Opinión

Nada nuevo bajo el sol

Europa tiene la obligación de repartir a los refugiados

La inmigración exterior sigue recorriendo Europa como un fantasma al modo que lo recorría –según el Manifiesto Comunista de Carlos Marx- el comunismo entonces naciente.

Sin embargo, durante el pasado siglo XX con cada cambio social o político hubo movimientos migratorios mucho mayores que ahora.

Tras la II Guerra Mundial se produjeron grandes movimientos migratorios. Por ejemplo, tras la derrota los alemanes sufrieron la venganza de los países ocupados por los nazis. Checoslovaquia, Polonia, Rumania o Yugoslavia expulsaron a diez millones de alemanes (solo en Polonia fueron seis millones). En España, durante y al final de la guerra civil (1936-1939), unos 300.000 españoles tomaron el camino del exilio.

En el último número (octubre de 2019) de Letras Libres Ricardo Dudda ha glosado un ensayo1 del profesor de Historia en la Universidad de Manchester, Peter Gatrell. El libro muestra que detrás de la gran mayoría de cambios en la segunda mitad del siglo XX hay grande flujos y movimientos migratorios.

Los movimientos al final dela II Guerra se realizaron, en palabras de Dudda, de manera radical y poco humanitaria. Fue una época de expulsiones descontroladas y deportaciones por iniciativa de los Estados, ajustes de cuentas y un remodelación coordinada del mapa de Europa del Este.

La Unión Europea debe y tiene la capacidad de repartirse a los refugiados

Fue en el ya lejano 1951 cuando se produjo la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, que no estaba pensado para todos los desplazados, pues un refugiado era –y es- alguien exiliado y perseguido por sus ideas políticas que no podía volver a su país de origen. Y este no fue el caso ya citado de los expulsados alemanes que fueron "repatriados" de otros países hacia Alemania, y tampoco fue el caso de los millones de inmigrantes que fueron "recolocados" en países distintos al suyo.

Poco más tarde, en Alemania Federal se inventó el término Gastarbeiter (trabajador invitado). Gatrell afirma que entre 1955 y 1973 alrededor de catorce millones de trabajadores invitados llegaron a la Alemania Occidental y de esos, once volvieron a sus países de origen (en general, Italia, Grecia y España). El caso de los "invitados" españoles constituye el origen de la "apertura" del Régimen franquista, que a partir de esas fechas va a propiciar una notable emigración hacia Europa: Alemania, Francia, Suiza o el Reino Unido serán receptores de una emigración española que no produjo allí rechazo alguno. La "apertura" trajo consigo otro movimiento: el turístico, que atrajo a España un número creciente de visitantes, y ambos movimientos (emigración y turismo) produjeron una notable entrada de divisas.

Tras la independencia de Argelia (1961), tanto los pied-noirs (los ciudadanos de origen francés que vivían en Argelia) como los barkis (los nativos argelinos de origen árabe que se aliaron con los franceses) sufrieron una repatriación traumática. Estos últimos, además, soportaron un racismo que los pied-noirs no experimentaron.

Las restricciones migratorias actuales comenzaron en Europa con la crisis del petróleo (1973). Gatrell no da una solución clara al problema, pero tampoco cae en la enmienda a la totalidad: la Unión Europea debe y puede (tiene la capacidad, no es sólo una cuestión de derechos humanos) repartirse a los refugiados.

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