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¿Es la auditoría una profesión de futuro?

  • El autor reflexiona sobre el papel de los profesionales en el tráfico económico actual
Imagen: archivo

Naturalmente lo es. Las interacciones económicas en nuestra sociedad son cada vez más significativas, y todos los actores exigen confianza en las informaciones económicas que los agentes facilitan. La discusión respecto de la auditoría no se plantea tanto en cuanto a cuestionar su existencia, sino más bien en la necesidad de mejorar el cumplimiento de las expectativas y exigencias que la sociedad deposita en ella. Sin duda es preciso seguir aumentando la calidad del trabajo de los auditores tanto para asegurar la fluidez de las transacciones económicas, como para facilitar las decisiones económicas adecuadas, por parte de todos los agentes económicos.

La función auditoría es la de asegurar que alguien, objetivo, independiente y profesionalmente preparado, ofrezca una seguridad razonable respecto de que las informaciones preparadas por los agentes económicos (sean empresas o entidades públicas) reflejan efectivamente la situación económica y los resultados que esos agentes divulgan.

En este sentido los auditores cubren una función social de la máxima importancia. Sin información fiable, no hay desarrollo posible. Así no es extraño que los países con un mayor nivel económico tengan un mayor desarrollo de la auditoría, y que sea una condición esencial para que un país salga de la pobreza, el combatir la corrupción y potenciar la transparencia. Sin confianza en la información financiera no hay estabilidad ni crecimiento.

Los auditores, en consonancia con esta función social, constituyen una profesional altamente regulada. Pero además, los auditores, sus firmas y las corporaciones profesionales que los agrupan, ponen todo su empeño en desarrollar su actividad con la máxima profesionalidad. IFAC (International Federation of Accountants), la organización internacional que los representa, desarrolla estándares que facilitan criterios comunes e internacionalmente aceptados, y mantiene un Código de Ética de obligatoria observancia, que incluye, como fundamentos básicos, la integridad, la objetividad, la competencia profesional, la confidencialidad y el comportamiento profesional.

Se trata pues de ofrecer a la sociedad confianza. Una función importantísima hoy en día, especialmente por las implicaciones sociales de las actuaciones de los agentes económicos. Tanto se trate de empresas, de entidades no lucrativas o del sector público, el impacto sobre los ciudadanos es extraordinario. Y la información relativa a su situación financiera y sus resultados, es de interés público. La normativa contable es extraordinariamente compleja, reflejo de las sofisticadas operaciones económicas que se realizan, y en consecuencia todos los países reconocen la importancia de que profesionales independientes, objetivos y suficientemente preparados, interpreten, revisen y opinen sobre las cuentas de las empresas.

La sensibilidad de la sociedad en relación a la transparencia informativa, es, afortunadamente creciente. Los ciudadanos exigen tanto a las empresas como a las ONG y a las administraciones públicas, información sobre su gestión y no sólo información financiera. Los auditores seguirán jugando un papel relevante. Iniciativas como el Integrating Reporting, desarrollada para facilitar información financiera y no financiera veraz y relevante, forman parte de la agenda de las organizaciones de los auditores, tanto nacionales como internacionales, para dar respuesta a esa demanda social.

Estamos pues ante una profesión de futuro. Una profesión que necesita jóvenes que quieran contribuir a un sociedad ética y transparente. Capaces de afrontar problemas complejos, y en base a su formación especializada, defender con objetividad y profesionalidad su opinión sobre las cuentas que preparan los agentes económicos. Porque su función es dar confianza a terceros de que las cuentas auditadas presentan, razonablemente la imagen fiel de la situación financiera y los resultados.

Gracias a esa información, todos, directivos, accionistas, acreedores, empleados, clientes, proveedores, en definitiva todos los que puedan tener un interés en la organización auditadas, podrán tomar sus decisiones sobre la base de una información más fiable que si nadie la hubiera revisando.

Se trata de una profesión en actualización permanente. Una profesional altamente regulada, como es natural dada la importancia social que presenta. Los jóvenes profesionales tendrán un largo recorrido de estudio y practica hasta llegar a ser habilitados como auditores. Y luego tendrán que seguir formándose permanentemente y adaptándose a los nuevas normativas y entornos empresariales. Con cambios tecnológicos constantes que tendrán que comprender, utilizar para contribuir a una información más fiable. Pero trabajarán en una profesión fascinante, confirmando o corrigiendo la información financiera o no financiera tan importante para la toma de decisiones. Contribuyendo así, a una sociedad más transparente y confiable.

Antoni Gómez es vicepresidente de Auren y miembro del SMP de IFAC.

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