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La costilla de Eva: por qué un portal como Informalia

Dedicar decenas de horas a la semana, no ya a ver un partido de fútbol, sino a discutir si una jugada ha sido penalti, si los jugadores se gritan en el vestuario, o si El Cholo Simeone la ha pifiado con la alineación, no está tan mal visto. Incluso los telediarios dedican por sistema una buena parte de su tiempo a los deportes, sobre todo al balompié, incluidos los cotilleos relativos a las estrellas cuando no están en el campo de juego.

Sin embargo, para algunos está criminalizado en cierta medida admitir que seguimos las noticias de la crónica social, que queremos ver cómo le caen los trajes a George Clooney en un estreno o el vestido que luce una princesa el día de su boda, o que deseamos saber con qué magistrado sale la viuda de un marqués.

A Toni Soprano, el mafioso concebido por David Chase e interpretado magistralmente por James Gandolfini, le pillan, en un capítulo de la serie escrito hace veinte años, con el periódico en la mano, leyendo las páginas de crónica de sociedad de The New York Times, y le critican por cotilla. El gángster, un asesino despreciable, pero padre de familia y todo un filósofo, se defiende diciendo que tan justificable es leer esas noticias como empaparse el cuadernillo de deportes entero; pero viene a razonar que, como vivimos en un mundo machista, gobernado por hombres, los cotilleos están mal vistos mientras que saber con quién se pegó ayer el delantero centro de un equipo en un entrenamiento es una noticia importante. Todo depende de cómo te cuenten las cosas. Que cada cual lea lo que quiera.

¿La costilla o la costilla de Eva?

A una catedrática de Derecho Constitucional que leía Informalia le preguntaron por qué le gustaba el digital y replicó que por qué nadie cuestionaba que a un hombre le gusten el Marca o el As. Luego recordó que a todos los hombres los ha parido una mujer, y que en realidad Dios creó a la mujer a base de barro, que de su cuerpo, mientras dormía, extrajo una costilla, la rellenó de carne y con ella creó al hombre a la sombra de un árbol de fruta prohibida. "¿No fue así? ¿Y de la otra forma sí fue? Nos queda mucho para la igualdad", remató. 

Por supuesto, en El Economista somos muy conscientes de cuáles son las prioridades informativas, las cosas importantes de verdad, las que nos tocan de cerca. Por eso nos fijamos sobre todo y fundamentalmente en asuntos que nos tocan el bolsillo; o sea, en la economía, el mercado laboral, las empresas, la bolsa, la gestión que los responsables políticos hacen de nuestro dinero, el futuro de nuestras pensiones o la situación del sector inmobiliario y otros muchos que constituyen el 90% de nuestra oferta. Pero también reservamos espacios para cuestiones relacionadas con la salud o la educación. Digamos que ante todo están las cosas serias.

Pero hay además un momento en el que necesitamos levantar la vista, distraernos, leer un libro que nos transporte a otros mundos, tomar algo en un café y charlar, ir al cine o acudir al nuevo Reina Sofía, donde todo ha cambiado menos el Guernica, saber dónde y a qué hora televisan el partido de la Champions, buscar propuestas para escaparnos en Fin de Año, y (¿por qué no?) contemplar el vestido de novia escogido por una princesa para casarse con el hombre de su vida.

La necesidad de evasión genera demanda de informaciones de las que se habla, eso es un hecho, aunque a veces no sepamos muy bien por qué. Tal vez tenga que ver con las emociones, los sentimientos, el humor o simplemente con la necesidad de desconectar.

A la mayoría de los hinchas futboleros no les reducirá la hipoteca que su equipo marque, aunque puedan llevarse un disgusto mayúsculo si pierde. Ver a Rafa Nadal ganar una final de Grand Slam es una gozada, por muy poco que su triunfo influya para que nos suban el sueldo o nos reduzcan los impuestos. El millonario divorcio de Jeff Bezos no rebajará los precios de los artículos que vende Amazon, tampoco la separación de Bill y Melinda Gates hará que nos regalen las licencias de Microsoft; y el acierto de doña Letizia al elegir su tiara en la cena de gala durante su último viaje de Estado no impedirá que suba la luz. Pero esas informaciones se demandan. Y se leen.

En Informalia ofrecemos contenidos que van desde la crónica social a las tendencias de moda para este invierno; desde propuestas televisivas a las mejores ideas para regalar en Navidad, de las recomendaciones para prevenir un inoportuno resfriado a trucos de belleza para tener una piel perfecta.

Informalia se ha hecho en pocos años un hueco en el ámbito de la crónica social y es uno de los medios de visita obligada para quienes quieran estar a la última de los gossips. Grandes publicaciones especializadas siguen la estela de las exclusivas que adelanta el digital verde de elEconomista. Junto a contenidos como Televisión, Belleza, Moda o Estilo de Vida, las celebrities y sus andanzas constituyen la razón de ser del portal. Nuestras primicias se convierten después en portadas de semanarios, llenan páginas de revistas durante meses y son recogidas por otros digitales especializados y comentadas en televisiones y radios.

Hemos sido fieles al claim que acuñamos en el lanzamiento de Informalia, que funciona desde el verano de 2015, y que exageraba con humor, ambición y mucha osadía: "Lo sabemos todo". Puede que todo no, pero mucho sí. Es imposible glosar las decenas de miles de noticias difundidas en estos años. Algunas informaciones fue agradable darlas, como las bodas, los nuevos romances o los nacimientos, pero también hemos tenido que contar las muertes de tantos y tantas que nos dejaron, el duelo de quienes les despidieron o la tristeza que supuran los amores sepultados.

Por poner algún ejemplo, recordar que nuestros lectores fueron los primeros en enterarse de las visitas secretas de la infanta Cristina a su marido en la cárcel de Brieva, o del tormentoso divorcio de Ágatha Ruiz de la Prada, aunque también de las nuevas pasiones que luego vivieron cada uno por su lado la diseñadora y el padre de sus hijos. Fue Informalia el medio que descubrió la relación del magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz con la viuda del marqués de Griñón; o el que adelantó que se separaba Eugenia, la hija de Bertín Osborne, o que la Miss María José Suárez bebía los vientos por el jinete Álvaro Muñoz Escassi.

En las cerca de 50.000 noticias publicadas por Informalia, en media docena de años, nos hemos colado en palacios y fiestas, hemos fotografiado todas las bodas importantes, desde la de Meghan Markle y el príncipe Harry hasta la de Sergio Ramos y Pilar Rubio, o la de Marta Ortega con Carlos Torretta, o la de Rafa Nadal y Francisca Perelló. Y estuvimos en el palacio de Liria para ser los primeros en publicar las fotografías de los enlaces de los hijos del duque de Alba.

Seguimos a nuestros Reyes y su familia, por supuesto, pero también a los Windsor, y a otras casas reales del resto del mundo. Descubrimos el lado más familiar de la clase política o empresarial, sus gustos y aficiones cuando están en su funciones menos conocidas; igual que con modelos, actores, actrices, cantantes, toreros y deportistas. Tenemos la vista puesta no solo en España sino en el mundo entero, de Hollywood a Tokio, de Nueva York a Londres, de París o Milán a Venecia o Cannes; cubrimos los festivales de cine con más glamour, las pasarelas de moda más chic y nos saltamos todos los controles para mostrar la trastienda de lo que pasa en los templos y en los reservados de la información de sociedad en los que en ocasiones se toman decisiones y se producen encuentros y desencuentros que tal vez sí pueden afectarnos. No lo duden.

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