Sólo faltó un puño sobre la mesa. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, mostró su disconformidad con el rescate de Chipre y cómo lo ha gestionado Bruselas, lo que provocó un giro vertiginoso a las bolsas. El líder de la institución monetaria advirtió que "fue poco inteligente" la primera propuesta de la Comisión Europea y quiso dejar claro que no será un modelo a aplicar en futuras ocasiones. Los depósitos europeos están a salvo, fue el mensaje de SuperMario posterior a la reunión del Consejo de Gobierno de la entidad.
De este modo, el BCE quiso levantar un muro entre la situación de los depósitos en Chipre y los del resto de los países de la zona euro, en un mensaje contundente hacia los líderes de la eurozona. Draghi se distanció de las medidas adoptadas por Bruselas al indicar que "sugirió un rescate sin bail-in a los depósitos", esto es, sin aplicar quitas a los ahorradores del país. Aprovechó la situación para matizar las palabras del presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, en las que proponía el rescate de Chipre como un modelo para otros países. Sus palabras fueron "malinterpretadas", advierte Draghi, que levanta así un cortafuegos para proteger a los depósitos de la eurozona.
Pero estos no fueron los únicos dardos envenenados lanzados desde Fráncfort hacia Bruselas. Draghi pidió un mayor esfuerzo a los líderes europeos para avanzar en la unión bancaria, principalmente en el objetivo de con el Mecanismo Único de Supervisión, con el que el Banco Central Europeo se convertirá en el principal actor para el control de las entidades financieras. "Creemos que esta medida es necesaria, pero los obstáculos políticos harán imprescindible una acción decisiva del BCE para lograrlo", explica Marie Diron, analista de Ernst & Young. En el objetivo de la institución se encuentra facilitar el acceso al crédito de las pymes y en unificar la fragmentación que existe entre los países. "Draghi considera que los retrasos en la integración financiera serían muy negativos", explica José Luis Martínez Campuzano, analista de Citi.
Sin cambios en los tipos
Tal y como se preveía, Draghi mantuvo los tipos de interés en el 0,75 por ciento y la facilidad de depósito sin remuneración (en el 0 por ciento), aunque en esta ocasión tampoco hubo unanimidad entre los miembros de la entidad, situación que deja la puerta abierta a nuevas medidas en las próximas reuniones. El BCE se compromete a valorar "de cerca" los nuevos datos económicos que surjan para adaptar su política monetaria, al tiempo que advirtió que mantendrá sus medidas "acomodaticias durante el tiempo que sea necesario". Este mensaje "insinúa cambios en los próximos meses", advierten desde Morgan Stanley. "Es posible una rebaja de tipos en las reuniones de mayo o junio", indica Campuzano, aunque entre las balas que tiene Draghi en la recámara también se encuentran las políticas no convencionales, como la ayuda para facilitar el acceso al crédito a las pymes.
Sin embargo, las palabras de Draghi fueron insuficientes para el mercado, que "se mostró defraudado por la falta de soporte del BCE", explica Juan Lirola, analista de Self Bank. Con este mensaje más tibio, la institución "pasa la pelota al tejado de los Gobiernos para que no relajen sus políticas de consolidación fiscal", advierte Campuzano. Además, las previsiones de que la economía de la eurozona comenzará a recuperarse a partir de la segunda mitad del año invitan a pensar en que el BCE podría optar por no tomar más medidas expansivas.