Cambó de 1921 y con el inicio del intervencionismo corporativista a partir de la solución de los problemas planteados por la crisis generada en el azúcar-, inició un intervencionismo y cartelización previamente nacido en la industria química, todo lo cual se consolidará en la Dictadura de Primo de Rivera. Precisamente estos puntos de vista pasaron, impulsados por Largo Caballero y el conjunto de asesores de Azaña, a consolidarse a partir de 1931. Todo eso explica que en 1935 Perpiñá Grau calificase esta política como búsqueda de una economía autárquica española. El caos económico provocado por la Guerra Civil y ampliado por la II Guerra Mundial de 1936 a 1945, naturalmente acentuó esa línea. Los argumentos doctrinales de Antonio Robert, las exposiciones académicas de Areilza y Ruiz Morales, y los planteamientos políticos de Suanzes habían culminado la liquidación del librecambismo de los Figuerola, Echegaray y demás economistas vinculados al Sexenio Revolucionario que siguió al destronamiento de Isabel II, y que, al ligarse políticamente con el cantonalismo, pasó a ser considerado como algo poco serio. ¿Había desaparecido la posibilidad de una apertura al exterior en lo económico en España?

Castiella, Marcelino Oreja y Calvo Sotelo, claves en la incorporación al Mercado Común

Por otro lado, los primeros planteamientos de la Ayuda Marshall, que crearon la OCDE, como consecuencia de los iniciales planteamientos de no ruptura con la Unión Soviética y sus zonas de influencia en Europa, no eran contemplados por España como posibilidades a corto plazo, mientras se mantuviese algo de aquella línea diplomática. La eliminación de España, de manera explícita de esa ayuda lo mostraron.

En Europa acontecían novedades. Los gobiernos exiliados en Londres, huyendo de la ocupación alemana, habían creado las condiciones para que apareciese una unión económica denominada Benelux, algo así como una especie de reconstrucción del Flandes vinculado a la historia española. Pero simultáneamente, tres políticos, muy católicos consideraron que el famoso nacionalismo, con su proyección económica, a más de enlaces con posturas nacidas en la Revolución Francesa, eran los causantes de un colosal caos bélico en el conjunto de Europa, con planteamientos muy poco adecuados a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Estos católicos y políticos, que pasaban -recién concluido el conflicto- a tener posibilidades electorales grandes en sus países, eran Adenauer en Alemania, Schuman en Francia y de Gasperi en Italia. Decidieron, apoyándose, en primer lugar, en la puesta en marcha de la OECE creada por la ayuda norteamericana, comenzar a superar, con creaciones originales, lo que había generado tanto daño. Esa fue la oferta católica muy amparada por el Vaticano, que puso en marcha la línea que culminó en 1948 con el Tratado de Roma, que creaba el denominado entonces Mercado Común Europeo,y abarcaba además, debido a la colaboración del socialista Spaak, al Benelux a más de Francia, Italia y Alemania.

Se creía que eso explicaría que surgiese en España un impulso coaligado a este planteamiento, y que una de las personas clave para ello pudiera ser José Larraz. Tal opinión procedía del prestigio alcanzado durante la Guerra Civil y su final por Larraz, y previamente, por su vinculación con la Ceda, con los comentarios económicos en El Debate, y en su amistad con Ángel Herrera, a lo que hay que añadir su papel en el impulso a Instituciones como el CEU, o el proceder que había tenido, en plena Guerra Civil en poner en marcha el Servicio Nacional del Trigo, con ideas muy vinculadas a creaciones derivadas en Castilla y Valencia sobre todo, de la Doctrina Social de la Iglesia. Teníamos, pues, en España, la persona paralela a los tres citados personajes creadores del Mercado Común Europeo.

Por eso fue de especial importancia el que, el 9 de diciembre de 1949, Larraz pronunciase una conferencia titulada Estudiemos la Unidad Económica Europea en el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial de Madrid, de honda tradición librecambista y opuesto al avance del citado "modelo castizo". Se consideraba que esta intervención iba a impulsar, desde ese ámbito intelectual y católico, a España, hacia un nuevo planteamiento europeo.

Pues nada de eso ocurrió inmediatamente. He tenido ocasión de leer el largo texto de su intervención. Lo conseguí gracias al cuidado como bibliotecaria de Alicia Cerrolaza, que ha logrado mantener intacto este notable texto, del que me obsequió, con una fotocopia, esa investigadora incansable del papel en la vida intelectual y política española que ha tenido el comercio madrileño, que es Silvia Baschwitz. Al leerlo no me encontré con ninguno de los componentes del impacto del ámbito católico surgido en Europa. Pero sí con un análisis -tengamos en cuenta que se producía en 1949- que hay que calificar como clarividente, al exponer que Inglaterra, muy probablemente, acabaría siguiendo el mensaje de apartarse de cualquier Unión Europea. Expuso muy bien Larraz lo que hoy se expone como argumentos fundamentales del Brexit. Simultáneamente considera que España, en materia económica -el problema de la amplitud necesaria del mercado la expone una y otra vez-, si formase parte de una Unión Europea, pasaría a tener planteamientos nuevos de todo tipo y positivos. Recordemos que decía esto en 1949. Para que se comprendiese la forzosa lentitud en conseguir esto, adujo lo sucedido con la Zollverein alemana, una unión aduanera de tipo cada vez más amplio en otros aspectos económicos, que duró de 1828 a 1852; y aun así, que quedarían fragmentos importantes que era necesario tener en cuenta. Creer que España iba a recibir ventajas inmediatas, no se podía admitir: su frase fue: "Tardará mucho" ,pero nada de abandonar ese sendero, porque esa era la solución y "nada de improvisar nuestra actitud ante ese problema a través de la improvisación". Y señaló: "Sería lamentable" ignorar que lo necesario sería "el estudiar… fría, racional y exquisitamente, las consecuencias relativas a tal incorporación". Y ese fue el mensaje importantísimo de Larraz . Como consecuencia, se crearon las bases institucionales para que multitud de economistas importantes se dedicasen a redactar, en torno a los problemas del Mercado Común Europeo, lo que considerasen que sucedía en variadísimos aspectos, y por tanto, lo que España forzosamente tenía que tener en cuenta, si se decidía a avanzar en esa dirección. Recordemos que así se creó la base de dictámenes de economistas, con considerables debates en ocasiones, que hay debajo del Acuerdo Preferencial de 1970 desarrollado por Ullastres. Y el respaldo de la política sucesiva de tres personas clave para explicar de qué manera fue ejemplar nuestra incorporación a la Unión Europea: Castiella, Marcelino Oreja y Leopoldo Calvo Sotelo. Estos fueron los que hicieron posible que culminase esta política de 1965, con Carlos Solchaga.

Este fue pues, y no otro, el camino serio y eficaz señalado en 1949 por José Larraz. Pero además, el iniciado por Castiella tuvo otro apoyo, porque ese consejo se unió precisamente a la fecha en que el bloqueo de Berlín por parte de las tropas soviéticas, inició la Guerra Fría, a la que en 1953 se incorporó España como consecuencia de los acuerdos con EEUU. Este, además de Larraz, fue su segundo impulso que, con la ayuda norteamericana y la incorporación a la OECE y, mucho más adelante con nuestro ingreso en la OTAN generó que, hoy en día España tenga un papel económico nuevo y, si continúa sabiendo por dónde se debe caminar, acertará.

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