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El empresario ante el reto de la inversión sostenible

  • Tercera entrega de 'Los Análisis de la Sostenibilidad' de CFA Society Spain
  • Los empresarios ya son, por defecto, sostenibles...
  • ...ya que crean empleo y contribuyen al crecimiento económico
Imagen: Istock.

¿Son los empresarios sostenibles? ¿Cómo lograrlo? ¿Tiene resultados positivos? ¿Debemos exigirles serlo? Voy a intentar responder estas preguntas con la experiencia que me ha dado trabajar como asalariado dos años en una pyme, dieciocho en un banco global y cinco como emprendedor, es decir, empresario que ha creado una empresa y lucha día a día por su supervivencia. Visite el portal especializado elEconomista ESG.

Recordemos primero que el empresario es una persona que identifica una oportunidad de negocio y asume el riesgo de crear y gestionar una empresa para explotar dicha oportunidad.

Únicamente haciendo esto, la primera conclusión que saco es que, por defecto, un empresario ya es sostenible por el mero hecho de existir, ya que crea empleo, ofrece nuevos productos y servicios al resto de los ciudadanos y contribuye al crecimiento económico.

Sin embargo, ¿creamos los empresarios buen empleo, y nuestros productos son adecuados? En una economía liberal moderna, la respuesta sería que sí, necesariamente. Si no fuera así, los empleados se irían a otras empresas que les trataran mejor, tanto en términos económicos como de conciliación, y los consumidores optarían por otros productos o servicios que cubriesen mejor sus necesidades. Por tanto, si un empresario no fuera "sostenible", no sobreviviría ya que su empresa quebraría. Pero, ¿es eso suficiente? Qué es la NetZero AM Initiative: objetivos y compromisos.

Ahí es donde la nueva tendencia sostenible da una vuelta de tuerca a la inversión tradicional, incluyendo la sostenibilidad como enfoque de inversión que considera no solo los rendimientos financieros, sino también los impactos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) de las inversiones, buscando generar beneficios a largo plazo tanto para los inversores como para la sociedad en su conjunto y el medio ambiente.

"Hay grandes compañías que han priorizado tanto el componente ESG que se han olvidado del económico, resultando en una ola anti-sostenibilidad"

Esta visión, en mi opinión, y como ocurre con casi todo, no es nueva y recoge para el mundo empresarial una de las corrientes filosóficas que más me gustan, como es el estoicismo. Ya decía Séneca allá por el siglo I d.C., que la virtud es el único bien verdadero y debe ser el objetivo principal de la vida, la cual está llena de eventos fuera de nuestro control que debemos aprender a gestionar con cualidades como la sabiduría, la justicia, el coraje y la moderación. Asimismo, Séneca sostenía que los seres humanos deben vivir de acuerdo con su naturaleza racional y social, lo cual implica actuar de manera lógica y ética, y contribuir al bienestar de la comunidad.

Dejando esta reflexión y volviendo al siglo XXI, para lograr ser sostenible, el empresario debe incorporar en su negocio criterios de responsabilidad, visión a largo plazo, innovación, adaptación, transparencia y ética. Y, a su vez, establecer acciones reales como la integración de los criterios ESG en la toma de decisiones, concienciar y capacitar a los empleados, clientes y proveedores, llevar a cabo alianzas con organizaciones y empresas que fomenten la implementación de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU y tener sistemas de medición y reporte de los resultados obtenidos.

Estoy convencido de que, al adoptar esta actitud responsable y proactiva, implementando acciones concretas, los empresarios no solo contribuirán a un futuro más sostenible, sino que también podrán obtener beneficios económicos duraderos y fortalecer su reputación personal y la de su empresa.

Por tanto, no sólo conseguirán beneficios económicos, sino que llegarán a su vez a lo más alto de la pirámide de Maslow en términos de autorrealización. ¿Qué más se puede pedir?

Pero sin volvernos locos. Por un lado, hay grandes compañías que han priorizado tanto el componente social y medioambiental que se han olvidado del económico, resultando en una ola anti-sostenibilidad por parte de determinados inversores decepcionados con los resultados obtenidos.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que en España el 99% de los empresarios son dueños de pymes, que representan el 66% del empleo empresarial total, y que el objetivo básico y prioritario de la mayor parte de ellos es la supervivencia diaria, asumiendo una carga administrativa, legal, fiscal y laboral espectacular para su tamaño y beneficios, si los tienen. Lo último que necesitan es una carga adicional para cumplir con una nueva legislación sostenible y nuevas multas si no la cumplen.

Es por ello que, para las empresas, estas medidas sostenibles adicionales, deberían plantearse como una opcionalidad deseable, con incentivos en positivo y con apoyo de todos, reduciendo por ejemplo la carga impositiva si se cumplen determinados objetivos o que los clientes estén dispuestos a pagar más por recibir productos o servicios sostenibles.

Como conclusión y respondiendo a las preguntas iniciales, diría que los empresarios son intrínsecamente sostenibles, pero que, si adoptan objetivos y medidas adicionales buscando un futuro social y medioambiental mejor para todos, su reputación y beneficios futuros se verán recompensados. Sin embargo, estos objetivos virtuosos deberían ser opcionales y deseables, con el apoyo de todos en la sociedad, a la vez que valientes pero razonables para que sean sostenibles en el tiempo. Ya nos lo decía Miguel de Cervantes por boca de nuestro querido y admirado Don Quijote: "La virtud, Sancho, es una cosa y la valentía otra; la virtud, si bien se mira, es hija de la prudencia, y la valentía, hija del temerario atrevimiento."

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