Inversión sostenible y ESG

Inversión de impacto: la tercera dimensión

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Invertir para obtener un rendimiento financiero adecuado y hacer del mundo un lugar mejor: durante mucho tiempo, estos dos objetivos se consideraron incompatibles en el sector financiero. Después de todo, invertir por una buena causa se asignó al área de la filantropía o el mecenazgo, donde la intención de obtener beneficios no juega ningún papel o al menos un papel secundario. Pero la contradicción entre una buena causa y una rentabilidad adecuada sólo existe en apariencia: las inversiones de impacto la eliminan. Lo que todavía era un pequeño nicho hace unos años se está convirtiendo en un verdadero segmento de inversión.

Veamos algunas cifras: según los datos de las Naciones Unidas, los criterios ASG (es decir, factores ambientales, sociales o de gobierno corporativo) se aplican ahora a más de un tercio de todos los activos bajo gestión en todo el mundo. Por lo tanto, es justo decir que la consideración de la sostenibilidad, en cualquier forma, es ahora una práctica estándar en la inversión. Y esto es cierto no solo con respecto a los mercados públicos como la renta variable y los bonos negociables en bolsa, sino también, y cada vez más, en los mercados privados, es decir, las inversiones alternativas no líquidas como las infraestructuras, el capital privado y la deuda privada.

Las inversiones de impacto, aquellas que, además de un rendimiento financiero, también tienen un impacto positivo previsto y medible en el medio ambiente o la sociedad, hoy solo representan alrededor del 0,5 por ciento de los activos globales bajo gestión. Pero esta área está creciendo a un ritmo impresionante: según los cálculos de GP Bullhound, el volumen de inversiones orientadas al impacto aumentó en un promedio del 77 por ciento anual en cada uno de los años de 2017 a 2019. Las inversiones ASG, en cambio, "sólo" crecieron en un promedio del 13 por ciento anual en el mismo período.

Las inversiones de impacto están ganando un impulso considerable y hay indicios de que se pueden mantener a un ritmo elevado. En lugar de dejar el tema de la sostenibilidad en un segundo plano, la crisis del Covid-19 ha aumentado el interés en él. La cooperación internacional para contener la pandemia a menudo se considera una prueba de fuego para la capacidad de la comunidad internacional para responder al desafío global del siglo XXI: el cambio climático. Además, la crisis del Coronavirus ha puesto de relieve los aspectos sociales. Esto se puede ver en las intensas discusiones públicas sobre el propósito de las empresas y en palabras clave como inclusión social y "transición justa", es decir, la consideración de las cuestiones sociales en el cambio estructural hacia la neutralidad climática.

Ahora bien, ¿cuáles son los resultados positivos que buscan lograr las inversiones de impacto? Sobre esta cuestión, ha surgido el consenso de que las inversiones de impacto deben contribuir a al menos a uno, idealmente varios, de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con los que se comprometió la ONU en 2015 con miras a 2030. Estos objetivos cubren un amplio espectro: desde la lucha contra la pobreza y la seguridad alimentaria, la salud y la educación a través de la igualdad de género y el suministro sostenible del agua y la energía hasta la lucha contra el cambio climático y la promoción de la paz mundial. Según la ONU, se necesita, de promedio, un capital anual de 2,5 billones de dólares para financiar los ODS para 2030. Es imposible que solo el sector público asuma este volumen: la participación del sector privado es indispensable.

Ahora es posible invertir en los ODS dividiéndolos en 196 metas específicas y 232 indicadores. Esta arquitectura permite configurar fondos de impacto, los cuales, según la definición de la Global Impact Investing Network GIIN, deben cumplir con varios requisitos. Primero, intencionalidad: debe haber una intención dedicada a lograr un impacto claramente definido. En segundo lugar, la causalidad: el impacto pretendido debe estar relacionado causalmente con la inversión. En tercer lugar, la mensurabilidad: si se logra el impacto deseado y en qué medida, debe medirse mediante indicadores clave de rendimiento (KPIs) claramente definidos. Y, en cuarto lugar, informar: el impacto debe informarse de forma regular y transparente.

En vista de los dos últimos requisitos, la mensurabilidad y la información, la estandarización y la validación son cada vez más importantes. La buena noticia es que, al igual que en los mercados cotizados, cada vez hay más iniciativas e instituciones privadas que están desarrollando requisitos mínimos, mejores prácticas y procesos de auditoría para las inversiones de impacto. Por nombrar solo algunos, además del GIIN, el Operating Principles for Impact Management y el Impact Management Project. La industria en su conjunto se beneficia de dicha estandarización porque reduce el riesgo de "impact washing", es decir, el riesgo de una clasificación abusiva y engañosa como inversión de impacto. Además, esto es útil para los proveedores, ya que probablemente, en el futuro, cada vez más inversores exijan la validación de un organismo externo del impacto previsto.

En resumen, se puede afirmar que, aunque las inversiones de impacto actualmente solo juegan un papel menor en la inversión, esto está cambiando a pasos agigantados. En este segmento, una inmensa demanda global de capital se está encontrando con una creciente disposición de inversores que no solo quieren generar rendimientos adecuados, sino que también quieren hacer el bien. Esto está sucediendo en un momento en el que cada vez más actores reconocen la necesidad de asumir la responsabilidad de la sociedad en su conjunto, además de perseguir sus propios intereses y el los de los accionistas.

Por lo tanto, es probable que las consideraciones de impacto se integren cada vez más en cualquier actividad de inversión. Aún más, pueden cambiar la forma en que se realizan las inversiones en el futuro. La visión tradicional de las inversiones es predominantemente bidimensional, a través de una ponderación de las consideraciones de rentabilidad y riesgo. Si bien la introducción de criterios ASG tiene un efecto predominante en el lado del riesgo, el establecimiento de criterios de impacto significa una ampliación real del espectro. Con el transcurso del tiempo, se puede suponer que las consideraciones de impacto se integrarán como una tercera dimensión en cada decisión de inversión, ampliando la consideración de riesgo-retorno al riesgo, el rendimiento y el impacto.

Matt Christensen es director global de Sostenibilidad e Inversión de Impacto de Allianz GI.

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