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Gestión de carteras: ¿un traje a medida?

La gestión delegada o discrecional de carteras es el nuevo 'must' en la oferta comercial de las entidades al ser uno de los servicios que mejor se adapta a Mifid II. Todas quieren que sus clientes les deleguen la composición de su cartera a cambio de un coste fijo al que se suma también otro variable. Analizamos los pros y contras de la nueva estrella del escaparate financiero.

Cuando se pregunta a las entidades financieras cuál es el servicio que más potenciarán este año, en un contexto en el que crece la complicación de obtener rentabilidades positivas y con Mifid II como nuevo marco regulatorio, la respuesta es unánime: gestión discrecional de carteras. Detrás de este pomposo nombre se incluye un servicio que lo que busca es que el cliente delegue en el banco o gestora todas las decisiones de inversión para que sea la entidad la que decida en qué fondos estar en función de cada contexto de mercado y de acuerdo a varios perfiles de riesgo. A cambio, el cliente pagará una comisión fija que está, según la información que han facilitado a elEconomista las grandes entidades, entre el 0,35 por ciento y el 1 por ciento del patrimonio, y una comisión variable ligada a los resultados obtenidos. Eso sí, no todos los inversores podrán acceder a este boyante servicio que solo en 2017 reportó a las gestoras 182 millones de euros en comisiones, un 54 por ciento más que en 2016, ya que todas las entidades establecen un mínimo de inversión que va desde los 15.000 euros que exige Bankinter a los 60.000 que piden entidades como Santander o CaixaBank, aunque esta última también ha lanzado un servicio low cost para patrimonios de apenas 1.000 euros bajo el nombre de Smart Money.

Pero, ¿a qué obedece este interés por la gestión discrecional de carteras? Una de las razones es, como explica Álvaro Soldevilla, director de gestión discrecional en Deutsche Bank, a que es "una solución más eficiente en un entorno en el que los requerimientos regulatorios respecto a otros servicios como el de asesoramiento se han incrementado y complicado significativamente". Este experto alude a la entrada en vigor de Mifid II, que prohíbe a las entidades seguir cobrando retrocesiones (comisiones que las gestoras ceden a sus distribuidores) en asesoramiento independiente y gestión de carteras y lo limita en el caso del asesoramiento no independiente y pura ejecución. Limitación que impacta negativamente en los ingresos de las entidades financieras que intentan compensar acudiendo a la gestión discrecional. No en vano, con ello consiguen, además, traspasar ingresos variables como los que recibían por la venta de fondos por otros más fijos y constantes ya que, al cobrar comisiones explícitas por un servicio "se consigue romper la ciclicidad en cuanto a ingresos de las entidades financieras independientemente del contexto de mercado", apunta José María Luna desde Profim Analistas Financieros. También les permite agilizar los procesos en la toma de decisiones en cada contexto de mercado ya que no necesitan la autorización de los inversores para cambiar las carteras, lo que da más agilidad al proceso de reasignación de activos en una cartera si cambian las circunstancias de mercado.

Para los inversores también hay ventajas. La primera es que contratar este servicio les da acceso a las clases más baratas de los fondos. La segunda es que se limita el impacto de las emociones en la toma de decisiones, lo que "permite una mejor disciplina en la compra y venta", según Luna. Y lo tercero es que acceden a un servicio casi a medida del perfil de cada inversor aunque con algún que otro paréntesis. "Es verdad que estos servicios dan más flexibilidad que los fondos de fondos pero tampoco es que sea un traje exclusivo para cada partícipe, más bien es como un traje con arreglos en los que eliges un patrón que luego modificas, no un traje a medida", afirma Juan Ramón Caridad, director del Máster FIA en BME.

¿En qué fijarse antes de comprar?

Precisamente, la composición de este "traje con arreglos" es una de las claves a analizar. Para empezar, raras son las ofertas para los patrimonios bajos que incluyen también acceso a fondos de gestoras que no sean las del propio banco. De hecho, la mayoría de los bancos segmenta ese acceso en función del patrimonio de cada cliente dejando la inclusión de fondos de terceros solo para aquellos inversores más pudientes. Además, según apunta Luna, hay que fijarse en que los fondos que se vayan a incluir en la cartera tengan una variable de clase limpia: "Hay que tener cuidado con lo que hay dentro, ya que si la gestión se hace con fondos del propio banco que no tienen clases limpias no se conseguirá un ahorro de costes".

Otra de las variables a analizar pasa por entender bien el coste, que siempre debe de ser explícito, ya que además de un gasto fijo de gestión muchas entidades incluyen una comisión variable en función de los resultados obtenidos que puede llegar a ser hasta del 10 por ciento. Eso sí, ningún coste es fijo ya que la mayoría de distribuidores ofrece a los clientes las posibilidad de elegir entre una comisión fija, una variable o una mixta.

Quien contrate este servicio debe saber también que esa factura tendrá que soportar un coste adicional ya que está sometido a un IVA del 21 por ciento.

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