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Wall Street desconfía ya en un sprint de Trump aupado por una recuperación en V

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A menos de cuatro meses de la cita con las urnas, los oráculos electorales en Estados Unidos, bien en forma de sondeos o enrevesadas simulaciones, continúan ampliando la sombra que el candidato demócrata Joe Biden proyecta sobre el actual presidente del país, Donald Trump.

Los 3,5 millones de infecciones por Covid-19 y una economía desbaratada por los efectos de la pandemia se han convertido en un lastre que hunden las opciones de reelección del mandatario y posiciona a la oposición para no solo alcanzar el Despacho Oval sino confirmar una hegemonía en ambas Cámaras del Capitolio.

Según Mark Zandi, economista jefe de Moody´s Analytics, la pandemia le podría haber costado ya a Trump más de 100 votos en el Colegio Electoral, donde se requieren al menos 270 para confirmar una victoria. "En Pensilvania, Michigan y Wisconsin, el brote ha hecho que el presidente pierda más de 800.000 votos, lo que equivale al 4% de los votantes registrados en estos tres estados clave", señala en sus últimas proyecciones.

Tradicionalmente, los modelos de análisis político han centrado su atención en dos factores, como es la aprobación del vigente comandante en jefe y las cifras económicas del segundo trimestre como brújula para determinar el favor de los votantes de cara al mes de noviembre.

En estos momentos, la aprobación del trabajo realizado por Trump alcanzaba solo un 36% en el último sondeo realizado por la Universidad de Quinnipiac mientras la coyuntura económica continúa sin perfilar que la recuperación experimentada desde junio es lo suficientemente sólida. Las interrogantes afloran al intentar deducir si un repunte sostenido será suficiente para mantener abiertas las opciones del republicano para la reelección.

La situación permea ya entre las mesas de inversión. El precio del mercado actualmente implica que los demócratas controlarán la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes. Las probabilidades actuales equivalen al 62%, 61% y 85%, respectivamente, en comparación con el 43%, 30% y 61% registrado a finales de febrero, según los datos cotejados por Goldman Sachs.

"El nivel y la valoración actuales del S&P 500 sugieren que los inversores se sienten cómodos con el resultado reflejado actualmente en las encuestas. Sin embargo, los inversores exhiben puntos de vista mixtos dentro del mercado", señala David Kostin, estratega jefe del banco, al apuntar que los valores sensibles a un posible aumento el impuesto de sociedades no han reflejado todavía las probabilidades de una barrida demócrata.

Esta semana hemos conocido cómo las ventas minoristas repuntaron en junio llevando el balance interanual de nuevo a terreno positivo y tan solo a un 0,6% de los niveles registrados antes de la pandemia. La actividad en el sector manufacturero y de servicios también regresó a la senda del crecimiento. El mercado laboral ha comenzado su proceso de cura pero todavía alrededor de 17,3 millones de estadounidenses están en el paro.

"Si la economía mejora y aunque su gestión haya sido cuestionable, quizás la naturaleza polarizada de la política estadounidense sugiere que los republicanos todavía tienen una oportunidad decente si Trump puede reunir a su base con el mismos mensajes populistas que le sirvieron bien en 2016", reconoce Oliver Allen, economista de Capital Economics.

No obstante, si echamos la vista atrás, en 1992, la tasa de desempleo tocó techo en junio para comenzar posteriormente su descenso gradual. En octubre de ese mismo año se registró un informe laboral espectacular mientras la cantidad de desempleados disminuyó en casi 400.000. Aún así, George H. W. Bush perdió su revalida a favor del demócrata Bill Clinton. De esta forma, Bush se sumó a William Howard Taft, Herbert Clark Hoover y Jim Carter cómo los presidentes que no lograron la reelección al cargo.

Las miras viran ahora al comportamiento de la bolsa en los próximos meses. Desde la Segunda Guerra Mundial siempre que el S&P 500 ha experimentado una caída en su precio entre el 31 de julio hasta el 31 de octubre durante un año electoral, el titular o el partido en la Casa Blanca perdió las elecciones en un 88% de las ocasiones. La única excepción tuvo lugar en 1956 cuando Adlai Stevenson no logró derrotar a Dwight Eisenhower.

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