Opinión

Educación financiera para millenials (y todo lo demás)

Aunque sean digitales a los millenials les falta formación financiera

Podríamos decir que el piropo más común que se les echa a los millennials hoy en día es que son digitales. Pero la digitalización no entiende de generaciones ni edades, sino de aprendizaje y adaptación. Como toda gran transformación, es un proceso que puede traer enormes beneficios y oportunidades, en el que es necesario trabajar para construir un futuro que garantice niveles adecuados de igualdad y bienestar social. Para los millennials… y todos los demás.

Una sociedad cada vez más digitalizada puede suponer una mejora en nuestra calidad de vida, pero para ello hay que ser capaces de asimilar la vorágine de cambios y la dosis de incertidumbre que siempre trae lo nuevo. Por eso hay que aunar esfuerzos para ayudar a las personas a sacar el máximo provecho al desarrollo digital, lo que implica tomar conciencia de los riesgos que conlleva y así poder esquivarlos.

Este lunes se celebra el Día de la Educación Financiera en España y no es casualidad que el lema central de este año sea Conectados con la digitalización. Quien lo ideó conoce la importancia de la tecnología en nuestra vida diaria y la necesidad de hacer un uso adecuado de ella para poder gestionar mejor nuestras finanzas personales.

Autoridades, sector privado y familias deben colaborar    en este tipo de formación

Un estudio del G20 publicado hace un año, centrado en la digitalización y la educación financiera, valoraba las ventajas de la tecnología para conseguir una formación más innovadora y práctica en el manejo de nuestros recursos económicos. Destacaba también que para que la digitalización sirva para conectarnos a todos y no dejar a nadie fuera, es imprescindible adquirir algunos conocimientos digitales. Porque cuando la educación financiera y la educación digital van de la mano se hacen más poderosas.

En España, donde la inclusión financiera es prácticamente total, la transformación digital del sector bancario se traduce en una mejor accesibilidad y transparencia en la provisión de servicios y productos, lo que viene a reforzar la ya elevada competencia del mercado. El nuevo ecosistema financiero digital se vuelca en la experiencia del cliente con productos personalizados y adaptados a las necesidades individuales, con aplicaciones digitales de uso cada vez más intuitivo, y con operaciones más cómodas, eficientes y flexibles. No obstante, el que las aplicaciones sean fáciles de usar no quiere decir que seamos más diestros en el manejo de nuestras finanzas personales. ¿Acaso los millennials por haber nacido con un smartphone cerca saben controlar mejor sus presupuestos, o saben siquiera qué es un presupuesto? El uso fácil de las aplicaciones digitales puede aflorar el sentimiento de autoconfianza en los consumidores, sobre todo en los más jóvenes, que, acostumbrados a actuar en el mundo digital, controlan las aplicaciones, pero, en muchos casos, desconocen conceptos de economía familiar básicos y, más aún, desconocen el funcionamiento de los productos financieros. Formarse en finanzas es una necesidad. Nos protege frente a decisiones impulsivas y poco meditadas a las que nos puede llevar un mundo como el actual dominado por la inmediatez, que es sin duda uno de los mayores riesgos que trae la digitalización, además de los cibernéticos y el uso indebido de datos personales.

La AEB impulsa numerosas campañas de ciberseguridad que informan sobre la existencia de los distintos fraudes cibernéticos y de las prácticas que se deben de seguir para evitar ser víctima de este tipo de delincuencia. La ciberseguridad también está presente en el programa de educación financiera anual Tus finanzas, tu futuro que impulsa la Fundación AEB junto con Junior Achievement, gracias a los voluntarios empleados de banca, que imparten talleres en colegios repartidos por toda España. El programa está dirigido a alumnos de 13 a 15 años, edades en las que ya están familiarizados con el entorno digital. Los estudiantes, además de aprender a hacer un presupuesto equilibrado y tomar conciencia de la importancia del ahorro para convertirse en consumidores responsables, conocen las oportunidades y los riesgos de banca digital: reflexionan sobre las posibles consecuencias de un uso irresponsable de las nuevas tecnologías y aprenden a detectar algunas de las modalidades de fraude financiero cibernético más extendidas en la actualidad.

La transformación digital requiere una importante dedicación de recursos y la participación voluntaria de todos los agentes económicos. Es necesario un acompañamiento constante por parte de las autoridades y del sector privado, familias incluidas, para fomentar la educación financiera y digital tanto desde edades tempranas como para los más mayores. Así, los millennials y todos los demás estarán más preparados para adentrarse con paso firme en la nueva era digital.

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